Fin del ciclo de las economías abiertas sin contraprestaciones
La primera pista de esta nueva cultura se dio ayer en una reunión con periodistas destacados en Lima para cubrir la sesión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en esta capital, cuando el representante de los empleadores, el argentino Daniel Funes de Rioja, el de los trabajadores, el panameño secretario general de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT) y el ministro de Trabajo de México, Carlos Abascal, coincidieron en la necesidad de buscar alternativas al modelo económico imperante.
La idea que de a poco se abre paso en los organismos internacionales, incluso en los financieros, se vio reforzada en la inauguración de las sesiones de la XV Reunión Regional Americana de la OIT que se desarrolla desde ayer en Lima, Perú.
Primero el presidente de este país, Alejandro Toledo, y luego el director general del organismo tripartito, el chileno Juan Somavía, abogaron por un nuevo equilibrio en las finanzas para superar el trance amargo de la economía mundial y particularmente la de los países de América Latina y el Caribe que supone que, según datos de la Cepal, haya 93 millones de trabajadores con empleos de mala calidad, sin empleo y sin acceso a la protección social.
América Latina es un polvorín social a punto de estallar y eso lo tienen claro los dirigentes internacionales que se dieron cita en esta capital. Es que en el propio Perú, que puede, a pesar de todo, exhibir cifras económicas que darían envidia al ministro Alejandro Atchugarry, presenta una terribles desigualdades social. Y para ello no es necesario salir de Lima. En los propios barrios elegantes de la ciudad se puede ver a los pobres tratando de vender sus baratijas a cuanta persona se le cruce.
Diálogo social
Tanto Abascal como Anderson y Funes coincidieron en la necesidad de procesar el diálogo social como herramienta fundamental no sólo para cambiar las condiciones laborales, sino también para dar un salto en materia económica.
«Si no hay trabajadores, si no hay trabajo, no hay consumo», dijo Funes, «y si no hay consumo no hay reactivación posible», resumió el delegado empresarial. «No creo en Jeremy Rifkin, en el fin del trabajo. El trabajo es algo que dignifica a la gente y para ello es necesario que haya organizaciones fuertes y maduras para afrontar el reto en colaboración, para sacar a los países adelante».
Anderson se hizo eco del llamado de la OIT de promover el diálogo social, pero llamó la atención sobre el hecho de que la tensión social imperante ha sido generada por la aplicación del modelo neoliberal.
Anderson coincidió con Funes en la necesidad de buscar puntos de contacto para dinamizar el diálogo social como herramienta fundamental para salir de la crisis, al tiempo que puso una señal de alerta en que la actual desigualdad está afectando las bases mismas de la democracia. «Las acciones del movimiento sindical son más pertinentes que nunca para responder, con sus fallas y aciertos, a las amenazas a la democracia arraigadas en la pobreza, el desempleo y la dislocación social. Pero se enfrenta también a la estrategia globalizadora que pretende la desaparición del sindicalismo, y el neoliberalismo sueña con un mundo sin sindicatos», dijo el dirigente sindical.
Abascal no dudó en resaltar el diálogo social como un instrumento necesario a la vez que fundamental para superar las desigualdades, aunque advirtió que es algo que se construye de a poco con bases firmes para que luego no se transforme en nuevas frustraciones, tanto para empleadores como para trabajadores.
Pero el punto no culminó allí. En la sesión inaugural de la OIT donde estaban presentes los delegados uruguayos, Eduardo Pereira por el PIT CNT, el ministro de Trabajo, Santiago Pérez del Castillo, y Nelson Penino en representación de los empresarios, el presidente Alejandro Toledo hizo un fuerte llamado a la comunidad internacional para que se dejen de lado las asimetrías, producto de la globalización.
«No nos den leche, cómprennos, abran sus mercados, no queremos limosnas» fue la apelación, casi un grito del «Cholo», como se autodenomina el presidente peruano.
La alocución de Toledo se desarrolló, sin embargo, en el marco de una ruidosa manifestación, una de las tantas, en las puertas de la sede del Swissotel donde sesiona la OIT, en la que trabajadores destituidos por el régimen fujimorista hicieron oír su protesta al reclamar que se les devuelvan sus puestos de trabajo.
Demasiado ajuste y poco trabajo digno
Somavía a su turno, al presentar al plenario su ponencia, dio a conocer un informe de The Pew Global Project Attitudes, cerrado la pasada semana, donde se muestra que el 85% de las personas que viven en América Latina y el Caribe considera que la actual situación económica de su país es mala.
«Esta es la percepción, dijo Somavía, de los que se sienten excluidos o marginados por la forma que ha adoptado la globalización y por sus efectos en las empresas, en los trabajos y en sus familias».
«Este elevado proceso de nivel de inseguridad laboral y social es el que está restando credibilidad y aceptación al proceso globalizador. No es producto de un juicio ideológico, advirtió Somavía, sino una mera evaluación de resultados».
Sin embargo, Somavía alertó que «no hay que culpar al actual modelo de globalización de todos los males» y señaló un camino: hay que llevar adelante una globalización diferente, una globalización de las oportunidades de trabajo decente y en el marco de libertades democráticas y de respeto de los derechos individuales y colectivos». Hay que consolidar y expandir los aspectos positivos de la globalización, sobre todo en materia de las nuevas tecnologías de comunicación e información; pero también hay que cambiar y hacer una globalización que sea capaz de disminuir la incertidumbre y aumentar la equidad y el crecimiento». *
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