La invasión a Irak y las elecciones estadounidenses

 

La invasión a Irak entró de lleno a la campaña para las elecciones legislativas de mitad de mandato que se verificarán hoy en EEUU, que determinarán la renovación total de la Cámara de Representantes de 435 miembros con actual mayoría republicana, de 34 de los 100 miembros del Senado (donde existe una virtual paridad de 49 tras la muerte del demócrata Paul Wellstone hace unos días) y de 36 de los 50 gobernadores.

Los perros del circo

Los golpes bajos caracterizaron la campaña electoral, en que los candidatos acusan a sus rivales de practicar sospechosos acuerdos financieros y de servir los intereses de poderosos empresarios. En New Jersey, el senador republicano Douglas Forrester acusó ante la justicia a su rival demócrata Robert Torricelli (el autor de la ley infame que acentúa el bloqueo contra Cuba) de aceptar donaciones ilegales de grandes consorcios, lo que determinó la renuncia a su postulación. En ese contexto, determinados aspirantes pintaron a sus oponentes como aliados y cómplices de Osama bin Laden y de Saddam Hussein. Es lo que hizo en Georgia el candidato republicano al Senado Saxby Chambliss, quien presentó a su rival, el veterano de guerra Max Cleland, en imágenes mezcladas con Osama y Saddam, alegando que votó en contra «de los vitales esfuerzos de seguridad desplegados desde el 11 de setiembre» por el presidente Bush. En la réplica, el acusado mostró a su acusador como un perro saltando al compás de la música ejecutada por las grandes empresas químicas y farmacéuticas. En Dakota del Sur, donde la disputa es de las más cerradas, el congresista republicano John Thune usó una imagen del presidente irakí como fondo para proyectar la imagen de su oponente demócrata Tim Johnson, atacando su postura sobre la seguridad nacional.

El tema se trasladó a otros escenarios. En medio de la campaña salió un videogame consistente en apuñalear a Hussein. Pero no se trata sólo de la guerra psicológica. El 2 de noviembre, en el climax de la campaña electoral, zarpó de San Diego, California, el segundo portaaviones yanki, el USS Constellation, rumbo al Golfo Pérsico junto a otras 6 naves, transportando 75 aviones y 5.000 marines y aviadores, que se unirán a otros barcos yankis y a una flota británica ya situada en la zona. Se anunció también que EEUU ha comenzado a entrenar a 5.000 disidentes irakíes.

La CIA, Bin Laden y Saddam

En realidad, como subrayaron las fuerzas que en EEUU se oponen a la guerra, la CIA le enseñó a Bin Laden todo lo que sabe de terrorismo: adiestrado, armado y financiado por ésta, fue uno de los principales «guerreros de la libertad», como denominaba Reagan a los combatientes contra los regímenes prosoviéticos de Afganistán. Y en cuanto a Saddam Hussein, de EEUU recibió las armas químicas que utilizó contra los kurdos en su país y contra Irán durante los ocho años de guerra.

Las fuerzas opuestas a la guerra exterior y la represión interior que pretende imponer el gobierno de Bush han protagonizado estos días importantes acciones. El 19 de setiembre se publicó a página entera en The New York Times un remitido firmado por más de 2.000 intelectuales, artistas y escritores, el ex procurador general Ramsey Clark, religiosos, jueces, abogados y periodistas, negándole a Bush el derecho a hablar en su nombre y rechazando frontalmente su política belicista y represiva. «No en nuestro nombre» se titula este notable documento. En el mismo sentido, el 26 de octubre más de 100.000 personas marcharon por las calles de San Francisco y más de 200.000 rodearon la Casa Blanca en Washington, con un llamado a detener la guerra. Las demostraciones fueron iniciadas por Answer (iniciales en inglés del lema: Actúa ahora para detener la guerra y acabar con el racismo) y apoyadas por cientos de organizaciones a lo largo del país. Uno de los carteles repetido a lo largo de las manifestaciones, que recordaban las que se opusieron a la guerra de Vietnam, decía: No war for oil (No a la guerra por el petróleo).

Los tres niveles

Del mismo modo que la guerra de Afganistán trataba de asegurar una ruta para el transporte seguro del petróleo y gas del mar Caspio hacia los centros de distribución mundial, ahora el gobierno de Bush procura apoderarse de los hidrocarburos de Irak, segundo productor mundial con sus casi dos millones de barriles diarios, en previsión de una futura escasez y para lograr precios bajos. No otro es el objetivo real de la maniobra que el gobierno de Washington está ejecutando en tres niveles, que en realidad están marchando los tres juntos.

El primero consiste en forzar a la ONU para que autorice una intervención en su nombre. Esto encuentra grandes dificultades por la oposición de Rusia, Francia y China, partidarias del envío de inspectores como instancia previa a cualquier otra decisión. EEUU sigue ejerciendo formidable presión en ese sentido, John Negroponte mediante. Ahora la extiende al próximo gobierno turco que surgirá de la arrolladora victoria del partido islamita Justicia y Desarrollo (AK), para proseguir los bombardeos al norte de Irak desde la base de Incirlik. Si esto no camina, procura lograr la adhesión de la OTAN a fin de invadir con sus fuerzas bajo mando norteamericano, para lo cual también se topa con reticencias varias. En último caso, lanzaría la invasión con sus propias fuerzas, contando con el visto bueno del Congreso. En pleno fragor de la batalla electoral, demócratas y republicanos no se diferenciaron en este aspecto primordial. Formaron un solo bloque, casi sin excepción.

La guerra sin fin

Ahí empezaría la guerra sin fin. Para ello se están dando desde ya los pasos necesarios. Bombarderos B2 Stealth comenzaron a practicar desde la base británica de Diego García en el Indico «para dotar a los comandantes de mayor poder de fuego», se comunicó oficialmente. Y se denuncia también la posible extensión de los objetivos bélicos a Siria e Irán. *

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