Un llamado a la unión del Mercosur para defenderse de los poderosos

Lula tiene coincidencias con Duhalde

 

No solamente eso: Lula convocó a fortalecer la región sudamericana para que las negociaciones de la Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA), «deben estar marcadas por la defensa de los intereses nacionales y regionales, por la preservación de nuestros sistemas productivos y de los empleos de hombres y mujeres del continente».

Lula mantuvo en la mañana de ayer en Olivos productivas conversaciones con el argentino Eduardo Duhalde en la quinta presidencial de Olivos: «Quiero expresarle el reconocimiento y agradecimiento de un gesto que valoramos y no olvidaremos. Que sea el primer destino que visita, marca el proyecto estratégico del Mercosur en su pensamiento, como en todos los partidos políticos de la República Argentina», le dijo Duhalde.

Si breve fue el saludo del argentino, Lula utilizó los jardines de Olivos con su fuerte verde de fondo no solamente para agradecer «la calurosa recepción que estamos recibiendo en la Argentina» sino para emitir un llamamiento para que se escuche en la región, en Washington y en Europa.

«Decidí que el primer viaje exterior sería Argentina, para dar una significación muy precisa a este gesto. Nuestra presencia acá quiere expresar, antes de todo, la irrestricta solidaridad a este extraordinario país hermano y vecino. La nación argentina, como Brasil, enfrenta dificultades, pero al mismo tiempo, reveló coraje y determinación para superarlas».

En ese sentido, sostuvo Lula que su visita «debe ser entendida como expresión de la voluntad del futuro gobierno brasileño de dar, junto con los socios de la región, un decisivo impulso a la reconstrucción del Mercosur». Añadió que llega a Buenos Aires como portador de un mensaje brasileño de confianza y esperanza, que espera poder transmitir a los argentinos.

Hablo por un Brasil unido

Para que se entendiera que tiene detrás un fuerte consenso, recordó que «en las elecciones, el pueblo brasileño manifestó su deseo de realizar profundos cambios económicos y políticos».

Brasil –añadió– «no puede seguir conformándose en ser una de las diez mayores economías del mundo y, a la vez, una nación donde decenas de millones de seres humanos pasan hambre y viven al margen de la productividad, del consumo y de la ciudadanía plena».

Para el desafío que representa el cambio señaló que tanto la Argentina como Brasil tienen una historia y un enorme potencial: «Construimos un parque industrial, una rica y variada agricultura mundialmente competitiva; tenemos riquezas naturales y diversificadas fuentes de energía. Encima de todo, los trabajadores de nuestros países, por su creatividad, calificación y voluntad de vencer, constituyen un principal elemento que nos permitirá retomar el crecimiento sustentable», pronunció.

Pero también hay materia gris, enfatizando la actividad académica y científica de ambas naciones.

Para cambiar hay que saber qué pasó. Lula, con diplomacia contó que hubo opciones económicas y políticas que no estuvieron de acuerdo con los intereses nacionales que condujeron a los dos países a la crisis. «¿Cuántas veces en las últimas dos décadas, vimos la economía de la región desorganizarse por la inflación o sumergirse en recesiones de dolorosas consecuencias sociales? Un capital extranjero productivo es bienvenido, pero para intentar superar las crisis económicas, pasamos a ser dependientes de flujos internacionales y con eso disminuyó nuestra capacidad de tomar decisiones soberanas», se quejó.

Instaurar un nuevo modelo económico

Y advirtió que los dos estados quedaron «a merced de especuladores que muchas veces no saben dónde están situados nuestros países».

En la misma dirección de un mensaje que plasma desde casi el poder las promesas electorales afirmó que el mensaje que recibió de su pueblo es que el período negativo tiene que quedarse atrás.

«Durante medio siglo, entre 1930 y 1980, Brasil creció de modo acelerado, aunque no haya conseguido simultáneamente distribuir los ingresos. En las últimas dos décadas, el país quedó estancado», evaluó. Mutatis mutandis, Duhalde pudo decir lo mismo, acaso lo pensó.

Por eso hay que cambiar y por eso Lula afirmó: «Acreditamos estar en condiciones de iniciar un nuevo ciclo de crecimiento, estimulado por un proceso de distribución de ingresos y democratización profunda de la sociedad y el Estado», y Duhalde exhibía su aprobación.

La cosa no es bilateral; se extiende a Chile donde se va hoy, a Bolivia y a los socios del proceso integrador, Uruguay y Paraguay, a quienes prometió visitar una vez que esté instalado en el Planalto ya que se debe estrechar la asociación con sus hermanos de Sudamérica, en especial los del Mercosur, «hoy paralizado».

E insistió: «Para nosotros, el Mercosur debe transformarse en una efectiva unión aduanera, en un estado de convergencia de políticas industriales y agrícolas activas. Buscamos una verdadera integración, con el ejemplo de la Unión Europea, respetando nuestras particularidades», manifestó Lula.

Es aquí donde precisó el objetivo de la moneda común y fortalecer el bloque como centro de poder para las negociaciones con EEUU, Europa y el ALCA.

Pero como base de acción, proclamó la necesidad de «instaurar un nuevo modelo económico» en la región.

«Somos dos grandes países que tienen como mayor riqueza dos pueblos admirables dispuestos a sacrificios y hoy sedientos de cambios profundos», enfatizó Lula.

Abogó para que el Mercosur adopte y profundice «una política externa común», y se refirió a la posibilidad de coordinar acciones comunes ante «los organismos internacionales». *

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