El presidente electo habla de austeridad y no de recetas mágicas

Luiz Inacio Lula da Silva dedicó sus primeros días como presidente electo a proclamar ante los brasileños y el mundo que su gobierno apostará a corregir las injusticias sociales sin arriesgar la estabilidad de la décimo primera economía del mundo.

«Lo difícil empieza ahora», dijo el líder izquierdista de 57 años, quien ya antes de asumir el 1 de enero emprenderá cruciales negociaciones sobre el programa económico acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y para modificar el presupuesto federal del año próximo que le deja poco margen para sus planes sociales.

Lula recibirá a un Brasil acosado por una deuda pública de casi 250.000 millones de dólares, una moneda devaluada en 40% y una tasa de crecimiento de 1,4% insuficiente como para dar empleo a 12 millones de desocupados y mitigar la pobreza de 54 millones de brasileños, más de un tercio de la población total.

«No hay soluciones milagrosas para tamaña deuda social», dijo Lula al pedir a los brasileños que tengan algo de paciencia y mucho de confianza.

«Todo lo que logré en la vida me costó mucho pero lo conseguí», afirmó Lula, un tornero mecánico que nació en la pobreza, apenas completó la escuela primaria y se convirtió en el primer presidente obrero de un país gobernado desde la instauración de la República a fines del siglo XIX sólo por militares, universitarios, hacendados y empresarios.

En un mensaje a las legiones de desheredados, Lula dijo que el combate al hambre será su prioridad y que dará la batalla ni bien se instale en Brasilia.

«Si al final de mi mandato cada brasileño se puede alimentar tres veces por día, habré cumplido el sueño de mi vida», afirmó.

A los mercados, siempre recelosos por su pasado de izquierdista radical, les dijo que Brasil honrará todos los compromisos internacionales y aplicará políticas «responsables» con «austeridad» en el gasto público. Los mercados, que se estremecieron desde que las encuestas comenzaron a perfilarlo en mayo como vencedor, respondieron con alzas en la Bolsa de Valores Sao Paulo y cotizaciones del dólar a la baja.

Los grandes empresarios e inversores de Brasil también viven una luna de miel con quien antes veían como enemigo. «Estaremos a su lado en el lanzamiento de nuevos cimientos para el desarrollo preservando la estabilidad», decía la bolsa a futuros de Sao Paulo en un anuncio publicado en todos los diarios económicos. *

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