Golpismo made in USA: la confesión de Gordon

O Globo de Rio de Janeiro publicó el día 25 declaraciones de Lincoln Gordon, ex embajador estadounidense en Brasil, en ocasión del golpe de Estado del 31 de marzo de 1964 que derrocó el gobierno constitucional de João (Jango) Goulart y abrió paso a 20 años de dictaduras militares. El diplomático reconoce la participación de su país en dicho golpe, y también la intervención de Estados Unidos en Italia para impedir el acceso de los comunistas al gobierno. A 38 años de distancia, aparecen al desnudo dos ejemplos significativos de la política intervencionista del imperialismo norteamericano.

El golpe de Johnson y Gordon

El hombre sabe de lo que habla. Por algo el golpe brasileño que anticipó el ciclo de las dictaduras militares de los 70 en el continente, se conoce como el golpe de Johnson y Gordon. Llegado a la Casa Blanca tras el asesinato de Kennedy, Lyndon B. Johnson felicitó a los militares facciosos antes de que el golpe se consumara. La gaffe descomunal es famosa, y revela que el imperio manejaba los hilos de la conspiración. En las calles de Rio se escribió: Lincoln Gordon al poder (sin intermediarios). Este reconoce ahora que su país apoyó con millones de dólares a los opositores al mandatario constitucional João Goulart, y que eso venía de antes. Pero fue excesivamente parco. Podía haber dicho muchas cosas más.

En realidad, el golpe de los militares traidores en connivencia con la embajada yanki comenzó a fraguarse desde el momento en que renuncia a la Presidencia Janio Quadros (tras haber condecorado al Ché, que venía de la reunión del CIES en Punta del Este, agosto de 1961) y el vicepresidente Goulart regresa precipitadamente de China, pasa por Carrasco, llega a Porto Alegre (donde el gobernador Leonel Brizola conducía «la batalla de la legalidad» contra los militares ansiosos de asaltar el poder) y asume en Brasilia. Luego se fue tejiendo la madeja de la conspiración, desencadenada en la noche del 31 de marzo al 1º de abril de 1964 con el nombre de «Operación Hermano Sam».

Algunos de sus detalles pudieron conocerse en 1976, al abrirse parcialmente los archivos del presidente Johnson. Naves norteamericanas tomaron posición en el Atlántico Sur frente a las costas brasileñas; del mismo modo que se desplegarían frente a Valparaíso en vísperas del golpe contra Allende del 11 de setiembre de 1973. El plan preveía diversas alternativas, suministro de armas y petróleo, incluso el asesinato de Goulart en caso de que la operación se frustrara en primera instancia. Delineaba también un cambio en la política económica (que fue la que efectivamente aplicaron después los dictadores castrenses) y atribuía a Brasil el papel de socio menor del imperio para poner a raya a los movimientos populares y de izquierda en América del sur.

Goulart en Shangrilá

La variante no fue necesaria. El plan funcionó. La pregonada resistencia del 3er. Ejército se desmoronó. Al otro día Goulart estaba en Shangrilá. Allí lo entrevistamos el domingo siguiente por la mañana. La entrevista colectiva se hizo en el frente de una casita del balneario, en medio de un caos indescriptible. Entre una nube de periodistas, aparecimos en primer plano en la portada de la revista Time el inolvidable tape Juan José López Silveira (que peleó en la guerra de España y publicó la más notable crónica de la derrota), Carlos María Gutiérrez y yo, otros episodios fueron la comidilla de los periodistas por mucho tiempo, como el de Milton Infantino disfrazado de mozo para ingresar a la finca y reportear a Goulart en exclusiva.

Lincoln Gordon dijo otra cosa que merece relevarse: «Nosotros estábamos, en la época, influenciados por lo que había ocurrido en Italia después de la guerra, donde los historiadores creen que el apoyo a los anticomunistas italianos, con dinero y propaganda, fue lo que tornó imposible la victoria de los comunistas».

Kissinger y la intervención yanki en Italia

A confesión de parte relevo de prueba, aquí también. Con la particularidad de que la intromisión descarada de EEUU en Italia no se redujo a la inmediata posguerra, abarcando todo el período posterior. A tal punto que Henry Kissinger (secretario de Estado de Nixon y Ford entre 1973 y 1977, asesor de seguridad nacional, gestor del golpe en Chile por lo cual le anda escapando a los jueces franceses que investigan el Plan Cóndor) pronunció en junio de 1977 una conferencia sobre «Italia y el comunismo europeo» en el Instituto Hoover de Washington, en la cual defendió a capa y espada la tesis de que EEUU debía intervenir de todas las formas posibles para impedir que los comunistas ganasen las elecciones en ese país, después que en las legislativas de junio de 1976 habían recogido el 34% de los votos. El texto figura en la recopilación titulada For the record (Afirmaciones públicas, en la versión libre española). Allí defiende la alianza militar de la OTAN y la presencia de tropas norteamericanas en Europa, despotrica contra la revolución de los claveles en Portugal (prefería a Oliveira Salazar y Caetano), y sostiene que EEUU debe intervenir a toda costa en Italia para impedir el triunfo comunista, alegando que «debemos estimular a las fuerzas de la moderación y el progreso y reagruparlas en caso de que, a pesar de los esfuerzos, triunfe el comunismo». Le asigna a su país un papel mesiánico: «Los Estados Unidos tienen la responsabilidad de fomentar la libertad política en el mundo». Ahora Bush nombró a Kissinger al frente de una comisión especial que investigará las fallas de los servicios de inteligencia en los sucesos del 11 de setiembre. Una investigación a fondo podría arribar a conclusiones sorprendentes, como veremos en próxima nota.

Invasiones y bombardeos

El intervencionismo yanki siguió su curso. Al golpe en Brasil le siguió la intervención en la Dominicana (donde tropas de la flamante dictadura brasileña participaron junto a los marines yankis), el golpe en Chile, las invasiones en Granada y Panamá, fuera del continente en Kosovo y en Afganistán, el rearme de Israel hasta los dientes. Y ahora Irak en la mira de los bombarderos. *

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