Duhalde busca apoyo interno para negociar con el FMI
ISIDORO GILBERT
Eduardo Duhalde hizo un gesto político mirando dentro y no fuera del país. En el FMI obviamente la decisión disgustó ya que pueden leerla como apriete, pero no rompieron amarras: se seguirá negociando en búsqueda de un módico acuerdo que no traerá plata fresca sino una renovación de pagos. Ya se sabe: sin convenio, Argentina no usa sus reservas.
Que se haya dispuesto no abonar 800 millones de dólares cuando explotó la noticia que en la provincia de Tucumán cuatro niños habían muerto por desnutrición, no deja de ser simbólico. En rigor la muerte de la niñez es parte del paisaje argentino: según la Central de Trabajadores Argentinos, cada 25 minutos, muere un chico que en otro contexto económico-social y de decisiones política, pudo ser salvado.
Con todo, el Gobierno mira su actitud como un acto de audacia que le permitirá aceitar un pronunciamiento que entre esta noche y mañana piensa lograr con los gobernadores de todas las provincias y los líderes parlamentarios «potables»: no ha sido invitada la líder del ARI, Elisa Carrió. Ni que hablar de la izquierda ortodoxa.
La relación futura con el FMI supone el Presidente depende en gran medida del respaldo que logre de esos espacios provinciales y legislativos. Pero los compromisos políticos si bien son necesarios no son suficientes para vulnerar la ¿cerrazón? del directorio del FMI.
Las trabas no serían de carácter político: Lavagna jura que la nebulosa electoral no está planteada en las negociaciones. «Tienen claro (en el FMI) que (Eduardo) Duhalde se va el 25 de mayo. Lo demás, no les importa», afirma, aunque sabe que la preocupación existe.
Duhalde y Lavagna necesitan que las provincias cumplan con achicar en un 60% su déficit, un compromiso de vieja data y comiencen a desmontar las monedas paralelas, que son las que les han permitido subsistir en estos tiempos de ajuste y recesión que comienza a dar síntomas de agotamiento.
Para un mamado no hay como un susto
Pero eso, que es de suyo muy doloroso de aplicar, tiene otras implicancias como lograr hacer aprobar el presupuesto para el año próximo con un superávit fiscal del 2,5% del PBI: a las provincias se le reclaman sacrificios mayores, justo cuando los casos de niños famélicos y espectrales, vienen de las áreas más pobres.
Un buen susto, la amenaza del default lo es, acaso los discipline para que en el fragmentado Parlamento, al menos los peronistas y los radicales, sumen fuerzas para hacer aprobar la ley de las leyes, pero también, que no meneen la prórroga de los vencimientos de créditos hipotecarios. Para el FMI esos alargamientos –que benefician a morosos en general modestos– violan la seguridad jurídica y la ley de quiebras que el Fondo le arrancó al gobierno.
Si Duhalde consigue ese respaldo de los caciques provinciales, incluso de los menemistas, podrá decir que el poder político que consiguió al juntar a todo en no menemismo en dos Congresos partidarios, lo reafirma con poder de gestión y respaldo suficiente para seguir negociando con el FMI.
Las interpretaciones de esta Gran Marcha sin héroes son varias. Las hay con condimentos conspirativos: «La (Anne) Krüeger quiere probar con nosotros su idea de incorporar a la práctica del Fondo, la posibilidad que los países quiebren», sostiene un miembro conspicuo de la delegación negociadora. La dama tiene un trabajo académico sobre el tema y busca un país para probar sus beneficios. A varios argentinos le llamó la atención que la señora preguntara «porque tienen pánico al default».
Por la idea de la durísima número dos del FMI se actuaría como con las empresas quebradas; se designaría un síndico quien adoptaría los recaudos para decidir con los acreedores: ¿La soberanía?: bien, gracias.
Fuentes de Wall Street desdeñaron a LA REPUBLICA esa teoría. De la misma manera –lo dicen también aquí– la existencia de planteos políticos, un quid por quo que podría reclamar la administración norteamericana para hacer entrar en razones al directorio del FMI: el mundo, Latinoamérica, la propia experiencia de la política exterior de los EEUU tientan demasiado a esa interpretación.
Lo objetivo es que después que tanto se dijo del respaldo del gobierno de George W. Bush a la Argentina, el viernes el secretario del Tesoro emitió un piropo, lo real es que el acuerdo no se cierra y no hay explicación satisfactoria del por que.
En Wall Street los operadores financieros, que hablan con los hombres claves del FMI resumen los escollos: a) escaso nivel técnico de la delegación argentina; b) actitud soberbia del ministro de economía (tal vez porque se niega a firmar «cualquier acuerdo»); c) no correspondencia entre los datos que ofrecen con los que tienen en el Fondo, d) la «mala señal» que significó rebajar el IVA cuando se pide mayor superávit fiscal para atender a los acreedores extranjeros.
Cuenta regresiva
En rigor esta poda «no significativa», dos puntos, quiere compensar un inminente incremento de las tarifas de los servicios públicos que sí es uno de los obstáculos, junto con el increíble reclamo que el gobierno obligue, de hecho, a la Suprema Corte a poner freno a los amparos.
La cuestión de las tarifas puede ser irritante y con secuelas, aunque por ahora las protestas son limitadas. En definitiva, una parte de la política, aunque no es la que marca los rumbos, puede torpedearlos o limitarlos, hoy transcurre en las calles: para el mes próximo a un año de la caída de Fernando de la Rúa, son vastos los sectores que se harán sentir en rutas y plazas.
En definitiva, todos asuntos monetarios y financieros, que dan o no, según se mire, sustentabilidad a la política económica y viabilidad al presupuesto a discutirse y con el fin que haya recursos para la deuda externa.
Sin default, sin ruptura con el FMI y con los organismos multilaterales, hay con todo una bomba que comenzó a funcionar. Si en 30 días, no hay acuerdo, quedarían suspendidos 81 proyectos en las provincias por 6.500 millones de dólares.
Lavagna sostiene que no, pero en otros sectores oficiales dicen que si no hay fumata, entraría en zona tormentosa el plan de auxilio a jefes y jefas de familia, la columna vertebral de la tenue paz social actual.
Un viejo negociador añade: «hay talibanes en las dos partes» y por eso el acuerdo se demora. Los que así opinan encasillan así al ministro de economía. Pero ¿qué razones pueden esgrimirse para pensar que Lavagna no quiere el acuerdo aunque refleje bastante escepticismo que se logre a corto plazo? En todo caso, Duhalde es el responsable final de la negociación: es impensable que estire la piola para sacar rédito de cruzado de los intereses nacionales.
Hay algo más que sirve como dato, aunque no otorga al Presidente el papel de no querer el arreglo: él no se cansa en insistir que la Argentina ha ido dejando la peor crisis de su historia «sola», que hay más que bolsones de reactivación y que incluso bajó la deuda externa por pagos que se han hecho a organismos multilaterales de crédito por más de 4 mil millones de dólares
En concreto, ni aquí ni en Washington hay certezas, sobre cuando se podría llegar a escribir el mítico memorando de entendimiento por el cual se aplica la refinanciación de compromisos, por cerca de 18 mil millones de dólares, deja en el olvido el ingreso al default, permitiría reactivar créditos e iniciar negociaciones con los acreedores privados para conseguir una quita sustancial y años de gracia que haga posible la idea de pagar los compromisos.
¿Espejismo?. En todo caso, nada gratuito para los sectores más necesitados.
La gran duda, ¿hay certeza?
Duhalde lo repite a diario, casi: «me voy el 25 de mayo». De allí para atrás, todo es posible en cuanto a cronograma electoral. Lo dijo incluso el ministro del interior, Jorge Matzkin, al comentar la resolución de la cámara electoral que restablece el 15 de diciembre como fecha de las internas abiertas.
Saben los jueces y los políticos que es pura bulla: no habrá ese día selección de pretendientes y poco importa como resuelvan las agrupaciones la designación del candidato. Excepto lo que ocurra en el peronismo.
A los gobernadores el Presidente le propondrá otro cronograma: elecciones presidenciales el 20 de abril, balotaje, el 11 de mayo. Menem está que trina: reclama el cumplimiento, con Rodríguez Saá, del fallo judicial..
Los duhaldistas no lo ocultan: todo es posible para evitar que Menem gane la interna. Poseedores de la verdad revelada, insisten que quien la gane en el PJ tiene asegurado el camino que lleva a la Rosada y a Olivos.
Duhalde tiene la iniciativa pero no sucesor. Menem que difícilmente iría por fuera del PJ como si lo haría el puntano juega como un fantasma con sus enemigos.
El Presidente no está seguro que los hombres que están en su grilla, sean el cordobés José Manuel de la Sota o Néstor Kirchner, con el adosamiento no imposible de la mujer de Duhalde, «Chiche» y si fuera posible del gobernador bonaerense Felipe Solá que escabulle el reto, puedan vencer al riojano aunque este sea muy vulnerable en una elección general. Sobre todo ahora que ha vuelto a la carrera, Elisa Carrió y siempre que no cometa errores.
Todas las combinaciones políticas y parlamentarias están abiertas. Si fuera posible constitucionalmente una ley de Lemas como la que sufrió el Uruguay, la aprobarían. Un sucedáneo legal se busca con la lámpara de Diógenes: ninguna tiene virtud.
Hay una que es impotable para Menem: que cada peronista vaya por las suyas a las generales; uno de ellos –están seguros– llegará y, acaso, otro será su ladero y los dos disputarán en el segundo turno constitucional.
¿Qué pasa si Carrió se mezcla? ¿O, menos probable pero no imposible, el centro-derechista Ricardo López Murphy con entrada en capas medias que siempre se ilusionan con un futuro sin los tormentos que piensan, viene pegados con quienes quieren el cambio?
La duda de las dudas es el grado de compromiso que quiera asumir la sociedad. Hay meses que vienen que no ocultarán la verdad. Porque no existen mentiras, solo verdades mutiladas. *
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