"Hay que conciliar con los mercados para resolver los problemas de la gente"
El legislador expresó que el presente año será clave para «comprobar si los mercados financieros internacionales se adaptan a las reformas que deben hacerse para atender las necesidades de crecimiento con justicia social o si, por el contrario, las traban».
En tal sentido, añadió –en entrevista con LA REPUBLICA— que la experiencia del gobierno de Brasil será fundamental para el resto de los países latinoamericanos que están sufriendo las consecuencias de «la forma como funciona el mercado financiero internacional».
–¿Qué aspectos pueden resaltarse del discurso que pronunció Luiz Inácio Lula da Silva el pasado miércoles, durante la asunción a la presidencia de la República del Brasil?
–Lo más destacable fue la euforia, la alegría y la esperanza que genera un nuevo gobierno popular en América Latina. La cantidad de gente, el entusiasmo.
La única vez que vi algo similar fue el 1º de enero de 1960 en La Habana, capital de Cuba. En aquel momento me impactó mucho sobre todo la seguridad, la esperanza y la expectativa que tenía la gente.
La cantidad de gente que participó de la asunción de Lula, que se realizó en Brasilia, donde acudió gente de todas partes, se asemeja a la llegada del Papa, quien consigue una convocatoria de tal magnitud. Este es un primer elemento, porque el pueblo sentía realmente que había llegado al gobierno.
Creo que la frase símbolo en el discurso de Lula es: «La felicidad venció al miedo».
En segundo lugar, llamaba la atención la cercanía con que Lula se movía con su gente, arriesgando su propia seguridad, o las distintas formas en que se rompía el protocolo.
En un momento determinado me encontraba a pocos metros de Lula y del presidente saliente, Fernando Henrique Cardoso, y sin darme cuenta estaba al lado de los ministros que iban a saludar al nuevo presidente. Tabaré Vázquez me dijo en broma que apostó a que yo en ese momento también iría a saludar a Lula. La característica era que se rompían los elementos de seguridad y, por supuesto, no pasó nada porque todo era alegría.
El discurso fue básicamente sobre la gente y sus problemas.
–Lula hace una referencia muy fuerte al problema del hambre.
–Hay dos objetivos centrales: erradicar el hambre y resolver el problema del desempleo. El llega decir que se siente cumplido si consigue dar tres comidas por día a toda la población brasileña.
Por otro lado, anuncia las reformas que se requieren para conseguir esos objetivos. En tal sentido, habla de una reforma agraria pacífica, organizada y planificada.
También se refiere a una reforma tributaria de la cual hace décadas que se habla en Brasil y nunca se concreta. También de reformar el sistema de previsión social, laboral y político como elementos básicos para erradicar el hambre y conseguir empleo.
La característica importante es que el crecimiento es sustancial, pero tiene que ser con empleo y con redistribución del ingreso. Es decir, lo que decimos siempre: crecimiento con equidad y justicia social. Allí es donde aparece la necesidad de encontrar caminos para lograr esto, y le da una gran importancia al pacto social que permita viabilizar el conjunto de estas reformas.
–¿Cómo puede interpretarse la referencia que hace Lula a que su gobierno procurará entablar una relación «madura» con los Estados Unidos de Norteamérica?
En cuanto a los aspectos de política internacional, la integración de América del Sur, por la vía del Mercosur, es muy importante, así como el respeto mutuo como socios maduros de Estados Unidos.
Lula habla de una relación de socios maduros con intereses recíprocos y respeto mutuo. Es decir, está defendiendo sus intereses exactamente como siempre lo ha hecho Estados Unidos.
Los socios maduros, si son maduros, tienen que tener la capacidad de negociación para atender los intereses recíprocos, los del mundo desarrollado y los de la periferia.
–También hizo una fuerte apuesta a combatir la corrupción. Aunque quizá pueda decirse que por lo general todos los gobernantes hacen referencia a combatir esas situaciones irregulares.
–Sí, pero mucho más en el caso de los gobiernos de izquierda. Es como imprescindible que exista la transparencia necesaria, porque la corrupción es una de las situaciones que traen mayor descreimiento en los políticos, en los partidos y en el sistema político.
Sin partidos políticos fuertes no hay democracia. Entonces la corrupción es un elemento antidemocrático que debe enfrentarse de raíz o termina afectando a la propia democracia.
–¿Cuáles podrían ser las consecuencias para los países latinoamericanos de un gobierno de las características del de Lula?
—Una de las cosas más importantes que surgen de esto es el gran desafío que tiene el gobierno brasileño, pero que también es un desafío para la forma de actuación de los mercados financieros internacionales.
Brasil define que quiere resolver como primera prioridad la erradicación del hambre y la generación de empleo. A la vez, define un gabinete amable hacia el mercado.
Los nombramientos de Henrique Meirelles como presidente del Banco Central; de Luiz Fernando Furlan como ministro de Desarrollo, Industria y Comercio; de Roberto Rodrigues al frente de Agricultura, y del propio Antonio Palocci en Hacienda tratan de ser indicadores de amabilidad con el mercado.
Pero lo que estamos viviendo en las últimas dos décadas en América Latina es una fuerza e influencia del mercado financiero internacional, que está en el centro de las dificultades de crecimiento, de la agudización del desempleo y la pobreza y de la profundización de las desigualdades sociales.
El tema clave es cómo compatibilizar la política para erradicar el hambre y generar empleo, y la característica de funcionamiento de los mercados financieros internacionales.
El año 2003 será clave para ver si los mercados financieros internacionales se adaptan a las reformas que deben hacerse para atender las necesidades de crecimiento con justicia social o si, por el contrario, las traban.
Será un año fundamental no sólo para Brasil, sino para América Latina y el mundo internacional, porque no se puede seguir viviendo en un mundo con protección y subsidio en el mundo desarrollado y con una liberalización del mercado de capitales que genera volatilidad y vulnerabilidad en el mundo latinoamericano.
La estrategia del gobierno de Brasil es conciliar con los mercados y tratar de resolver los grandes problemas sociales, como la pobreza, el hambre y generar empleo.
–¿Esa misma estrategia es la que aplicaría la izquierda en nuestro país si accede al gobierno?
–Sí. Es un elemento central que la experiencia del gobierno de Brasil será fundamental para el resto de los países latinoamericanos que están sufriendo las consecuencias de la forma como funciona el mercado financiero internacional. Por tanto, es una experiencia vital. No descarto que si la capacidad de conducción en 2003, si la capacidad de los agentes financieros internacionales no se vuelve compatible con los objetivos sociales fundamentales del proceso brasileño, de pronto la estrategia puede tener modificaciones. Pero la esperanza es de los pueblos latinoamericanos.
El gobierno de Lula no parece tener opositores políticos ni sociales. No tiene mayoría en el Parlamento, pero eso no parece una traba. No tiene mayoría entre los gobernadores y está planteando un pacto social. En cambio, la gente está esperando lo que pasará con los mercados financieros internacionales, como que si la oposición fuera de los mercados financieros.
–Â
¿Ese puede ser el futuro de la política, que la oposición sean los mercados financieros, por lo menos en América Latina?
–La experiencia de Brasil lo dirá. Pero el funcionamiento de los mercados financieros internacionales han sido clave para entender los fracasos de los países latinoamericanos, ahora en los fracasos de estos países están los modelos y las políticas que llevaron cada uno de sus gobiernos. *
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