El pretendiente a la presidencia argentina con la prensa extranjera

Saá cree que su rival puede ser Carrió

Sigue escéptico en cuanto a la actitud de Eduardo Duhalde de conducir un proceso transparente y por eso le dijo a LA REPUBLICA que insistirá en las calles el 20 de diciembre, a un año de la renuncia de De la Rúa, para que se anticipen las elecciones, ya que no cree que salga aprobado el nuevo cronograma electoral que fija las presidenciales para el 27 de abril, y el segundo turno para el 18 de mayo, una semana antes que asuma el mandatario que gane la compulsa.

El ex gobernador de San Luis estuvo largo rato con la prensa extranjera y no quiso ser comparado ni enrolado en la corriente que muchos ven avanzar en Latinoamérica, con Chávez, Lula y el nuevo mandatario ecuatoriano, Gutiérrez. Aunque todos ellos  con sus diferencias, incluso con él mismo  le caen simpáticos, pide no simplificar las cosas.

Cree que podrá entrevistarse con Lula cuando el nuevo presidente llegue aquí por menos de un día, la semana próxima. De todos modos, el cambio en el vecino país le parece acorde con sus planteos programáticos y con convertir al Mercosur en el objetivo privilegiado de la política externa, tema que remarcó una y otra vez. Incluso es partidario de la moneda común y de la llamada «moneda verde» que el PT propugna como comercio compensado agrícola con la Argentina. A la primera propuesta la ve supeditada a una rígida política fiscal.

Sostuvo que una alianza argentino-brasileña podría controlar la mayor plataforma marítima del planeta, rica en alimentos.

En política externa adhirió a mantener buenas relaciones con los EEUU, desde posiciones de defensa del interés nacional «así como ellos defienden lo suyo. No sé por qué debería ir a Washington antes de las elecciones», dijo cuando se le preguntó sobre esa eventual visita a los EEUU. Con relación a las empresas privatizadas, quiere verificar el cumplimiento de los contratos y proceder en caso de que no fueron de aplicación correcta, aunque no mencionó la palabra «anulación».

El dirigente puntano no cree que en el peronismo haya selección democrática y que cada uno de los que vienen de ese espacio irá a las presidenciales con sello propio. Por eso, fue reacio en responder si iría por fuera del Partido Justicialista en caso de no ganar la interna, que en esta venza Menem, como dicen algunas encuestas.

Es cierto que en las presidenciales casi todas las encuestas lo dan primero a Rodríguez Saá, seguido de la diputada Elisa Carrió que desde que reanudó su campaña electoral y presentó su programa de alternativa, comenzó a crecer en las compulsas y luego va el líder riojano.

El puntano descree que el santafesino Carlos Alberto Reutemann pudiera hacer una buena elección en caso de ser convencido por varios sectores peronistas, que abandone su cerrazón para ser pretendiente. «Tiene sólo el 7% de intención de voto», dice el entrevistado, casi desdeñándolo a él y a la prensa que a su juicio lo eleva por encima de lo que representa realmente en tanto que su figura es virtualmente ignorada.

Rodríguez Saá, al contrario que Menem, no quiere ver a las FFAA participando de la seguridad interna y calificó duramente esa propuesta. Sostiene que antes de pagar la deuda externa privada, debe ser auditada, en cuanto a su legalidad y monto, puesto que no hay una suma exacta y que es pasible de haber generado negociados.

Quiere por eso que sea el Parlamento el negociador con los acreedores, una vez establecida la verdad sobre la deuda, y no como lo ha propuesto el ministro de economía, Roberto Lavagna, que se licite qué banco será encargado de esa negociación con una quita fuerte y que no pueden presentarse al concurso aquellos que estuvieron en negociaciones que endeudaron a este país. Crítico fuerte de la política económica actual, sigue fustigando la devaluación y es partidario de anclar la divisa, una especie de nueva convertibilidad, hasta poder aplicarse un mercado libre. Cree que como prioridad es reactivar el mercado interno, del que solo se usa ahora un 30% de su potencial y que el dinero que hoy se destina a ayuda social, debería servir para generar empleo genuino, en planes estatales y privados.

«No sé que se discute con el FMI», respondió a la pregunta sobre el estado actual de la interminable negociación, pero es partidario de mantener conversaciones serias con los organismos financieros internacionales. No cree que antes de dos generaciones, unos 15 años, la Argentina pueda volver a ocupar un papel relevante en el mundo. *

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