Convocó a "globalizar la solidaridad" y terminar con la "corrupción y el ventajismo"

Obispo Rodolfo Wirz reclamó al gobierno restituir depósitos bancarios retenidos

Wirz en el extenso mensaje difundido ayer analizó la crisis social, la pobreza, la emigración, la crisis bancaria, la corrupción, el vaciamiento del campo y –por supuesto– el debate sobre la despenalización del aborto.

El obispo llamó a «globalizar la solidaridad» y a ir «superando la desesperanza, omisión, corrupción, ventajismo, restituyendo los depósitos bancarios retenidos y reparando injusticias, agilizando trámites en las oficinas, haciendo competente y eficaz nuestra gestión y servicio, por más humilde que sea, globalizando la solidaridad. Debemos acortar las distancias entre sueldos privilegiados y jornales que apenas alcanzan para sobrevivir».

En cuanto al aborto, Wirz afirma que es un ejemplo de que los males que aquejan a nuestra sociedad «nos pasan por el desorden ético y moral». Sostiene que «ninguna solución a una problemática tan compleja puede sacrificar a un inocente. Hablando claro: se debate si se acepta la pena de muerte de un ser humano que además es inocente. Por el contrario, se debe salvar a la madre y al ser concebido».

La carta de Wirz

A continuación LA REPUBLICA reproduce los pasajes esenciales de la carta de Wirz. He aquí su texto:

«Tuve la oportunidad de conocer de primera mano situaciones sociales y pastorales muy diversas: la campaña que se va despoblando, asentamientos que se incrementan, balnearios deseosos de reactivar la industria turística, sierras con su potencial de reserva hídrica, de madera y de minerales, cascos urbanos y barrios de las ciudades, la agropecuaria que merece todo el apoyo como riqueza nacional tradicional por excelencia.

Les confieso que me mueven sentimientos encontrados: comprobar por una parte la riqueza natural en flora, fauna, reservas naturales, costa, océano y ríos con la variedad de peces, agua pura y aire no contaminado, envidia de buena parte de la humanidad que carece de todo esto, y por otra parte la tristeza de un país que envejece, gente que emigra a los lugares más alejados en busca de nuevos horizontes, juventud desconcertada, la marginación y empobrecimiento de amplios sectores populares, desarraigo en el sentido más global del término, al perder las raíces de la historia propia, además de las fuentes de trabajo. Esta no es una casualidad».

La despenalización del aborto

«(…) En esta situación difícil no faltan ‘lecturas’ sociológicas ni económicas de la realidad ni un diagnóstico pastoral que los obispos hace pocos días hemos intentado (en el mensaje titulado ‘Caminar en tiempos de crisis’ del 14/11/02).

Siendo justos y realistas hay que reconocer las cosas buenas que se intentan y se logran, desde variadas formas de la solidaridad, emprendimientos públicos y privados productivos, a la vez que la raíz última de los males que nos pasan por el desorden ético y moral.

El ejemplo del debate parlamentario sobre la despenalización del aborto incluso si se dirimiera a través de un plebiscito, es el triste indicador y colmo de la falta de calidad de vida a que hemos llegado: ‘negociar’ si un ser humano concebido tiene derecho a la vida o no. Si esto se cuestiona, toda la convivencia social ‘está en el aire’ por falta de seguridad, al poner en tela de juicio el primer derecho humano, el derecho a la vida. Ninguna solución a una problemática tan compleja puede sacrificar a un inocente. Hablando claro: se debate si se acepta la pena de muerte de un ser humano que además es inocente. Por el contrario se debe salvar a la madre y al ser concebido. Varones y mujeres somos igualmente responsables de una nueva vida engendrada, superando actitudes machistas.

Revertir la situación es tarea que a todos nos concierne en diversos niveles».

«Globalizando la solidaridad»

«(…) Ahora nos resta ir a la raíz estructural de nuestros problemas, en el nivel de responsabilidad que nos toca vivir, superando la desesperanza, omisión, corrupción, ‘ventajismo’, restituyendo los depósitos bancarios retenidos y reparando injusticias, agilizando trámites en las oficinas, haciendo competente y eficaz nuestra gestión y servicio, por más humilde que sea, globalizando la solidaridad. Debemos acortar las distancias entre sueldos privilegiados y jornales que apenas alcanzan para sobrevivir.

Aunque parezca que ya no tenemos nada para perder, no nos resignamos desesperanzados por la lentitud de las soluciones. Más que encontrar una fórmula mágica, sin quitar por eso la importancia de los estudios y análisis técnicos, se trata de ir a la causa última de nuestra situación; de la entrega de nosotros mismos, asumiendo nuestra realidad y responsabilidad.

Toda nuestra vida puede ser una búsqueda y seguimiento del Señor que tiene otro proyecto y cronograma que el nuestro». *

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