Una explosión de calor y color
Aprovechemos que Lula está de viaje por Argentina para hablar de otros temas.
El jueves o viernes volveremos a la temática política ya que se anuncia que a su regreso de Chile, el presidente electo anunciará parte de su gabinete ministerial.
José Dirceu como ministro jefe de la Casa Civil y Antonio Palocci para Hacienda (Economía) suenan cada vez con mayor convicción.
Quería empezar hablando del tiempo, recurso tan manido para quien no tiene tema, pero que en estas circunstancias merece cierta consideración.
El domingo llegó a su pico máximo una ola de calor que azotó a Rio de Janeiro por más de una semana.
Fueron sucesivos días de más de 35 grados desde el mediodía y noches con más de 30.
No es fácil imaginárselo para quien no ha vivido en zonas tropicales e incluso para los cariocas fueron días bravos, se quejaban permanentemente.
Una cosa es un día de calor brutal aislado, otra cosa son varios seguidos.
Todo se calienta, las paredes, los autos, el pavimento, y no es cómodo estar en otro lugar que no sea la playa, una piscina o un lugar con aire acondicionado.
No hay que olvidar que Rio no es un balneario, sino una ciudad con una gran actividad.
Ir por ejemplo al Centro en estos días es un suplicio, internarse en un horno humeante.
Por suerte, el clímax de esta seguidilla de días infernales llegó el domingo pasado.
La máxima oficial fue de 42,4 grados en la Plaza Mauá (Centro), pero en muchos de los relojes que marcan la temperatura a lo largo de la ciudad, los valores expresados superaron esta cifra.
En nuestro querido estadio Maracaná, jugaron a la tarde Fulminense y Corinthians por semifinales del Campeonato Brasileño y el termómetro digital del panel eléctrico llegó a decir 47 grados.
A Romario no le afectó el calor e hizo el gol del triunfo del equipo carioca.
La ola tórrida tampoco afectó las compras de Natal (Navidad).
Ya se augura que se venderá un 18% más que el año pasado y hasta tuvo el Banco Central que pedir al público moderación a la hora de comprar (y fundamentalmente si es con crédito) para que no se dispare la inflación.
Cuestión que preocupa tanto al gobierno saliente con al entrante.
En Rio se vive, ya desde hace días, un clima de Fiestas.
El sábado se inauguró el fabuloso árbol gigante que es tradicional al borde de la Lagoa, cada vez más alto y con más luces.
Cantó Daniela Mercury y se reunió una multitud.
La cantidad de espectáculos musicales que hay todas las semanas es difícil de imaginar y con nombres famosos de la escena brasileña.
Rio los concentra a todos; en este caluroso mes de noviembre cantaron, que recuerde, Lulú Santos, Adriana Calcanhoto, Roberto Carlos, Jorge Ben Jor, Paulinho da Viola, Alceu Valenza y Raimundo Fagner en distintos shows personales, algunos pagos y otros gratis.
Para el próximo domingo se anuncia el plato principal: en un inmenso estrado en plena playa de Copacabana, harán un concierto gratuito cuatro grandes de la música brasileña, juntos y en vivo: Gal Costa, Maria Bethania, Gilberto Gil y Caetano Veloso.
La misma conformación que en aquella histórica noche de 1976, realizara un show que mereció un disco, una canción de la popular escola do samba Mangueira y una película.
A propósito de películas, no quería terminar este artículo sin referirme al estupendo momento que atraviesa el cine brasileño.
Da orgullo que un país latinoamericano produzca simultáneamente una cantidad tan considerable de muy buenos filmes como lo está haciendo actualmente Brasil.
Y no me refiero a la producción anual, sino simplemente a lo que se ha estrenado en estos dos últimos meses.
En un artículo anterior, dedicado al tema del narcotráfico, me referí a estupenda «Cidade de Deus» (Ciudad de Dios) de Fernando Meirelles, que será la película brasileña que compita por el Oscar al Mejor Film Extranjero.
Habría que agregar a «Madame Satá», otro filme que retrata crudamente la peculiar realidad de este país y que también ha ganado ya varios premios en festivales internacionales.
Pero es en el rubro de documentales, donde Brasil muestra su mayor y mejor producción.
Aquí, los cineastas muestran un dominio absoluto del género y una variedad muy original en la temática.
Resaltan tres obras excelentes, cuyos títulos son: «Omnibus 174″, «Edificio Master» y «Ventana del alma» y que son éxitos de taquilla en los cines de Brasil.
Es bueno ver como aquí la gente apoya al cine nacional, concurriendo a verlos.
Y sale contenta.
Estas cinco películas están hoy en cartel y también tienen las mejores críticas.
Algunas de ellas son extremadamente duras, pero vale la pena ir a verlas.
Es cine del mejor y ojalá lleguen a Uruguay.
Estoy seguro que allí, también gustarían. *
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