El saldo de 20 meses de gobierno
Los atentados suicidas palestinos continúan en Israel a pesar de las promesas de Ariel Sharon de acabar con la Intifada y el país se hunde en la recesión: tras 20 meses en el poder, el primer ministro israelí presenta un balance desigual pero sigue siendo sorprendentemente popular.
Con un gobierno minoritario desde que el pasado 30 de octubre, cuando se retiraron los ministros laboristas, Sharon decidió este martes convocar en un plazo de 90 días elecciones anticipadas, que según todos los sondeos ganará su partido, el Likud.
Si se compara el programa de Sharon con los resultados de su mandato, es inevitable constatar que no ha cumplido el principal compromiso que adquirió durante su campaña electoral, el de «restablecer la seguridad» de los israelíes, o dicho de otra forma, acabar con el levantamiento palestino que comenzó a finales de septiembre de 2000.
«Yo diría que es un balance atenuado porque había prometido la paz y la seguridad y no hay ni paz ni seguridad», resume el analista israelí Efraím Kam, subdirector del centro Jaffee para Estudios Estratégicos de la universidad de Tel Aviv.
Las cifras hablan por sí mismas: el día que asumió sus funciones, el 7 de marzo de 2001, 65 israelíes habían muerto a manos de palestinos desde el inicio de la Intifada. Veinte meses después, el número de víctimas es de 639, incluyendo los últimos muertos tras un atentado suicida perpetrado el lunes al norte de Tel Aviv.
Unos días antes de su triunfo electoral, Sharon aseguraba que si llegaba al poder, los padres podrían «enviar a sus hijos a tomar el autobús sin miedo».
De hecho, algo tan banal como tomar el autobús es siempre una lotería para cualquier israelí.
Pero, pese a la distancia entre promesas y realidad, «la mayoría de los sondeos muestran que los israelíes le dan una nota bastante alta por sus resultados en materia de seguridad», comenta Kam.
El porcentaje de israelíes que se declaran satisfechos de la actuación de Sharon no ha descendido prácticamente en ningún momento por debajo del 50%, un resultado notable teniendo en cuenta la situación del país. «En cierto modo, parece ser el hombre que conviene en estos momentos», afirma Kam para explicar esa aparente paradoja.
El jefe del Likud (derecha), partidario de la severidad frente a los palestinos, responde únicamente a la Intifada con la represión, lo que según sus críticos garantiza la continuación de la violencia.
«Es uno de sus fracasos. No ha logrado proponer una vía política para salir de la crisis», destaca Kam.
El otro fracaso que le imputan sus detractores tiene que ver con la crisis económica y social que atraviesa el país, la más grave de toda su historia. El Producto Interior Bruto (PIB) cayó un 2,9% durante el primer semestre del año, confirmando que la economía está en plena recesión, mientras el nivel de desempleo alcanzaba el nivel récord del 10,6% de la población activa y podría elevarse el próximo año al 11,5%, según el ministerio de Finanzas.
El lunes, un informe oficial confirmó que 1,17 millones de israelíes, el 19,6% de la población, viven por debajo del umbral de la pobreza. *
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