Putin pierde su sangre fría por la guerra en Chechenia

Chechenia saca de sus cabales al presidente ruso Vladimir Putin, quien al principio de la guerra ruso-chechena prometió aniquilar a los terroristas incluso en las letrinas, y el lunes, tres años más tarde, contestó exasperado a un periodista que le preguntaba sobre el conflicto proponiéndole circuncidarse «si quería convertirse en un islamista».

Al ser interrogado en Bruselas por un informador occidental sobre el uso en Chechenia de bombas de fragmentación que podría «erradicar la población», Putin, visiblemente irritado, habló largo y tendido sobre los «peligros» que representarían los islamistas radicales para los «no musulmanes».

«Si usted quiere convertirse en un islamista radical y está dispuesto a hacerse cincuncidar, le invito a Moscú. (…) Tenemos especialistas en ese tema y le recomiendo que se someta a esa operación para que nada vuelva a brotar», concluyó equiparando al parecer los términos circuncisión y castración.

Esta parte de la declaración no fue traducida al inglés el lunes durante la conferencia de prensa dada al término de la cumbre Rusia-Unión Europea, pero este martes fue portada en toda la prensa rusa.

«Si semejantes declaraciones fueron realmente hechas, están evidentemente fuera de lugar», declaró el martes en Bruselas Jonathan Faull, portavoz del presidente de la Comisión Europea Romano Prodi, añadiendo que no estaba al corriente de lo sucedido.

«Chechenia es un tema que acalora de lleno al presidente, puesto que es un fracaso evidente de su política», estimó el sociólogo Lev Gudkov del Instituto Vtsiom.

El lanzamiento de la guerra en Chechenia en octubre de 1999 permitió la subida al poder de Putin, un ex agente de los servicios secretos rusos (KGB), porque encarnaba la imagen de un hombre fuerte decidido a restablecer el orden en la república rebelde. *

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