Llamada desde el Air Force 1

Al día siguiente al triunfo de Lula, hace de esto poco más de una semana, el presidente electo de Brasil recibió llamadas telefónicas de los más prestigiosos gobernantes y líderes mundiales.

Por supuesto, la más esperada por los medios noticiosos era la del presidente de los Estados Unidos.

George W. Bush lo llamó a la tarde, hablaron por quince minutos.

Lo hicieron a través de intérpretes, lo cual hace que el tiempo útil de la conversación se reduzca a la mitad.

Todos pensábamos que la charla se había limitado a lo que es usual en estas circunstancias: un cambio de saludos, felicitaciones al vencedor en las urnas y deseos mutuos de buenas relaciones y trabajo conjunto. Nadie imaginó que se hubiera tocado algún otro tema, más específico.

Los rumores llegaron desde Europa a través del columnista de la revista Veja, Luiz Felipe de Alencastro, quien es profesor en la Universidad de París. Según él, Bush no se limitó a las felicitaciones protocolares y aprovechó la llamada para pasarle a Lula un mensaje a favor de los cazas F-16, fabricados por la empresa estadounidense Lockheed.

Ello vendría a propósito de una licitación, abierta hace tiempo por la Fuerza Aérea Brasileña, para la compra de varios de estos aviones por 800 millones de dólares.

Los norteamericanos compiten con el Mirage francés y ya se sabe que la decisión la tomará el próximo gobierno.

Luis Inácio Lula da Silva, un año atrás, se había pronunciado públicamente a favor de la propuesta francesa por varias razones: la firma Dassault ya es socia de Embraer y además ofrecía una transferencia de tecnología a su fábrica en San Pablo, lo cual generaría empleos e incluso exportaciones futuras de aviones de este tipo hechos en Brasil. Así lo declaró a la Gazeta Mercantil el 17 de setiembre de 2001.

Pero parece que Bush no da una por perdida y qué casualidad: los F-16 son producidos en Fort Worth, en el estado de Texas. Además, sabe de la presión que pone a quien lo recibe, un pedido del presidente de los Estados Unidos. A este nivel, no se da puntada sin hilo y tampoco se desaprovecha un telefonema de felicitación.

Lula no debe haber quedado muy tranquilo después de este comentario de Bush. Ya empiezan los grandes dolores de cabeza.

A su vez, en los cielos de su país, el presidente norteamericano debe haber colgado el tubo con una sonrisa de satisfacción, pensando que no estaría mal venderle unos cazas a este líder sindical que llegó al gobierno.

«Negocios son negocios», se dijo a sí mismo George W. Bush y dio vuelta su cabeza para mirar por la ventanilla de su avión presidencial, el Air Force 1.

Nada más apropiado que llamar desde aquí, para intentar vender otros pájaros de fuego. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje