"Tendrán participación en el nuevo gobierno pero no tendrán necesariamente cargos"

Lula discute la composición del futuro gobierno en Brasil

Lula da Silva, que ganó la presidencia el domingo con una arrolladora ventaja en las urnas, recibió a representantes de 11 fuerzas políticas que lo apoyaron en la disputa electoral, para discutir su participación en el futuro gobierno.

Tras la reunión, el portavoz de Lula, André Singer, dijo que los aliados del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula «tendrán participación en la composición del nuevo gobierno pero no tendrán necesariamente cargos».

Uno de los asistentes al encuentro, el diputado José Carlos Martínez, del centrista Partido Trabalhista Brasileño (PTB), reveló que Lula mantendrá la próxima semana en Brasilia diálogos con fuerzas políticas que serán opositoras a su gobierno.

El mandatario electo ha anunciado que, tras recibir el mando el 1 de enero del saliente presidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, pretende gobernar en forma amplia con todos los sectores de la sociedad y no sólo con su agrupación.

En tanto, el PT continuó integrando dirigentes al equipo de transición, conformado para dirigir junto al saliente gobierno el proceso que culminará el 1 de enero con la asunción del ex líder sindical en la presidencia del mayor país latinoamericano.

El PT reveló en la noche del jueves que José Graziano, autor del proyecto «Hambre Cero», prioritario para el futuro gobierno de Lula, y la especialista en asuntos energéticos Dilma Rouseff se integraron al equipo de transición que dirige el médico Antonio Palocci.

Lula ha anunciado que la prioridad de su gobierno será el combate al hambre, en un país de 170 millones de habitantes donde al menos 50 millones viven en la pobreza y 22 millones carecen de suficiente alimento.

También se ha comprometido a honrar todos los compromisos del Estado, incluyendo la pesada deuda pública de 260.000 millones de dólares y un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El PT afrontará su primer año de gobierno, en el que pretende implementar su prioritario programa para combatir el hambre, en un marco de gran escasez de recursos.

El presupuesto para 2003, aún en discusión en el Congreso, tendría una reducción de unos 15.000 millones de reales (4.155 millones de dólares) disponibles con respecto a este año por caídas en la recaudación de impuestos.

Además, según publicó el viernes el diario Folha de Sao Paulo, el FMI querría que Brasil eleve su meta de superávit presupuestario para 2003.

Según el periódico, el Fondo recomendará elevar esa meta en noviembre, cuando una delegación revise con el equipo de transición de Lula los términos del acuerdo crediticio por 30.400 millones de dólares, firmado en setiembre con el saliente presidente Fernando Henrique Cardoso.

El acuerdo rubricado entre Brasil y el FMI, que prevé el desembolso de 24.000 millones de dólares en 2003, exige un superávit primario de 3,75 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

El jueves por la noche, en una entrevista televisiva, Cardoso recomendó a su sucesor ser «bastante duro» en las negociaciones con el Fondo y se manifestó contrario a elevar la meta de superávit.

En tanto, el coordinador del equipo de transición de Lula se reunió durante unas tres horas el jueves con el presidente del Banco Central, Armínio Fraga, para discutir aspectos económicos del proceso hacia el cambio de mando.

Lula también deberá lidiar con continuos pedidos de un mayor aumento del salario mínimo, actualmente fijado en 200 reales (55 dólares), al previsto en el proyecto de presupuesto para 2003 que actualmente discute el Congreso.

El viernes, cerca de 4.000 integrantes de la central obrera Fuerza Sindical marcharon por el centro de Sao Paulo reclamando un aumento salarial.

Una de las mayores fuerzas políticas del país, el derechista Partido del Frente Liberal (PFL), con fuerte presencia parlamentaria, ha anunciado que impulsar un aumento del salario mínimo a 240 reales.

El tema se encuentra dentro del proyecto de presupuesto para 2003 que discute el Congreso –que tocará administrar al PT– y que prevé un incremento a 211 reales.

La preocupación de los políticos en la discusión del salario mínimo es que todo reajuste que se le haga obliga al Estado a incrementar automáticamente las pensiones, lo cual significa mayor erogación presupuestaria.

El liderazgo de Lula en la campaña electoral que concluyó el domingo con su victoria generó una severa turbulencia en los mercados financieros de Brasil, debido a la desconfianza que provocó la posibilidad de la llegada de la izquierda al poder.

Sin embargo, los mercados parecieron aceptar su triunfo en las urnas y esta semana se valorizaron los títulos de deuda brasileña, mientras la moneda local, el real, continuó su apreciación el viernes a 3,60 unidades por dólar, comparado con niveles de 3,73 antes de las elecciones. *

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