El presidente y el ex presidente dividen al justicialismo

El peronismo en el umbral de la fractura

ISIDORO GILBERT

 

El peronismo supone que de acuerdo a cómo se dirima la interna entre ellos, se fijará el perfil del próximo presidente y esto explicaría lo enredado que se pone, cada vez más, la dilucidación del litigio.

A pesar que la jueza electoral María Servini de Cubría no autorizó la realización del Congreso del Partido Justicialista, una mayoría de delegados  según aseguran voceros de este sector que orienta el presidente Eduardo Duhalde  se congregaba ayer en un balneario porteño con el objeto de fijar una nueva fecha electoral para la realización de la interna, que debe decidir quién será el candidato a primer mandatario en los comicios del 30 de marzo, designar una Junta Electoral y definir con qué padrón se harán las elecciones internas.

La jueza electoral, que le ha volteado resoluciones electorales al Gobierno, a veces con satisfacción de los funcionarios, otras a disgusto de ellos, convocó para mañana a los líderes de las dos fracciones más importantes, la que encabeza Duhalde y la que lidera Carlos Menem, a una «audiencia de conciliación», como si el litigio fuera el de un matrimonio desavenido.

Menem se apresuró a manifestar que el jueves irá a los tribunales, pero Duhalde ya anticipó que no lo hará. El primero es el titular, aunque en uso de licencia, del Consejo Nacional del PJ y Duhalde, presidente del Congreso. Teóricamente, ha renunciado, pero nunca el organismo aceptó su dimisión. Ayer, la conducción del cuerpo quedó en manos del actual ministro de la Producción, Aníbal Fernández; Duhalde estaba en ese momento en Chile.

De todos modos, el duhaldismo recusará a Servini de Cubría a quien acusan ahora de ser funcional a Menem.

El sucesor natural de Duhalde en la titularidad del Congreso, es el gobernador de Santa Fe, Carlos Alberto Reutemann, pero dimitió en medio de un cuadro de gastroenteritis. Como escribió el diario Clarín «eludió la línea de fuego».

Hay más personajes en este drama por etapas. En primer lugar, el ex presidente efímero, Adolfo Rodríguez Saá, quien reclama junto a Menem (son enemigos pero ahora están juntos contra Duhalde) que se cumpla el cronograma de la interna aprobado por el Consejo Nacional. Primero lo impugnó, pero cuando el pasado 24 vencía el plazo para inscribirse, el puntano no dudó y aceptó las condiciones para ir a elecciones el 15 de diciembre.

Menem se mostró más abierto y acepta extender el plazo de inscriptos (lo que rechaza Rodríguez Saá), y hasta negociaría, si es en diciembre, otra fecha electoral para la interna. Para Menem, aún debajo del puntano en las encuestas, lograr que todos los pretendientes del peronismo estén encuadrados es un objetivo para su juego: piensa que él vencerá en la interna y no quiere que en las generales que decide el premio mayor, un peronista sirva de nucleador de los descontentos con el ex presidente, y que por ahora no encuentran esa figura cauce en la oposición, aunque hay que esperar una reanimación de la figura de Elisa Carrió. En cierto modo, la líder del ARI, espera conocer con quién lidiará en las presidenciales para precisar su táctica, más allá que por algunos desaciertos, su figura tiene hoy menos peso en las encuestas aunque permanece cerca de los dos justicialistas más renombrados.

No se inscribieron para las internas convocadas por el Consejo Nacional, los gobernadores de Córdoba, José Manuel de la Sota, y el de Santa Cruz, Néstor Kirchner.

Al menos, un sector del duhaldismo busca unirlos a ambos como la fórmula de las fuerzas peronistas que se hicieron presentes en el Congreso, pero no es una tarea fácil.

Si como parece, la conciliación judicial fracasa, el Partido Justicialista quedará con dos cabezas: las autoridades del Congreso y las del Consejo. Habrá que esperar el desarrollo del primero de los cónclaves si no se atreven a más, y desplazan a Menem como titular del partido.

Según los estatutos del PJ, el Congreso es la máxima autoridad. Pero nada es sencillo: la convocatoria ha sido impugnada judicialmente y aunque los congresales sostienen que se «autoconvocaron» no cumplieron algunos requisitos formales para dar ese paso.

Como fuere, en todos los casos, sea uno u otro de los contrincantes, apelarán a la Justicia. Las resoluciones que ya han tenido fallo de primera instancia, están apeladas en el tribunal de alzada. Y como están las cosas, terminarán en la Corte Suprema. Estos procedimientos terminarán por correr hacia adelante la fecha del comicio interno, lo que es funcional a lo que quiere Duhalde: tiempo. Tiempo para poner en órbita un candidato o juntar a dos de ellos, capaces de ganarle a Menem, el enemigo de todos los personajes descriptos.

No es sencillo. Kirchner, por caso, iría por afuera del partido, si sigue creciendo en las encuestas. Todos miran los números de los que creen saber la voluntad de los ciudadanos.

Hay gente preocupada por lo que puede ocurrir. Poco después de abandonar Argentina, el sociólogo francés Alain Touraine advirtió sobre una posible salida autoritaria a la crisis. «No sé si puedo decir una palabra sobre Argentina sin llorar. Vengo de Buenos Aires, vi gente muy importante y mi impresión, que espero que sea falsa, es que los dueños del país ya han decidido acabar con la democracia», sostuvo.

Y agregó que no será «con un golpe militar, eso vendrá después  tal vez  si hay resistencia, pero (será) con una serie de medidas para reestablecer el orden». Grave. *

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