NEUROCIENCIA

Coaching y el miedo al cambio

Un tema de relevancia es generar contextos de aprendizaje que hagan posible el surgimiento de observadores diferentes y herramientas diferentes.

Como «coachs» intentamos acortar brechas entre una situación actual y una situación deseada, lo que nos coloca de lleno en el juego de las intenciones y las acciones, por lo tanto de las tensiones de la transición hacia el cambio.

La década de los 90 fue la década del cerebro, gracias a los avances en tomografía computada, scaner y otras tecnologías de imagen, hoy es posible ver en tiempo real y de manera no invasiva el funcionamiento de un cerebro vivo; antes sólo se podía estudiar el cerebro de una persona muerta, con todas las limitaciones que ello implicaba. Gracias a esta década, hoy sabemos que las herramientas que posibilitan el salto cuántico de los individuos y de las organizaciones no están fuera de nosotros sino en el enorme potencial de nuestro cerebro. Los adelantos en neurociencia y en neuropsicología nos dan información de gran utilidad sobre el funcionamiento del cerebro y los neurocircuitos implicados en los procesos que determinan las conductas, las toma de decisiones y la inteligencia organizacional, lo que supone un avance notable para el mejor dominio de realidades cotidianas como el trabajo, las relaciones, la creatividad, la toma de decisiones…

Hoy estamos en la década del comportamiento y en ella ha irrumpido con fuerza la neurociencia y, ¡magnífica coincidencia!, vemos también la irrupción del coaching como una disciplina que también busca comprender, desbloquear y mejorar el rendimiento de personas y organizaciones.

Sinceramente, veo como un hecho histórico esta convergencia en el espacio y en el tiempo, entre el coaching y neurociencia, convergencia altamente complementaria que tendrá mucho peso en el futuro inmediato y que hace interesante o necesario tener conocimientos del funcionamiento del cerebro para desempeñar mejor aún nuestra tarea

Las neurociencias están registrando avances notables para entender los neurocircuitos que actúan como plataformas de la conducta en los individuos y en los equipos de trabajo y se cree que estamos muy cerca de encontrar una explicación neurobiológica para muchas preguntas, entre ellas:

¿Por qué el paso de la intención a la acción cuesta y genera incomodidad? ¿Por qué dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy?

De momento ha sido comprobado que en el paso de la intención a la acción interviene la corteza prefrontal posterior medial, la zona del cerebro encargada entre otras funciones de la ordenación temporal de los estímulos, del control de las acciones en curso, y los resultados de desempeño, es decir, de la capacidad adaptativa dirigida a un objetivo.

Sabemos también que mientras nos manejamos en el plano de la intención se activa la región prefrontal anterior medial, manteniendo «en mente» una decisión tomada pero aún no ejecutada.

Las dificultades para que las intenciones se plasmen en acciones se revelan con mucha claridad en los procesos de cambio. A nivel sicológico el cambio implica sufrimiento… ¿Por qué? Parte de la respuesta parece estar en el funcionamiento de los ganglios basales, un área del cerebro donde se forman y concentran los circuitos neuronales vinculados con los hábitos y las rutinas. Como su funcionamiento consume mucho menos energía que las zonas ubicadas en la corteza prefrontal, la inacción muchas veces no tiene un origen psicológico sino orgánico. El «archivo de rutinas» localizado en los ganglios basales libera a la corteza prefrontal del trabajo de tener que procesar información nueva. Las actividades rutinarias se almacenan en los ganglios basales cuya función está concentrada en los hábitos, lo que hace que hagamos cosas casi automáticamente. La dificultad para emprender cosas nuevas y cambiar hábitos arraigados parece tener relación con este proceso.

Los científicos están avanzando como para que en un plazo no lejano podamos encontrar la manera de pasar de la intención a la acción sin tanto esfuerzo, por ahora ya tenemos la neuroplasticidad, el fenómeno mediante el cual el aprendizaje y la experiencia modifican el cerebro en forma temporal o permanente. Hace unos 20 años, Gerhard Preiss, especialista en didáctica de las matemáticas, dio nombre a una nueva ciencia que llamó Neurodidáctica cuya idea clave es la convicción de una íntima relación entre la plasticidad del cerebro y la capacidad de aprendizaje. Por esto sostenemos que el cerebro desarrolla y expande su arborización dendrítica y sus conexiones sinápticas cuando se mantienen alejadas las rutinas que llevan a automatismos cognitivos y comportamentales. Un cerebro habituado es un cerebro inactivo. Hay tres factores útiles para entrenar la neuroplasticidad: 1) Generar foco atencional. 2) Provocar densidad de atención. 3) Momento de entendimiento. Este proceso crea una nueva red de conexiones neuronales que estimula la neuroplasticidad. Cuando orientamos y lideramos nuestros pensamientos y generamos momentos de entendimiento surge la neuroplasticidad autodirigida. Volviendo al proceso de intenciones y acciones, es decir de toma de decisiones, hoy sabemos por diferentes estudios, que la corteza cingulada anterior ha sido identificada como la región del cerebro que registra el entorno, sopesa las posibles consecuencias y ayuda a las personas a ajustar su comportamiento según el nivel de peligro de cada situación. Un estudio de la Universidad de Washington demuestra que esta parte del cerebro podría señalar que se ha cometido un error antes incluso que el sujeto haya tomado la decisión equivocada. Este sistema se activaría a nivel inconsciente y ayudaría a reconocer y evitar una situación peligrosa, calculando anticipadamente ciertos elementos que el consciente ni se imagina.

Esto podría explicar cómo tribus nativas de Indonesia anticiparon la inminencia del tsunami, escapando con sus animales hacia zonas geográficas elevadas.

A partir de estos estudios y comprobaciones, puede decirse que estaríamos acercándonos a las bases científicas de la intuición, un tema de enorme incidencia y utilidad para empresarios y ejecutivos en cuanto a la capacidad para tomar decisiones.

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