El PC chino abrió las puertas a los "capitalistas rojos"
Renovación es la palabra preferida del secretario general Jiang Zemin, para no quedarse atrás respecto de los cambios que se producen en la realidad y asegurarse el control.
Jiang, que tiene 76 años y dejará formalmente la conducción de China para seguir gobernando entre bambalinas, explicó en su testamento político la peligrosidad de los dogmas y del pensamiento conformista, ante los 2.114 delegados reunidos en la capital para el 16º Congreso del partido.
Hay que saber liberarse de las interpretaciones equivocadas del marxismo, dijo Jiang, «la renovación es sin límites, como la realidad. Superaremos a nuestros predecesores y nuestros sucesores irán más adelante que nosotros mismos».
La invitación es a la posteridad y el congreso sancionará el más radical cambio en la cumbre desde la muerte de Mao Tse Tung y la única transición pacífica de poderes en la historia del comunismo chino.
Durante una hora y media el secretario de este partido de 66 millones de afiliados ilustró su receta para mantener al PCC donde está desde hace 53, en el poder absoluto y sin rivales.
El mundo ha cambiado, la realidad de China también, pero la respuesta no es ni será nunca una democracia parlamentaria sino una cauta apertura a un debate interno y a fuerzas sociales nuevas -los capitalistas- porque no tienen la posibilidad de ser una clase y formar una organización política.
Los delegados presentes, algunos de ellos ancianos que hicieron la revolución junto a Mao, pero también una docena de millonarios enriquecidas con las reformas de Deng, escucharon en respetuoso silencio el discurso más importante desde que Jiang Zemin llegó al poder hace 13 años.
El informe, elaborado por una decena de personas bajo la dirección de Jiang, no negó nada del pasado del PCC e hizo referencia sólo con ligereza a los «principios cardinales» del marxismo chino, pero anunció que el partido comunista no es sólo la vanguardia de la clase obrera sino de todo el pueblo, de toda la nación.
«Este informe es un cambio muy significativo -dijo el politólogo Kang Xiaoguang de la Academia de Ciencias de Pekín- es un Congreso que pasará a la historia».
«Lo importante es que exista desarrollo económico y que el dinero llegue también a nosotros», dijo el delegado y obrero modelo Wang Jizong, ex minero de 53 años, de la región de Ningxia, oeste de China, que mira con envidia y esperanza la opulencia de la costa oriental.
En el discurso que describe el programa futuro, Jiang promete el bienestar a los 1.300 millones de habitantes de China, un país que seguirá desarrollándose, cuadruplicará el producto bruto interno (PBI) antes de 2020 y estará cada vez más abierto al exterior y a ser protagonista de la realidad internacional. *
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