"Los políticos corruptos sólo piensan en hacer un convenio con el FMI"
Más de 10.000 piqueteros, desocupados y vecinos pobres, ocuparon ayer el centro de la capital argentina para renovar sus reclamos de planes laborales y alimentos, en medio de la peor crisis económica del país en un siglo.
Después de recorrer las principales avenidas del centro porteño, y antes de concluir la protesta en la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, los manifestantes ocuparon la arbolada avenida Leandro Alem, frente a la cartera laboral, donde los dirigentes llevaron sus reclamos a la ministra de Trabajo, Graciela Caamaño.
«Tengo diez hijos, mi marido está sin trabajo desde el año pasado, comemos sólo cuando consigo que me den comida en el comedor (comunitario) del barrio», dijo a la AFP Ana María Robles, 48 años, que vino de Villa Tesei (periferia oeste) junto con la organización Barrios de Pie.
Mientras descansa sentada en el asfalto con otras mujeres, algunas con criaturas en brazos, Robles interroga: «¿Le parece que se puede vivir con los 150 pesos (42 dólares) que nos dan por mes?», pagados en Lecop (bono estatal cuasi moneda) a aproximadamente 1,5 millones de desocupados del país.
Al ingresar a la sede de la cartera laboral, el titular del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados, Raúl Castells, precisó los reclamos: «planes de empleo, el pago en término de la ayuda social y repudiar el (posible) aumento de las tarifas de los servicios públicos» que exige el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El Gobierno dio «pequeñas soluciones para cinco millones de desocupados», se quejó el dirigente del Polo Obrero Néstor Pitrola al salir del ministerio de Trabajo. «No nos vamos conformes y evaluaremos reforzar la lucha», amplió.
«Se prometen muchas cosas y nunca se concreta nada», se quejó a la AFP Alberto López, de 36 años, que coordina a un grupo de desocupados.
López dijo que «los políticos corruptos sólo piensan en hacer un convenio con el FMI. Mientras tanto hay mucha más pobreza, más desocupación y fábricas tomadas. Ellos se codean con caviar y champán mientras nosotros sólo tomamos mate y más mate (infusión sudamericana), infaltable entre los manifestantes.
Metros más lejos, en medio de la avenida, José, un cocinero de 46 años que está sin trabajo desde 1997, prepara en una inmensa olla comida para 400 personas que vinieron organizadas desde el humilde barrio porteño del Bajo Flores.
Mientras un niño mantiene vivo el fuego, José describe lo que denomina «el típico guiso de los pobres, con 47 kilos de arroz, un poco de carne y papas» y se va formando una ordenada fila de gente a la espera de su plato de comida.
Desde allí, a 300 metros, se divisa claramente la Casa de Gobierno, frente a la que ya algunos núcleos de pobres y vecinos esperan para concluir la protesta.
Antes de llegar a la Plaza de Mayo, una columna de manifestantes llevó la solidaridad de los desocupados a los estudiantes que tienen tomado el Rectorado de la estatal la Universidad de Buenos Aires desde hace semanas.
La protesta, que comenzó frente al Congreso de la Nación, generó un enorme embotellamiento en el centro de la capital argentina, ya que las columnas se concentraron en diversos puntos de esa área antes de iniciar la caravana. Argentina atraviesa por la peor crisis económica en un siglo, que llevó a niveles récord la desocupación (21,5%), mientras más de la mitad de sus 36 millones de habitantes vive en la pobreza. *
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