El embajador generó tensión con los guaraníes y Batlle terminó aceptándole la renuncia

Mario Cantón dejó la embajada uruguaya en Paraguay en medio de un escándalo

A pesar de su edad, Cantón resistió en la embajada la decisión del gobierno uruguayo que le ordenó abandonar el cargo. Finalmente se llegó a una solución salomónica y el Poder Ejecutivo le «aceptó la renuncia». Cantón volvió a Uruguay y nadie le reclama nada, en torno a un escándalo que ocupó titulares de la prensa paraguaya, por el uso de los fondos recaudados para la escuela uruguaya en el solar de Artigas.

La escuela del Prócer

Al sitio donde José Artigas vivió sus últimos años, los paraguayos le tienen particular respeto. Allí incluso funciona una escuela primaria cuya única diferencia respecto de las demás en Paraguay es que depende administrativamente de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), , es decir, del Estado uruguayo.

El centro docente se encontraba para finales de 2001 con una necesidad prioritaria: un comedor escolar.

El embajador Cantón y su esposa realizaron una colecta solicitando a empresas paraguayas y uruguayas colaboraciones en efectivo para dicha construcción. Los aportes fueron sustanciosos y variados. Incluso centenares de uruguayos residentes aportaron y colaboraron con la iniciativa, así como espontáneamente el propio pueblo paraguayo hizo donaciones. La suma alcanzada fue importante: más de 83.000 dólares. Todas las consultas en los ámbitos pertinentes de Paraguay coinciden en una cosa: el precio de la construcción en ese país es sensiblemente inferior al de Uruguay; con 83.000 dólares se puede erigir una casa de lujo.

Sin embargo, cuando el comedor estaba terminado, los resultados dejaban bastante que desear. La construcción era tan deficiente que el comedor nunca pudo empezar a funcionar como tal: las fallas edilicias eran de riesgo y las grietas en las paredes «permiten que pase una mano de lado a lado de la pared», afirmaba la prensa guaraní. La indignación se extendió entre quienes habían aportado, en tanto se estimaba que con la tercera parte de lo recaudado era posible hacer un comedor más que adecuado.

La situación estalló cuando una de las donaciones para la escuela, un cheque por mil dólares, fue cobrado por una joyería de Asunción. Al ser consultado, el joyero alegó que el cheque le había sido entregado por una señora «de la embajada que renovó su atuendo».

El hecho consta expresamente en la investigación administrativa que debió abrir la Cancillería uruguaya ante las crecientes voces provenientes de Asunción.

Sin embargo, el embajador y su esposa, Nelly Mello, jamás rindieron cuentas de la colecta al Ministerio de Relaciones Exteriores, pese al carácter oficial que su respaldo había otorgado a la misma. Más aún, no hubo licitación alguna para construir el comedor: solamente Cantón y su esposa saben cuánto se pagó por la obra.

Investigación

A mediados de 2002, la embajada de Paraguay en Montevideo entregó a la Dirección de Protocolo uruguaya un exhorto de la Justicia Civil de ese país, con una demanda contra el embajador Cantón por destrato y falta de pago. La investigación consecuente arrojó gastos de la embajada que incluían desde el plato para el perro de la legación diplomática hasta cuatro heladeras para una residencia donde vivían dos personas.

Ante el cúmulo de irregularidades administrativas, debía pasarse al sumario, lo que implica separación del cargo y suspensión de haberes, en tanto el embajador es un funcionario público más.

Ello era sin embargo embarazoso para el doctor Batlle, ya que la separación no condecía con virtudes descritas por el presidente en las cartas credenciales de Cantón a su «grande y buen amigo» el presidente González Macchi.

Experiente político del Partido Colorado, el embajador Cantón anunció su renuncia para el 30 de setiembre. La fecha le permitía cobrar días antes la partida trimestral de adelanto (sólo en concepto de sueldo cobra 7.000 dólares). Esto alivió la presión en el gobierno, que «atemperó» la investigación, a la espera del regreso del renunciante. Al saber que no habría sumario, Cantón anunció que dejaba sin efecto su decisión: permanecería en el cargo y seguiría cobrando.

Pero los guaraníes no tragaron el anzuelo: cuando se realiza la ceremonia oficial de traslado de la estatua de Artigas, el embajador no es invitado. La gestión iniciada por sus predecesores en la embajada es asumida por Cantón como un logro personal.

El punto ¿final?

Al haber aceptado Batlle y Opertti la «renuncia» de Cantón, las investigaciones sobre su gestión han quedado en suspenso. También el sumario eventual, ya que como es un cargo político y no de escalafón diplomático, Cantón ha dejado de ser funcionario público.

Salvo que se comprobara en estos días que hubo faltantes de dinero o falsificación de recibos –lo que podría aparecer si hubiera sumario–, el tema quedará en la nada, en tanto no habrá pase a la Justicia Penal.

El retorno de Cantón previsto para los próximos días, técnicamente una «adscripción» en tanto es renunciante, le significará al político, además del «agradecimiento por los servicios prestados» del gobierno, el pago de la mudanza, así como las más importantes exoneraciones impositivas y otros beneficios previstos para los diplomáticos de carrera.

La hora del té

Como corolario, un incidente casi habitual en la Dirección Nacional de Aduanas aporta a este caso.

Como es lógico, las embajadas uruguayas en el exterior envían sus documentos y objetos de uso oficial en la llamada «valija diplomática». La rutina es que las valijas diplomáticas, debidamente rotuladas con sellos oficiales, hagan el recorrido de la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores a las embajadas en el exterior, y viceversa, por vía aérea. No hay razón, en tiempos normales, para cambiarles el recorrido ni la vía.

Es lógico entonces que llamara poderosamente la atención de los funcionarios de Aduanas un extraño envío que se repetía periódicamente, de cajas o valijas con sellos diplomáticos, destinado a un particular en Montevideo. El mismo era enviado desde Asunción del Paraguay, en el ómnibus de COIT.

Los sabuesos de Lissidini investigaron. En la Cancillería nadie sabía nada. Finalmente apareció otra caja, con iguales sellos oficiales, en este caso con una advertencia extra: el rótulo de «Frágil».

Una vez abierta la caja de un metro por cincuenta centímetros, hallaron un curioso envío «diplomático»: el juego de té de porcelana más suntuoso que habían visto en sus vidas. El destinatario: un hijo de la esposa de Cantón.

Diplomacia de carrera

Con la venia otorgada ya por el Senado de la República, la semana entrante seguramente el Poder Ejecutivo avale con su firma la designación del nuevo jefe de la legación uruguaya en Paraguay. El embajador de carrera Carlos Orlando ocupará el cargo en la todavía difícil coyuntura de relacionamiento. El embajador Orlando no es novato en estas lides. Debió actuar a fines de la pasada década al frente del Consulado General del país en Nueva York. Sustituía a otro cónsul que había «dejado el tendal», estafando a los uruguayos allí residentes con los fondos recogidos para erigir una estatua de Artigas en esa ciudad norteamericana. En los últimos años, Orlando desarrolló desde Montevideo el programa Vinculación mediante el cual nuestro gobierno busca contactar a uruguayos de alta calificación residentes en el extranjero a fin de que colaboren con nuestro país. *

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