Por ahora sigue la ruptura de Carrió con el socialismo
ISIDORO GILBERT
Elisa Carrió considera que sus relaciones con los socialistas argentinos han quedado cortadas, y definitivamente.
Las claves de esta ruptura que nada le hace bien al espacio progresista, hay que bucearlas en el debate interno entre el ARI (Alternativa para una República de Iguales) que es un partido creado por la combativa legisladora chaqueña con el socialismo.
Carrió se decidió a conformar con el ARI un partido político de alcance nacional, para poder definir sus políticas de acumulación y programa según nuevos criterios, esto es, colocando el consejo o elaboración de las propuestas en sectores independientes o en organizaciones sociales, espacios desde donde piensa que su partido irá creciendo y desde donde podría producirse la esperada renovación.
Además, aleccionada acaso por la experiencia de la Alianza, quiere evitar repetir ese camino.
En rigor, el ARI nació como un refugio de la legisladora cuando debió irse por mantener los principios de su partido raigal, la Unión Cívica Radical, lo que le significó una «traumática ruptura» con el referente de esa fuerza, Raúl Alfonsín, quien de hecho, la trajo a la política.
El ARI original no era un partido, sino un espacio donde los socialistas de la mano de su referente mayor, Alfredo Bravo, Carrió y poco a poco más disidentes del radicalismo y del Frepaso, pero además del peronismo, fueron conformado el tercer grupo parlamentario de la Cámara baja.
Desconfianzas
Paralelamente, y desde largo tiempo, se venía produciendo un interesante proceso de unificación de los partidos socialistas: el democrático, que encabeza Bravo, y el Popular, bajo la batuta del diputado nacional, Rubén Giustiniani.
En cierto modo, este proceso marcaba una tendencia diferente a la que habían arribado Carrió y su buen amigo Bravo: construir un nuevo partido.
Este periodista pudo observar el clima de tensión que se vivió el día en que se concretó, Congreso mediante, la unificación socialista.
A Carrió se la vio desganada; incluso cuando quien esto escribe preguntó a un legislador porteño del socialismo si la diputada vendría al encuentro, su respuesta fue sorprendente: «Mejor que no; el clima está tenso».
Pero Carrió vino, habló pero no fue presentada como la candidata a presidente del socialismo, a pesar que había previamente una resolución en ese sentido. Ocurrió lo incomprensible: algunos silbidos agraviantes para la legisladora.
Más tarde el socialismo decidió integrar un bloque de diputados nacionales independiente, aunque integrando un interbloque con el ARI. Ese paso anunciaba la tempestad de estos días. Dicho de otra manera, allí quedó fisurada la coalición y es difícil saber si los actores estaban siendo conscientes de que iban hacia una profundización de las diferencias. Carrió leyó como una desautorización a su liderazgo, la integración de un socialismo autónomo en el Parlamento.
¿Se quiebra el interbloque?
Para salvar las discrepancias se integró un comité ad hoc de cuatro miembros –dos por casa sector– pero no pudieron superar los escollos. La voz del ARI en ese grupo, el diputado Rafael «Balito» Romá, ex vicegobernador bonaerense en tiempos de Eduardo Duhalde con quien rompió dramáticamente, deslizó que no habrá una coalición como se estila para respaldar a Carrió presidenta.
Dicho de otra manera: el ARI y los socialistas son dos partidos independientes, que pueden o no mantener la candidatura mencionada.
El socialismo no decidirá todavía, acaso sólo por razones de prudencia, integrar su propia fórmula electoral que en lo formal significa que mantienen la de Carrió. La suerte de los tenues lazos actuales dependerá de lo que suceda en el futuro en el interbloque. Una voz socialista le dijo a LA REPUBLICA que su partido desea mantenerlo, pero otra que está al lado de Carrió aseguró que «hay que mantener ese ámbito».
Hay numerosas decisiones parlamentarias que resolver para que en pocos días se conozca qué sucederá en ese espacio legislativo.Todo puede sonar a una sucesión de episodios o anécdotas. Incluso la prestación por el socialista Giustiniani de un proyecto para despenalizar el aborto que Carrió rechaza.
Lo más visible que se observa son diferencias de enfoques en cuanto a acumular políticamente.
Carrió ve en la tradición y cultura partidaria del socialismo, un obstáculo para abrir las puertas del progresismo a sectores independiente y a organizaciones sociales.
El socialismo teme que jugadas como la pretendiente a la presidencia, conformen un liderazgo sin controles, y no quieren seguir por esa dirección. *
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