El ex presidente quiere a los militares en la calle para combatir la delincuencia

Quieren frenar a Carlos Menem

 

En verdad, fue el ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien asumió el reto de que el dinero liberado vaya a la reactivación o a los bancos y no al dólar. Prudentemente, el Presidente prefirió no ser el protagonista de una medida que internacionalmente fue un suceso. Es que medio gabinete teme por un salto en el vacío abrir el corralito sin acuerdo formal con el FMI.

El paso no es menor, aunque no puede desligárselo del intento de cubrir una medida tan impopular como el aumento de tarifas y sobre todo la explosión mediática de la miseria estructural. Vayamos por partes.

El Presidente logró que la mayoría de los gobernadores, solo faltaron tres menemistas y la señora que representa al ex gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, avanzaran con él por– senderos políticos y económicos que deberían ir en dirección al acuerdo con el FMI y a taponar el camino tanto al riojano como al puntano.

Con esa perspectiva, obtuvo respaldo para suspender la ley sobre internas abiertas y obligatorias que le permite correr todo lo que pueda la definición de quien será el candidato presidencial por el peronismo.

Aclaremos: siempre que realmente ese día llegue porque se busca algún artilugio para que todos los pretendientes del partido Justicialista vayan directamente a las elecciones cuya fecha se alargó lo posible para que Duhalde pueda irse el 25 de mayo, sin tener que compartir el poder político con el que resulte electo.

En la burocracia partidaria y estatal, Duhalde va acorralando a Menem y ya tuvo su primer victoria fáctica en la cámara alta donde los hombres de ex mandatario no solo no alcanzaron a bloquear que se aprobara el nuevo cronograma electoral, sino que exhibieron una desnudez de fuerzas significativa.

No fue solo el menemismo quien bloqueó que el nuevo diagrama electoral fuera debatido como quería el Presidente, primero por los diputados. Aquí fue el radicalismo sobre todo, pero también el ARI y otros sectores menores, quienes tratan de que se atiendan a las decenas de miles de deudores hipotecarios amenazados de perder campos, viviendas o maquinarias prendadas sino se logra una legislación que de alguna manera, atempera o suspende la actual ley de quiebras, altamente favorable a los bancos.

Es una más de las concesiones al FMI esto de no rozar siquiera esa legislación. Lo cierto es que los diputados radicales dejaron mal parados a sus gobernadores y al jefe partidario que habían prometido a Duhalde resolver con urgencia el cronograma, una de las certezas que reclaman desde Washington. «Es sabotaje», tronó Duhalde: teme que en diputados se demore la aprobación del plan electoral.

El FMI mueve otra vez el arco

El Presidente, por error, pensó que serían los senadores los más remisos, visto la currícula del cuerpo que en cada caso enredado saben sacar partido con concesiones de un amplio espectro. Le dieron ahora aire.

A fin de mes concluyen las sesiones ordinarias que –no serán prorrogadas, de modo tal que sólo se puedan abordar los temas que quiere o necesita– el gobierno, entre ellos el presupuesto del 2003, donde están incluidas o a incrustarse disposiciones que vayan atendiendo la conflictiva relación con el FMI. El acuerdo no se concluye y peor aún cada vez que parece que es posible que se redacte el borrador final, surge un nuevo reclamo.

En las minutas del último viaje del ministro de economía, Roberto Lavagna, se dice que con el acuerdo entre el Presidente y los gobernadores, puntos políticos y económicos, alcanzaba como señal de respaldo. Pero una vez logrado, el Fondo reaccionó con dureza: reclamó su implementación. «Nos corren los postes», protestan en el oficialismo que no tienen dudas que el directorio dividido– del FMI no tiene voluntad política para el acuerdo.

Pero ni Lavagna ni Duhalde tienen una explicación del porque de esa tozudez, visto que si bien con reticencias y negociando con cierta dignidad, de todos modos, las concesiones son fuertes. El no pago de la letra vencida con el Banco Mundial por 810 millones de dólares, aunque mal vista por el mundo de las finanzas mundiales, no es la causa; en todo caso, hace tiempo que pudo haberse suscripto el convenio que solo pide una reprogramación de pagos. Incluso el FMI prorrogó un vencimiento estos días.

Como en el mito de Sísifo, Duhalde debe volver a empezar cuando cree haber llegado a la cima, pero no descubre la inquina, si es él, o porque en última instancia pese a que dicen despreciarlo, los hombres del Fondo están ayudando a desbrozar el camino que el Presidente quiere torpedear: el del regreso de Menem. Lavagna cuenta que el ex presidente giró un mensaje suficientemente paralizante para cualquier rúbrica: que Duhalde deberá irse el mes próximo, lo que en principio, no cierra con la realidad.

En el gobierno buscan explicaciones y el futuro en la borra del café. Están los que esgrimen tesis conspiradoras: que es un castigo por el default que proclamó como una victoria el interregno de Rodríguez Saá o que la segunda del Fondo, Anne Kruëger, busca la quiebra del país para implementar una novedad de la que es autora, o que con Duhalde no quieren acordar nada.

Otros pasan el peine fino en las diversas posturas de los países que integran el directorio del FMI, donde los alemanes se destacan por su dureza. En Berlín apuestan a otro Gobierno criollo para acordar.

Los mismos perdedores de siempre

Para entender y que lo entiendan, Lavagna estará la semana próxima por cuatro países de Europa.

Hay un calendario que rige en el Banco Mundial que si no se paga la deuda vencida, va camino a cortar desembolsos de créditos que están destinados a las provincias. Lavagna sostiene que esa eventual poda no afectará el plan de auxilio a casi dos millones de cabezas de familia, la herramienta clave de la tensa paz social porque tienen financiación estatal, nada depende del exterior.

Las estadísticas cuentan que desde que el Plan de auxilio está vigente, los cortes de ruta que en mayo alcanzaron los 514, bajaron a 86.

Pero si se anulan créditos que tenían por destinatarios a las provincias, se crearán otros frentes de conflictos, como la paralización de obras públicas.

A pesar que al Banco Mundial este año se le han pagado 4.300 millones de dólares y el país no recibió uno solo, la decisión es frenar el drenaje, defender las reservas de divisas, como arma de negociación evidente que tiene respaldo interno efectivo, incluso entre los críticos y desconfiados, excepto el menemismo y el liberalismo ortodoxo, su aliado. ¿Hasta donde podrá mantener Duhalde esta actitud que impuso el ministro de economía? ¿Hasta donde apretará el Fondo?

Sea por convicción o por cualquier motivo, en el Gobierno transmiten pesimismo sobre un convenio este año. Pesimismo no exento de certeza que sin el FMI no habrá debacle al menos para cumplir con el cronograma electoral e iniciar la renegociación de la deuda privada. Sus bases: señales dando final a la recesión de cuatro años, la estabilidad de precios y de la divisa el aumento de las reservas. La liberación del corralito, es decir el uso irrestricto de los depósitos a la vista, no los dineros que estaban en dólares en plazo fijo, el llamado corralón, tiende a exhibir seguridad sobre el futuro.

¿Será posible este remanso macroeconómico con el aumento de las tarifas de servicios que se vienen, aunque se diga que no afectará los bolsillos de los más pobres?

Duhalde ha cambiado de ganadores, pero no alienta esperanza para las víctimas del neoliberalismo, excepto la caridad como instrumento de paz social y no de justicia ni para ir modificando el sistema que ha creado situaciones tan perversas como miles de niñ
os que mueren anualmente de hambre, generaciones enteras condenadas a deformación en su desarrollo.

El estallido mediático de legiones de famélicos puede inducir a una manipulación política. El duhaldismo busca que con el drama el costo lo pague Menem, porque sin duda es secuela de su década en el poder. Pero el mayor gasto lo sufre Duhalde, porque es convincente que todo se agravó con la devaluación que hizo caer estrepitosamente el ingreso real.

Menem quiere a los militares en las calles

Es creíble para Duhalde que Menem apueste al caos como parte de su estrategia de poder. Algo es visible: nadie como él es más funcional al sesgo ultra conservador de la Casa Blanca. Por lo pronto su discurso es más derechista que en el pasado y está es dirigido a las angustias más profundas de la sociedad, como la seguridad, que para afrontarla pide instaurar el Estado de Sitio y hacer patrullar los grandes centros urbanos por las FFAA cala en algunos sectores sociales. ¿Cuánto? Lo suficiente para tenerlo muy en cuenta.

La apelación a los militares, tiene en la mira la reacción social y no al delito. Hace tiempo que el ex pide mano dura con los piqueteros, no los quiere como presencia de contención, acaso por que crea son movimientos de aprendizaje de rebelión. «Es un fascista», replicó el pretendiente cordobés, José Manuel de la Sota.

La idea de un «argentinazo» esta solo a la vista de sectores radicalizados sin medir el estado de decepción de una mayoría visible. Ergo: un paso en falso puede ser funcional al menemismo.

Menem sabe instalar temas: el del futuro papel de los militares obligó a Duhalde a no enfrentarlo y promete el oro y el moro para transformar los odios de millones sobre las secuelas de su década neoliberal en alguna esperanza. Su éxito, que sería como una aplicación de libro del síndrome de Estocolmo, depende en gran medida de que se instale una alternativa.

Por el lado opositor, solo puede ser y depende de muchas cosas, el espacio que encabeza Elisa Carrió.

Lo que hoy se vislumbra es un escenario de tres pretendientes peronistas: Menem que querrá quedarse con el sello del PJ con ayuda judicial, Rodríguez Saá con su sigla y un ahijado del Presidente.

Como De la Sota enflaquece. el más probable, Néstor Kirchner sueña combinar un compromiso con Duhalde con un frente progresista y hasta busca seducir al intendente socialista de Rosario, Hermes Binner para ese esquema.

O lo prepara como alternativa, si él, no es amparado por el poderoso aparato partidario bonaerense, oliendo crisis en la relación socialismo-ARI.

Es tarde para el peronismo encontrar el hombre ideal. Pero atención: un gran hombre (o mujer) en política, siempre es el encuentro de un gran carácter y de una gran circunstancia. *

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