El hambre, una llaga secular de Brasil, desafío y prioridad para Lula

Al anunciar que su gobierno pretende «declarar la guerra al hambre», el presidente electo de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, convirtió este drama que azota a millones de brasileños en una prioridad absoluta y también en un desafío para su gestión.

El combate frontal al hambre será la marca característica del primer año de su gobierno y estará a cargo de una secretaría de Emergencia Social, que dispondrá de recursos propios, anunció el lunes el líder izquierdista en su primer pronunciamiento político desde la elección que ganó el domingo con 61% de votos.

«Si al final de mi mandato cada brasileño puede alimentarse tres veces al día, habré de realizar el sueño de mi vida», dijo Lula, quien gobernará durante cuatro años desde el 1 de enero .

Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), unos 50 millones de los 170 millones de brasileños, viven en la pobreza, aunque la dimensión exacta de los hambrientos divide a los especialistas.

La Fundación Getulio Vargas y otras organizaciones no gubernamentales sostienen que esos 50 millones pasan hambre, porque ganan menos de 80 reales mensuales (unos 20 dólares), cantidad insuficiente para alimentarse bien. La FAO, organismo especializado de la ONU y el actual gobierno brasileño estiman, en cambio, en 21 millones la cantidad de hambrientos.

El Partido de los Trabajadores (PT) de Lula lanzó en 2001 un «Proyecto Hambre Cero», para 44 millones de personas con necesidades alimentarias insatisfechas.

Obra del agrónomo y economista José Graziano, un asesor de Lula, ese proyecto abarca acciones para abaratar los alimentos, programas de alimentación en las escuelas y distribución de canastas básicas en los casos extremos.

La columna vertebral del proyecto se basa en la convicción de que el hambre en Brasil no obedece a la falta de recursos o alimentos, sino a la mala distribución de la riqueza y, por lo tanto, es hija de la desigualdad.

La Fundación Getúlio Vargas señaló que si Brasil consigue cinco años de crecimiento sostenido y emprende una mejor distribución de la riqueza la miseria podría ser reducida en alrededor de 15%.

El crecimiento del empleo es una medida que Lula considera central para ayudar a combatir el hambre, así como la redefinición de una política para la exportación de alimentos.

«En los últimos tres años aumentamos en más de 20 millones de toneladas nuestra zafra. Tenemos inmenso potencial en ese sector para desencadenar un amplio programa de combate al hambre», indicó Lula.

Al drama de la desigualdad en la distribución del ingreso se le suma el crónico problema de la sequía, que todos los años azota enormes regiones de Brasil.

El experto Guilherme Dias, de la Universidad de Sao Paulo, dijo en el diario O Globo de este martes que el fenómeno atmosférico El Niño provocó exceso de lluvias en el sur del país «e hizo encenderse una luz amarilla de alerta por el riesgo de sequía en el nordeste del país al inicio del próximo año».

Además, alertó, las reservas gubernamentales de arroz, porotos y maíz están en un nivel peligrosamente bajo, y ello podría provocar un aumento de los precios en el mercado interno.

La Secretaría de Agricultura y Abastecimiento de Sao Paulo estimó en 2000 que los brasileños arrojan a la basura anualmente restos de comida en condiciones de ser consumidos y que servirían para alimentar a ocho millones de familias en ese mismo período.

«Si al fin de mi mandato cada brasileño pudiese comer tres veces al día, habré realizado la misión de mi vida», dijo Lula en su histórico pronunciamiento. A partir del 1 de enero, cuando asuma el poder, tendrá el gigantesco desafío de hacer realidad ese sueño.

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