Votos versus abstención
El presidente George W. Bush, que votó en Crawford, Texas, esperaba en la Casa Blanca junto a su esposa Laura y a líderes republicanos los resultados de la jornada electoral que puso, por primera vez, a prueba su gestión.
En Florida donde el hermano del presidente, Jeb, se jugaba la reelección se vivía una jornada caracterizada por el alto índice de concurrencia de los votantes, pues se trasladó a la ciudadanía la obsesión de las autoridades estaduales para que el sistema electoral funcionara bien, luego del escándalo del escrutinio en las presidenciales del año 2000.
En aquella oportunidad, las cadenas televisivas dieron el bochornoso anuncio de la victoria del candidato demócrata Al Gore como nuevo presidente del país.
Pocas horas después, el resultado incompleto en Florida devolvió todo a su lugar y, finalmente, el republicano Bush logró el boleto para la Casa Blanca.
El interés de los electores del «estado del sol» quedó reflejado también en los 200.000 que sufragaron en los últimos tres días en forma anticipada, ante la imposibilidad de hacerlo el martes, y en el mayor número de centro de votación anticipada dispuestos por las autoridades.
Las llamadas elecciones de medio término son generalmente seguidas con apatía en Estados Unidos, y apenas un promedio del 39 por ciento de las personas con derecho a voto concurren a las urnas.
Este año se esperaba que entre 70 y 75 millones de estadounidenses concurrieran a votar y por ello fue común ver imágenes de ancianos llevados en automóvil hasta los lugares de votación, y oficiales del sistema electoral alcanzándoles los aparatos para sufragar.
También se dispusieron equipos de voluntarios que recorrieron los hogares de los votantes para incitarlos a sufragar.
Con el escándalo de Florida fresco en la memoria, numerosos distritos estrenaron nuevos sistemas de votación.
La renovación más importante se vio en Georgia, donde se utilizaron alrededor de 19.000 máquinas con pantallas de contacto, en las cuales simplemente con apoyar un dedo en el nombre del candidato elegido se resolvió la situación.
«Fue más fácil que usar un cajero automático», señaló Tracy, una joven votante de Atlanta.
Máquinas similares fueron utilizadas en el condado de Montgomery, en Maryland, y en varios distritos de Miami, en Florida, donde se descubrió que algunas de las computadoras estaban mal programadas, pese al esfuerzo declarado por las autoridades.
La elección se extendía hasta la medianoche hora de la capital, recorriendo todos los husos horarios que ocupa el país.
Entre los distritos clave, los comicios se cerraban a las 19 (siempre hora de la costa este) en Florida, a las 20 en Texas y a las 21 en Minnesota.
Las últimas urnas que se clausuraban eran las ubicadas en los estados de California, Washington y Hawaii (a las 23) y las de Alaska (a la medianoche).
Este año, el mandatario republicano enfrentaba en los comicios de medio término la primera prueba electoral sobre su gestión.
Todavía sostenido por el consenso generado alrededor de su figura en un país atemorizado tras los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001, Bush logró evitar que la débil economía lastimara seriamente las campañas de los candidatos de su partido.
Bush, impulsado por su popularidad (es el presidente que llega mejor ubicado a esos comicios de mitad del mandato en los últimos cincuenta años), llevó a cabo una maratón de mitines entre el sábado y el lunes, recorriendo numerosos estados y hablando en más de una docena de actos partidarios.
Las previsiones señalaban un estrecho margen de ventaja para los republicanos en las legislativas y carreras muy cerradas en varios de los estados donde se elegían gobernador.
Además de las novedades tecnológicas, las elecciones del martes tuvieron otro detalle significativo: fueron las últimas en cuyas campañas los partidos pudieron recolectar donaciones privadas sin límite de montos, conocidas como «soft money». *
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