Bagashopping: comerciantes amenazan con prender fuego puestos de venta

Tensa calma en Salto a la espera de anunciados operativos de aduaneros

La calma era tensa, había pocas mercaderías en los puestos de venta, pero se denotaba un alerta general en el ámbito bagayeril, ya que los involucrados en esta modalidad habían amenazado con prender ellos mismos fuego sus puestos si se producía un procedimiento similar al encabezado el 3 de enero por el doctor Víctor Lissidini, director nacional de Aduanas.

A pesar de la inercia con que trascendió la jornada se percibía una tensión en el ambiente; a la presión atmosférica y a la torridez del día se la agregaba un desasosiego generalizado entre los vendedores ambulantes.

Ni en horas de la mañana ni por la tarde se avistó en las inmediaciones del gran emporio del contrabando la presencia policial o aduanera.

Pero todos estaban atentos a cualquier novedad que pudiera producirse. Los puestos del bagashopping estaban abiertos en un 60 por ciento, pero con escasas mercaderías en tanto que alrededor de un centenar de informales decidieron no asistir, a la espera de que se clarifique la situación.

En el mismo «bagashopping», hubo vendedores informales que confiaron a LA REPUBLICA que de producirse otro procedimiento similar al del 3 de enero, ellos mismos estarían decididos a «quemar los puestos» en señal de protesta y que todos tenían bidones o botellas para incendiar sus habitáculos de madera como medida de protesta. «Las maderas y chapas con que están hechos nuestros puestos las podemos reponer, pero es necesario que haya una toma de conciencia de las autoridades de que nosotros no somos el verdadero problema; el problema está en otro lado», dijeron a este corresponsal.

Por otra parte, desde fuentes aduaneras se indicó a LA REPUBLICA que la idea de Pablo de Sicco, quien tendría a su cargo la represión del contrabando en el litoral, no es dar golpes espectaculares, sino ir haciendo un «trabajo de hormiga» que mine la estructura bien montada de algunos «capitalistas», o «mayoristas», del «bagayo». Se tomarían, dijeron las fuentes, tres principales vías de acción para reprimir el gran contrabando: una sería la inspección de los resguardos y de los funcionarios en forma sorpresiva para neutralizar los rumoreados cohechos de los aduaneros; una segunda consistiría en seguir intentando localizar los sitios de acopiamientos del contrabando, tanto los fijos como los fluctuantes, y por último, con la colaboración de la Prefectura y la Policía, tronchar las vías fluviales y terrestres de acceso del bagayo.

Lo que, al parecer, según dijeron los informantes, no se encararía, por el momento golpes visibles a los vendedores informales, sino que se encararían otras alternativas. *

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