Trasplantar la cara de un muerto en un paciente será viable en los próximos meses

Trasplantar el rostro de un donante muerto en un paciente desfigurado podría efectuarse técnicamente antes de nueve meses, afirmó el cirujano británico Paul Butler, sin subestimar las implicaciones éticas de semejante intervención y que pidió un debate previo para paliar la polémica que se avecina.

Tal operación beneficiaría a personas deformadas por graves quemaduras, cánceres o accidentes, explicó Butler en declaraciones a la AFP.

Pero la experiencia suscita numerosos interrogantes éticos y psicológicos.

La experiencia podría ser traumatizante para el receptor, que heredaría de la noche a la mañana una nueva cara, pero también para la familia del donante, que podría toparse al doblar la esquina con el rostro del amado difunto.

«En mi opinión, la pregunta no es ¿somos capaces de hacerlo? sino más bien ¿debemos hacerlo?, ya que está claro que los trasplantes de la cara se convertirán muy pronto en una realidad clínica», subrayó Butler, especialista de cirugía estética en el Royal Free Hospital de Londres.

Actualmente, ese tipo de cirugía intenta rehacer por fases un rostro desfigurado trasplantando partes de huesos y de piel extraídos de los miembros del paciente, como por ejemplo de los brazos.

Pero tras realizar decenas de operaciones sucesivas el resultado es muy precario, con un rostro que se parece a una máscara inexpresiva, incapaz de reflejar emociones.

Los recientes avances de los tratamientos anti-rechazo deberían permitir a corto plazo -de seis a nueve meses, según Butler- implantar completamente el rostro.

«Si realizamos un implante de la cara, utilizaremos un auténtico tejido facial, con los músculos y sus nervios y esperamos que la cara del receptor funcione de la misma forma que un rostro normal», señaló el cirujano.

«Será necesario que los donantes y los receptores concuerden perfectamente en edad y sexo, ya que es esencial sobre todo para el color y la textura de la piel», advirtió.

Butler examina la posibilidad de crear un registro nacional de datos fisiológicos y psicológicos de donantes y receptores potenciales.

«En resumidas cuentas, corremos el riesgo de tener un número muy reducido de receptores potenciales», consideró el cirujano. *

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