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Es ley: los delitos de lesa humanidad ya no prescriben en Uruguay

Con fuertes reproches históricos, desmentidos y acusaciones, se aprobaba anoche al cierre de esta edición la ley que determina la no prescripción de los delitos y violaciones cometidos por el terrorismo de Estado.

RICARDO PORTELA

Los 50 votos de los diputados del Frente Amplio fueron los únicos a favor que sancionaban la norma.

En una extensísima sesión en la que no faltaron reproches y revisiones históricas que diferían abismalmente entre sí dependiendo de quien lo expusiera, los diputados, con los únicos 50 votos a favor del Frente Amplio, convertian en ley la norma que restablece el pleno ejercicio de la pretensión punitiva del Estado y declara que los delitos cometidos por el terrorismo de Estado no prescriben. Anoche mismo el articulado pasaba a la órbita del Poder Ejecutivo para que este proceda a su promulgación, acción que seguramente se llevará a cabo este viernes luego de los previos trámites burocráticos correspondientes. Como todo el mundo sospechaba, el debate incurrió en algunos pasajes de alto voltaje, al punto que en un momento se obligó a la suspensión de la sesión a fin de que los ánimos “legislativos” se calmaran. En parte eso se logró. Los antecedentes de la discusión de esta ley se habían dado el martes pasado, apenas 24 horas antes en la Cámara de Senadores. Ayer en esta rama parlamentaria hubo casi un calco de las argumentaciones de los que la defendieron y de aquellos que se negaron a dar su apoyo a la ley. La sesión comenzó a las 14.30 horas y media hora más tarde ya había 63 legisladores anotados para hablar 15 minutos cada uno. Eso significarían 945 minutos en total sin contar eventuales interrupciones.

Los diputados del Partido Nacional se complotaron entre sí y tuvieron un destello de creatividad escenográfica: en la mesa de cada banca había de pie un ejemplar de la Constitución. En la del Frente Amplio el único que colocó algo sobre su mesa fue el diputado del PVP Luis Puig: una foto de la activista Tota Quinteros portando la foto de su hija aún desaparecida, la maestra Elena Quinteros.

“Llamá a Bush”

El diputado Jorge Orrico fue el informante del proyecto por el oficialismo. Inició su exposición rememorando un incidente internacional ocurrido en 1875 entre Estados Unidos (se llamaba entonces la Unión) e Inglaterra; argumento que sirvió para ilustrar que las sentencias internacionales son supra estados. Trayéndolo a los tiempos que corren, Orrico advirtió que “si no aprobamos esta ley, la Comisión Internacional de los Derechos Humanos, desde allá lejos, nos obligará a pagar indemnizaciones por hechos ocurridos aquí cerca. Además ­advirtió- si no cumplimos con las normas internacionales del derecho, podemos volver a tener los puentes cortados porque algunos dirán `si estos no cumplen tampoco lo harán con lo que dijo La Haya”. Esta advertencia motivó que Gandini, atento a lo que escuchaba, le gritara “y si nos cortan los puentes, llamá a Bush”.

Gustavo Borsari, el herrerista, deambuló en su exposición en lo que para él fueron “los fallidos intentos” por dejar sin efecto la Ley de Caducidad. “Ahora ­dijo- el gobierno está tirando la Constitución a la basura con esta ley y eso, el Partido Nacional no lo permitirá”.

El colorado Gustavo Cersósimo, en su racconto, sostuvo que “la Ley de Caducidad fue una amnistía, un beneficio ­dijo- que no se puede eliminar” y el independiente Iván Posadas entiende que la norma aprobada anoche “vulnera al Poder Judicial pasándole un fardo”. Propuso una alternativa legal convocando a la Asamblea General legislativa para dejar sin efecto la Ley de Caducidad. No tuvo apoyo.

Reproches

Luego de que cada uno de los cuatro partidos expusiera en general su posición con respecto a la ley, llegó la hora del debate crudo y llano. El blanco Pablo Iturralde insistió con que la Ley de Caducidad es hija del “pacto” del Club Naval; que “antes de 1973 se violaban los derechos humanos desde los dos lados” y que “el Partido Nacional siempre estuvo ajeno a esas posiciones”. José Bayardi, el frentista, retrucó que “decir que la Ley de Caducidad nació del pacto del Club Naval es tergiversar la historia” y eso despertó la ira masiva mientras Óscar Groba le gritaba a los blancos que “ustedes cocinaron al pueblo en la estancia de Anchorena”. Pasaban las horas y al cierre de ésta edición las acusaciones tuvieron similares características. Nada nuevo.

PUNTOS A FAVOR, EN CONTRA Y NEUTRO

* Un punto a favor de la sesión de ayer fue el sorpresivo silencio que reinó en la sala durante las exposiciones de los representantes de los cuatro partidos políticos al momento de dar a conocer su posición con respecto a la ley.

Un punto en contra para un grito que salió de la boca de una secretaria de un legislador del Partido Colorado cuando desde las barras se asomó al recinto y acusó a los legisladores del Frente Amplio de “asesinos”. Un punto neutro para la presencia en las barras del dirigente colorado Diego Fau que, de pie, mostraba a cada momento la camiseta que vestía con la leyenda “Todos somos familiares”.

Solo y en apuros

* La sesión de ayer tuvo pasajes que rindieron para todos los escenarios en materia informativa. Los hubo de los momentos buenos y de los preferentemente olvidables. Por cuestiones que tienen que ver con la agenda parlamentaria, el presidente de la Cámara de Diputados, Luis Alberto Aparicio Lacalle Pou tuvo que comandar el debate en la más absoluta soledad. Los cuatro presidentes que lo secundan fatalmente se encuentran por estos días en el exterior; cada uno por cuestiones de trabajo, según se aseguró. Daisy Tourné por allá. Gustavo Espinoza, Horacio Yanes y Doreen Javier Ibarra también allende fronteras por lo que no tenía, reglamentariamente, nadie que lo sustituyera en la presidencia en el supuesto caso que el titular tuviese necesidad de ausentarse. Esa orfandad de Lacalle Pou tuvo, por lo visto, más contras que beneficios. Lo extenso de las sesiones parlamentarias no conoce de las necesidades fisiológicas de los seres humanos. Sobre eso no hay nada escrito ni imaginable en la ordenanza legislativa. Por eso el presidente debió provocar que se votaran varios cuartos intermedios durante el largo debate de ayer para, y valga la redundancia, el cuarto de baño fuera visitado en forma apurada por el presidente para

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