El menemismo temió una proscripción
Carlos Menem se ha convertido en una sombra, capaz de las peores tropelías como desestabilizar al gobierno de Eduardo Duhalde cuando se cumpla un año de la caída de Fernando de la Rúa, o como referente obligado incluso para hacer aprobar el cronograma electoral.
Recién en la madrugada de ayer ha quedado (casi) todo listo en esta materia, cuando se convirtió en ley las modificaciones a la legislación sobre Acefalía presidencial.
Los cambios taparon el hueco que quedó entre el 25 de mayo (día en que debe asumir el mandatario elegido o el 27 de abril o en segundo turno, el 18 de mayo) y el 10 de diciembre, que es la jornada que efectivamente termina el mandato que dejó De la Rúa hace casi un año. El menemismo montó en cólera cuando para ellos quedaba la duda de que Menem podía ser impedido de participar en las futuras elecciones, ya que la carta magna le reclama estar alejado de esa tentación por todo un período, es decir, por cuatro años.
Como además se establece que el presidente se elige en tiempos normales (que no son los actuales) 60 días antes de que deba asumir, algún abogado o no, podría impugnar que Menem se postule porque para el 25 de mayo, si gana los comicios, no habría cumplido el período de veda que exige la letra constitucional.
Para aventar suspicacias, si es que realmente se las puede denominar así, en la redacción final de la nueva ley sobre Acefalía se dispone que «en caso de existir Presidente y Vicepresidente electos, los mismos asumirán los cargos acéfalos». Esto ocurrirá el 25 de mayo porque Eduardo Duhalde pidió al Parlamento y finalmente para contrariarlo por disputas intestinas dentro del peronismo y de estos con partidos opositores, le aceptaron la renuncia anticipada para el Día de la Revolución de 1810.
Para evitar cualquier impugnación a Menem de él se trata siempre en otro párrafo se dice que «el lapso transcurrido desde la asunción prevista hasta la iniciación del período para el que han sido electos, no será considerado a los efectos de la prohibición prevista en el artículo 90 de la Constitución». Los cuatro años de veda, para Menem.
Los impulsores de esta compleja ingeniería legislativa, chapucería dicen los expertos, creen que así se evitará cualquier impugnación al proceso electoral o a algún candidato, el riojano, del que todos los orfebres de esta disposición, pensaron en los últimos días.
Los menemistas clamaban por dejar claro por ley que el período de De la Rúa terminaba el 25 de mayo como otra manera de cubrir a su númen de alguna acción judicial. *
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