Un antropólogo, y experto de la región, analiza la situación en Chiapas

El zapatismo se está desmoronando lentamente

JORDI ZAMORA – MEXICO, AFP

 

El encapuchado subcomandante Marcos rompió aparentemente sus 18 meses de silencio el pasado 23 de octubre, pero sólo para mandar una carta y un poema a Monterrey, con motivo de una exposición, según publicó el diario La Jornada (izquierda).

«Siento que las bases indígenas (del zapatismo) han quedado muy aisladas. Me imagino que seguirán desmoronándose, aunque hay muchos municipios autónomos que pueden durar muchos años como tal, porque nadie quiere provocar violencia ahí», afirmó a la AFP Juan Pedro Viqueira, antropólogo del Colegio de México y experto en la región.

Los incidentes en el estado que vivió el alzamiento armado de 1994 son regulares, pero no sólo entre los zapatistas y sus enemigos, sino por disputas de tierras o religiosas.

«El riesgo de todas maneras son los incidentes violentos en la zona. Muchas personas se salieron del EZLN (Ejército Zapatistas de Liberación Nacional), pero con las armas. Hay muchos grupos armados que pueden provocar incidentes violentos», añadió. Viqueira acaba de publicar un libro, «Encrucijadas chiapanecas» (Tusquets Editores), que compila artículos y traza una historia alternativa del Estado, uno de los más pobres de México y con mayor proporción de población indígena, pero no aislado económicamente, sostiene el investigador.

Entre la última gran rebelión indígena, en 1712, contra el poder español, y la rebelión neozapatista, como la califica Viqueira, hay una continuidad histórica, pero no en los términos reivindicativos que utilizan los partidarios de Marcos, sostiene este investigador.

«Las dos rebeliones marcan un poco el principio y el fin de un ciclo económico. Las montañas mayas en 1712 se estaban empezando a transformar en una reserva de mano de obra para otras regiones de Chiapas. La rebelión zapatista se produce cuando eso ha dejado de ser cierto», sostiene.

Ese ciclo se cierra en un momento de gran expansión demográfica, «en el momento en que (los indígenas) más necesitan trabajo», señala, lo que ha provocado una profunda crisis económica.

«Desde el siglo XVI, Chiapas no se entiende sin los indígenas, y los indígenas no se entienden sin el imperio español. Todas las instituciones que vertebran los pueblos, son instituciones traídas de Castilla. Y no se entiende Chiapas sin su incorporación al mercado mundial, produciendo cacao» y otras materias primas, señaló.

Pero eso no evitó la marginación y la extinción de la población indígenas, según los porcentajes de su propio libro. En 1778, el 81% de la población chiapaneca era indígena. En 1990, sólo era el 26,42%.

«Tengo la impresión de que el levantamiento zapatista precipitó una evolución que se estaba gestando. Por ejemplo, la crisis económica: la rebelión vino a agravar la situación económica de los indios, sobre todo en la selva Lacandona (donde el movimiento conserva su base militar)».

«Vino a acelerar la expansión de los indígenas, que ya era notorio en los años 50. Hay indígenas que se están yendo a trabajar incluso a Estados Unidos. Eso es novedoso en Chiapas, pero de alguna manera es una continuación de ese proceso de expansión», añadió. *

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