Comunistas chinos le dan la bienvenida a millonarios
BARBARA ALIGHIERO – PEKIN, ANSA
Pese a que el Congreso sancionará la idea del secretario saliente Jiang Zemin de abrir las puertas a los «capitalistas rojos», los dueños de la economía china corren más riesgos que nunca, ya que el Partido se empeña en demostrar que su presunta pureza no se verá contaminada.
El PCC busca en realidad que a los ricos –y a menudo gordos, como quiere la tradición china que identifica el bienestar económico con la satisfacción atávica del apetito– no se les ocurra un día crear su propia organización política, en defensa de los intereses de su clase.
Junto al obrero de mameluco, casco y linterna en la cabeza, el campesino con la hoz y el sombrero, el militar con el birrete de estrella roja, chaqueta verde y cinturón de cuero, ahora la iconografía china podrá incorporar al hombre de negocios con su traje de marca, corbata y zapatos italianos, gafas firmadas, perfume francés y dos celulares.
Pero antes hay que ajustar las cuentas, entregando a la «furia de las masas» a los amigos y protegidos de los dirigentes retirados o que aún no llegaron a la cumbre del poder: es un intento de satisfacer la sed de justicia popular contra la corrupción y el descontento de los pobres con los ricos.
En el término de pocas semanas, el hacha se abatió metafóricamente sobre la cabeza de los hombres de negocios considerados los más ricos de China.
Yang Bin, el rey de las orquídeas, fue puesto bajo arresto domiciliario por fraude fiscal –al parecer debe devolver 120.000 dólares de impuestos– inmediatamente después de haber recibido el encargo del líder de Corea del Norte, Kim Jong Il, de dirigir la primera Zona Económica Especial de ese país, que inició un camino de reformas leves.
Yang Rong, el «rey del auto», era el tercero más rico en la lista compilada por la revista Forbes el año pasado, cuando dirigía la mayor automotriz de China.
Ahora está en Estados Unidos, y en su contra fue emitido un mandato de captura, siempre por evasión fiscal. Ambos Yang tenían sus imperios en la región de Liaoning, en el noreste, que está luchando para limpiarse la infamia de un escándalo de corrupción en el que terminó destituido el alcalde de la capital, Shenyang.
En el altar de la propaganda –no de la justicia, dicen los críticos– fueron inmolados también hombres muy cercanos a la cúpula del poder. *
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