Piqueteros condicionan la política
Por ahora inciden más como factor de contención y educación de masas que como fuerza que puede modificar los objetivos que aún en crisis, se ha planteado el Gobierno de Eduardo Duhalde. O lo que representa económica y políticamente. Pero ya no pueden ser soslayados.
Una reciente fuerte confrontación entre un sector de los piqueteros y las autoridades da lugar a diversas reflexiones. En el puente Pueyrredón, donde cinco meses atrás hubo una despiadada represión que derivó en muertos, heridos y un trauma imposible de superar, estuvo a un paso de repetirse aquel trágico escenario.
La juez María Servini de Cubría ordenó el cacheo como condición inexcusable para que los piqueteros pasaran a la Capital Federal, camino a concentraciones con destinos y programa concretos. La negativa a semejante manoseo, digna de ser utilizada con los delincuentes, colocó a los manifestantes y una inmensa movilización policial, frente a frente.
¿Fue una provocación de la magistrada a la que la leyenda la une a Carlos Menem?. Hay otros datos: ella ha tenido relevante actuación en casos relacionados con los derechos humanos, incluso poniendo el cuerpo para frenar la represión que dejó decenas de muertos el día en que Fernando de la Rúa debió abandonar su cargo.
No es improbable que la juez temió lo peor. O un pedido gubernamental para que frenara la marcha. O tensar la situación para después negociar: en el Gobierno hay personas expertas en estos juegos y es lo que ocurrió. No hubo cacheo, pero tampoco acampes en la Plaza de Mayo como estaba programado.
Se evitó una concentración que podría crecer y convertir el mitin frente a la casa rosada en una demanda para que Eduardo Duhalde se fuera antes de lo que se ha propuesto.
En todo caso, este reclamo volverá a emerger el 20 próximo, día que ha pasado a ser la meta no solo de los piqueteros, partidos de izquierda y lo que queda de las asambleas barriales. La jornada es ahora mirada como preocupación por el rédito que pueda sacar de ella el menemismo.
El menemismo en acción
Hay datos a granel que lo ven interesado en un aquelarre en Plaza de Mayo, en principio lugar de la concentración para repudiar la represión de un año atrás. y en saqueos en el Gran Buenos Aires y grandes centros urbanos. El jueves hubo un aparentemente espontáneo intento de saqueo a un hipermercado, con mil hambrientos movilizándose: ¿es la pradera seca que aguarda el fósforo?.
Pero hay también interés oficial por difundir que el 20 próximo puede desmadrarse y que hasta podrían ser llamados los militares a poner orden. Trascienden incluso informes alarmantes de inteligencia militar, a pesar que las FF.AA. tienen vedado hurgar sobre hechos internos. Son datos de presión sicológica para desalentar a los ciudadanos que fueron un año atrás los que sintieron que podían y salieron a las calles a reclamar »que se vayan todos».
No hay que leer mal lo ocurrido en diciembre del 2001: un factor clave fue la bronca de las capas medias porteñas y suburbanas especialmente por el corralito que se había impuesto el 3 de diciembre como medida desesperada de Domingo Cavallo por salvar el sistema de convertibilidad y a los bancos que promovieron la salida masiva de dólares, los meses anteriores.
Dicho de otro modo: no fue »la revolución inconclusa» que con día y hora impulsan ahora sectores de izquierda ortodoxa para el aniversario trágico. Desató sin duda, un nuevo momento de autoconciencia de que se podía, de regreso a formar gregarias de lucha, luego de años de desmovilización, de las capas medias que hizo brotar las asambleas barriales como intento de recrear otros modos de hacer política y de participación.
Además, a la caída de Fernando de la Rúa concurrieron otros factores, como los saqueos promovidos, los mismos que ahora se le endilgan al menemismo para aprovechar la movilización popular con el supuesto deseo del ex presidente para que el poder caiga en sus manos con el caos como trasfondo.
Tendencias
En el espacio piquetero no hay un solo discurso. Están los que se mueven en el ámbito de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) que aun en búsqueda privilegia la acumulación paciente de sus fuerzas con la idea de construir un nuevo movimiento político que los alienta aún más, la experiencia del PT del Brasil.
Hay otro, formalmente de discurso más radicalizado, que gira por dos ejes diferenciados. Uno que postula la necesidad de recomposición del sistema político y aboga por que se convoque a una Convención Constituyente pero desde abajo, a guisa de soviet criollos, que designe sus representantes a esa Asamblea refundante porque consideran que es »la cuestión del poder» lo que ahora está en juego.
Otros, como el Movimiento de Trabajadores Desocupados, postulan la separación con respecto al sistema político representativo, a partir de la construcción de esferas de contrapoder.
Estas diferenciaciones dominaron por reflejo los debates de las asambleas barriales de vecinos que de alguna manera incidieron en la acción de las clases medias: de alta a baja participación.
En este cuadro de presiones y de intenciones, no es improbable que la jornada de homenaje a los 30 asesinados hace un año, se desperdigue por zonas.
El piqueterismo disputa las masas más pobres al peronismo: Pero este aún tiene influencia por medio del asistencialismo que controlan sus punteros, su enorme aparato partidario.
En cierto modo, los piqueteros asisten también incluso con dineros del Estado, sin el manejo soez de los punteros, e incitando a participar de proyectos laborales comunitarios y educación política.
Mientras Duhalde ve positivo el costado de contención de los piqueteros, Carlos Menem pone la lupa en los difusos proyectos de poder y busca ahogar el niño en la bañera.
Para los servicios secretos, lo ocurrido en el Puente Pueyrredón ha sido un ensayo general con vistas al 20 de diciembre, y explican que se aplicaron tácticas novedosas como rodear con miles de personas a la fuerza de represión factor que aceleró la negociación que evitó un desastre.
Esperando a la corte
El espacio combativo que es mucho más vasto- no se ve representado en la candidatura de Elisa Carrió, acaso con las mayores probabilidades para disputarle las elecciones al peronismo. Si de preferencias políticas se debe hablar, por aquellos pagos se agrupan al fragmentado mundo de la izquierda ortodoxa, a cristianos de base o a referentes del contrapoder.
En este contexto, Duhalde le ha ganado nuevas batallas a Menem, aunque sigue sin poder articular una candidatura que se le oponga en la interna partidaria. Si Carrió sigue trepando en las encuestas, sería un factor de disuasión a las tendencias centrífugas del justicialismo.
Dicen en el duhaldismo que Menem les puso un palo en la rueda en la interminable negociación con el FMI. Se podría decir que replica con el poder económico a todas las trabas oficiales para que pueda llegar otra vez a la rosada.
¿También con sus amigos en la Suprema Corte de Justicia?. Alguien difundió un borrador del supremo Carlos Fayt que obligaría a que los ahorros en dólares se devuelvan en la misma moneda o su equivalente en términos perentorios. El nombrado puso el grito en el cielo y amenaza con un escándalo: no era necesario decirlo, ya se produjo. «Hizo un terrible daño afuera», confiesan en el ministerio de economía. Mucho más que el escaso exitoso viaje de su titular, Roberto Lavagna, por capitales europeas en busca de apoyo a destrabar las negociaciones con el FMI.
La versión puso en veremos el futuro del dólar, que el Gobierno se esmeró en exhibir su tranquilidad. Fue una d
e las condiciones para levantar el corralito desde mañana. Lo que están en cuestión son 16 mil millones de dólares que ponen a prueba al sistema financiero. ¿Qué pasará y cuando?. ¿Conseguirá el Gobierno postergar la acordada, hacerla digerible?.
Hay especulaciones. Si la Corte repite el criterio que fijó cuando ordenó que se devuelvan el 13% descontados de sueldos estatales y jubilaciones a partir de un cierto monto (medida que hirió de muerte a la Alianza) dejó a las autoridades fijar el modo del retorno. Fue con un bono.
Diez mil millones en juego
Si la acordada da esa oportunidad, es probable que se repita el método. Los banqueros, en estado de pánico, ya anticipan que si se les ordena pagar a la brevedad, pueden colapsar. Pero eso no ocurriría y la discusión camina por otros senderos, debate que en el fondo tiene 10 mil millones de dólares en juego.
Los bancos privados prefieren que el Gobierno imponga un bono por el mayor tiempo posible para recuperarlo, de manera que sea el Estado quien pague el costo.
En el oficialismo hay divergencias sobre como afrontar lo que más temprano que tarde ocurrirá. El titular del Banco Central, Aldo Pignanelli es la voz de los banqueros. El ministro de economía, Roberto Lavagna, se opone al bono compulsivo y prefiere que los bancos lo negocien a su nombre con los clientes. Dicho de otro modo, que se hagan cargo del costo de la devolución.
El enredo es fenomenal: los banqueros reclaman que se dolaricen los créditos. Ahora pesificados hasta 200 mil dólares a uno a uno, el resto tiene un coeficiente de actualización, los morosos son más que los que pagan. ¿Cómo harán para cobrar deudas por sumas siderales, como podrán cumplir los deudores?
Pero en esto como en otros asuntos en camino como el incremento de las tarifas de los servicios públicos, el enfoque no es solamente técnico-económico; es sobre todo, político, basada en la simple ecuación de quien paga los costos.
La tendencia que se aceleró las últimas semanas, es la de aceptar reclamos el FMI, con lo cual se puede presumir la respuesta oficial al problema planteado.
La aprobación parlamentaria del cronograma electoral que pretende dar previsibilidad política al futuro, era un reclamo del Fondo para avanzar en la firma del acuerdo mas conversado de la historia.
Con todo, queda pendiente el interrogante insoluble: si el FMI quiere cerrar trato con Duhalde o espera al próximo Gobierno.
Sin vueltas: diciembre es un mes clave. *
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