Por primera vez en 150 años el jefe de la Iglesia Católica habló en el legislativo

Una histórica visita del Papa al Parlamento italiano

Con un discurso complejo, que duró 45 minutos, entre los más largos pronunciados recientemente, el jefe de la Iglesia se dirigió por primera vez en 150 años al Parlamento italiano, reunido para una sesión conjunta extraordinaria.

La intervención del obispo Primado de la iglesia italiana, ovacionado y recibido en forma triunfal, fue interrumpida veinte veces por los aplausos, mientras los canales de televisión tanto públicos como privados cambiaron su habitual programación para trasmitir la sesión en directo.

El sumo pontífice, de 82 años de edad, que sufre la enfermedad de Parkinson, apareció en buena forma, habló con voz clara y renunció a movilizarse en la tarima con ruedas que suele emplear durante las ceremonias religiosas debido a sus problemas físicos para caminar.

Tres tipos de argumentos abordó durante su intervención: de carácter nacional, europeo y mundial, denunciando ante todo la «terrible dimensión» que está adquiriendo el terrorismo internacional.

El Papa aprovechó la oportunidad para rechazar ante la importante tribuna europea toda responsabilidad de las tres religiones monoteístas, cristiana, musulmana y judía, en el desarrollo de tal fenómeno y afirmó que han sido involucradas «de una manera totalmente deformada».

Al hablar del eventual conflicto contra Irak, el anciano pontífice advirtió a los países cuya «matriz histórica ha sido la fe cristiana» sobre el riesgo de caer «prisioneros de la lógica de los enfrentamientos, que no tiene solución».

Invitó a todos esos países a trabajar para «encontrar caminos de paz, sin ignorar las actuales amenazas» que pesan sobre ellos.

En su exposición, el Papa reiteró de nuevo su preocupación por «las espantosas desigualdades» que marcan al mundo y se unió al coro de aquellos que critican la globalización salvaje sin alma y sin justicia.

Ante el presidente de la República, el Jefe de Gobierno y 800 diputados y senadores (a excepción de un pequeño grupo de laicos y comunistas que no quiso asistir), el Papa pidió que los valores católicos sean incorporados en la futura constitución europea.

A nivel nacional se pronunció a favor de «la clemencia» para algunos detenidos, tranquilizando a los sectores de derecha que se oponen, al comentar que «la medida no debe comprometer la seguridad de los ciudadanos».

Menos aplaudida fue la parte relativa a la disminución de los nacimientos y la defensa de la familia, en particular de los derechos adquiridos a través del matrimonio, y el rechazo a la unión libre de heterosexuales y homosexuales.

Durante su visita, el presidente de la Cámara de Diputados, Pier Ferdinando Casini, le regaló al Papa una reproducción en miniatura de la campana de la catedral de Cracovia, con la que se declaró abierta la sesión.

Todos los miembros del gobierno y representantes de las instituciones italianas saludaron luego personalmente al Papa en una sala separada del palacio del Parlamento, sede administrativa hasta 1870 de los Estados Pontificios. *

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