En Ecuador se acentúa una tendencia continental

 

Lucio Gutiérrez ganó la Presidencia de Ecuador con más del 54% de los votos en el segundo turno del domingo 24. Fue una confrontación tajante entre el candidato de las fuerzas populares, de izquierda y de las poblaciones indígenas, contra los sectores de la oligarquía y el gran capital personificados en Alvaro Noboa. A cuatro semanas de la histórica victoria de Lula, la elección ecuatoriana marca una tendencia que se acentúa en América Latina: la unión de las fuerzas progresistas de diversas vertientes y su alianza con los movimientos de las etnias originarias, para alcanzar el gobierno con millones de votos ciudadanos en elecciones inobjetables.

Unión de fuerzas populares, de izquierda e indígenas

Fue notable el crecimiento de la candidatura de Lucio Gutiérrez. Al comienzo de la campaña ni siquiera se le mencionaba entre los dos posibles aspirantes a la segunda vuelta, y sin embargo llegó a la cabeza entre 11 candidatos. El resultado del domingo pasado se confirmará en la elección de Riobamba, capital de la provincia de Chimborazo, el 1º de diciembre.

Es una clara victoria de la alianza de las fuerzas progresistas en sus diversas tendencias y variedad de organizaciones, incluidos varios partidos de izquierda, con las formaciones que nuclean a los indígenas de las distintas etnias (más de 3,5 millones de los 12 millones de la población total), que han confluido en grandes movilizaciones en las calles y carreteras con movimientos sindicales y sociales. En este conglomerado que llega al gobierno, es muy fuerte la impronta indígena. «Con la victoria de Lucio, nosotros gobernaremos», declaró Miguel Lluco, coordinador del movimiento Pachakutik, brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Connie), en estrecha alianza con la Sociedad Patriótica 21 de Enero formada por Lucio Gutiérrez.

en cuanto a sus objetivos inmediatos, éste declaró: «Trabajaremos muy duro para combatir el déficit fiscal y mantener cifras macroeconómicas positivas, pero eso no sirve de nada si no hay una mejor distribución de la riqueza, si no ponemos énfasis en reactivar la producción para generar más empleo, si no combatimos la pobreza» (que según las estadísticas sobrepasa el 60% de la población). Ello incluye en lugar prioritario las reivindicaciones de las etnias originarias (siempre se refiere a «los pueblos» de Ecuador, en plural), una tarjeta médica universal para la atención de la salud, una atención concentrada en la educación. Las negociaciones con el FMI se llevarán a cabo «tomando en cuenta las necesidades de la población». Sobre la base militar de Manta, expresó que «si las actividades de EEUU se desvían un milímetro del uso específico contra el narcotráfico, se debe rescindir al convenio». Un punto fundamental del programa es la lucha contra la corrupción en todas sus dimensiones.

La campaña crapulosa de Noboa

Este programa fue enfrentado por Alvaro Noboa en la campaña más deshonesta de la historia electoral de Ecuador. El multimillonario banquero y bananero (que en la lista de «los dueños de América Latina» de la revista Forbes figura con 1.200 millones de dólares) puso en juego la fortuna de que dispuso tras haber estafado en la herencia de su padre a sus dos hermanas, que le hicieron un juicio. En los dos turnos sobrepasó los gastos autorizados, lo que mereció la doble condena y multas en metálico del Supremo Tribunal Electoral. El corresponsal de IPS en Quito, Kintto Lucas, describió la prepotencia gangsteril y los insultos de Noboa y sus capangas contra los periodistas que cumplían su labor en forma independiente, unido a la amenaza de dictar medidas de control de la prensa en caso de ser elegido. A tono con estos desplantes, embarró la campaña electoral acusando a Gutiérrez de malos tratos a su esposa (una vil calumnia, según quedó demostrado), formuló acusaciones falaces contra Chávez que debió retirar del circuito publicitario ante la protesta formal del gobierno venezolano, y buscó embretar la elección, cortando grueso, entre «el comunismo del golpista Gutiérrez» y la empresa privada representada por él (Noboa).

El reverso de la medalla

Todo el intento de definir la elección ecuatoriana mediante esa falsa dicotomía (como hasta ayer mismo lo seguían haciendo canales televisivos de matriz norteamericana, reproducidos a la letra por informativos locales) fracasó ostensiblemente. El pueblo ecuatoriano sabe que Lucio Gutiérrez es cualquier cosa menos un golpista. En la famosa jornada del 21 de enero de 2000 logró evitar que las fuerzas militares y policiales reprimieran una manifestación multitudinaria encabezada por los indígenas, que reclamaban la renuncia del presidente Jamil Mahuad por actos de corrupción notoria. Luego dio un paso al costado, y facilitó  una vez que Mahuad se marchó  que la Presidencia pasara a manos del vice Gustavo Noboa, el mismo que le entregará el mando el próximo 15 de enero. Por más datos al respecto puede consultarse la nota («Fujimorazo en Ecuador») de alguien tan insospechado de simpatía por la izquierda como Mario Vargas Llosa, reproducida en Búsqueda el 10 de febrero de 2000.

En la elección se confrontaron, de hecho, dos figuras representativas de dos orientaciones políticas y filosóficas diametralmente opuestas. En el contraste aparece Lucio Gutiérrez como un militar fiel al pueblo, graduado con el mejor promedio en Ingeniería Civil, catedrático de Geopolítica, licenciado en administración de empresas, con certificados en relaciones internacionales y defensa continental, además de campeón de pentatlón militar. Tras el 21 de enero fue cortada su carrera militar y estuvo cuatro meses preso, hasta ser amnistiado por el Parlamento. Ahora ingresará al palacio de Carondelet.

El nuevo rumbo

En menos de un mes, dos auténticos representantes de las fuerzas populares (aunque muy disímiles entre sí) conquistan por elecciones intachables la presidencia de sus países. Una tendencia nueva se va afirmando en el continente. Al respecto habrá algo más que decir. *

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