Un hombre estuvo horas encadenado en la entrada del Anexo: exigió trabajo y mil pesos por legislador
Era vendedor ambulante, le dieron un subsidio transitorio en el BPS por un valor de $ 648, y señaló que no ha sido recibido ni por el presidente del Senado ni por la Cámara de Representantes, y que el secretario de la Presidencia, Raúl Lago, «le está tomando el pelo».
Sostuvo que proviene de un departamento «en donde hay más desocupación», y en Libertad se llevó «una fábrica de italianos» que vino a instalarla y que «está lleno de carteles en la ruta por la gran contaminación de cromo6 que está invadiendo todo el departamento».
Pimienta señaló que tiene «una enfermedad crónica en la columna. No puedo trabajar, vengo luchando desde 1994, era vendedor ambulante, me corrieron de las calles, me dieron un subsidio transitorio en el BPS, cobro $ 648 por mes que está en este recibo, y no puedo vivir con $ 20 por día».
«El presidente del Senado Hierro López no me atendió, vine a hablar con el presidente de la Cámara de Diputados, no me atendió, y fui a hablar a la Presidencia de la República con el doctor Lago, me atendió, me dijo que lo llamara por teléfono, me tomó el pelo. Llamó por teléfono todos los días, siempre está con los ministros, o con el Presidente», agregó.
Este ciudadano propone que «el gobierno, y los señores legisladores que ganan entre $ 30 mil y $ 60 mil por mes para dar pagar estos sueldos de hambre e inducirnos a la miseria, que ellos se hagan responsables de la situación mía y de la familia».
Por tanto, le pide a cada uno de los parlamentarios la suma de $ 1000; «ahora no les vengo a pedir sino a exigir». «Como dijo Aparicio (Saravia) hace muchos años. Tiembla la capital porque dijo ‘no pido más, ahora lo exijo'», manifestó.
Sostuvo que «yo de acá no me voy hasta que no me den una solución económica: no puedo seguir viviendo como estoy, tengo una enfermedad crónica, y quiero que los señores legisladores se tomen un poquito de tiempo como se toman en la campaña electoral para visitar casa a casa, y cuando uno viene a visitarlos acá, ellos nunca están. Siempre están ocupados, siempre están en reuniones, y esto es la consecuencia».
Sostuvo que el último recurso fue encadenarse porque «desde el año 1994 vengo luchando y no hay solución. Vengo cada 15 o 20 días, me vengo a dedo con mi señora, con la criatura que está con un vaso de leche desde las 8 de la mañana, y no puede ser esto, en el Uruguay todos queremos luchar y trabajar: la emoción y la bronca me invade. No puedo seguir así, que tomen una medida porque yo no aguanto más», comentó esta persona quebrada en un llanto.
Estimó que «esto es agraviante: no aguanto más. He venido mil veces, nunca están, nunca pueden hacer nada».
Antecedentes
Semanas atrás habían sido los propios ascensoristas del Parlamento quienes se encadenaron en su lugar de trabajo hasta que se arribó a una fórmula de solución a su problema. *
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