Lula, el obrero que derrotó a los prejuicios y a las élites
Combativo, tenaz y pragmático, Luiz Inácio Lula da Silva, 57 años, pasó este domingo a la historia de Brasil como el primer obrero que derribó todos los prejuicios, se alzó sobre las élites y ganó la presidencia de la mayor economía de América Latina.
Su victoria corona una larga trayectoria iniciada en las fábricas de Sao Paulo en las luchas contra la dictadura militar y el capitalismo explotador y durante la cual no tuvo nunca miedo de marcar un camino propio.
Cuando enfrentó a corrientes sindicales controladas por partidos de izquierda, las derrotó con su bandera del sindicalismo autonómico. Cuando lo cortejaron los políticos prefirió fundar su propio partido. Cuando llegar al gobierno parecía una quimera, revisó sus posturas, las impuso dentro de su partido y la mayoría de los brasileños lo eligió presidente.
Más sabio y más viejo, Lula archivó el discurso aguerrido con que hace dos décadas forjó al Partido de los Trabajadores (PT) y a la más poderosa central obrera.
Aquel Lula que levantaba el puño izquierdo, repudiaba a los imperialistas, cuestionaba la propiedad privada y repetía «la lucha continúa» era la excusa para acusarlo de querer convertir a Brasil en una Cuba sudamericana.
«No queremos otra Cuba u otra Venezuela en América Latina», dijo Lula al comienzo de la campaña, según la revista Veja.
Del Lula de otrora sólo queda la barba y la voz enronquecida. Interpretó el deseo de cambio de los brasileños y sembró esperanzas pero comprometiéndose a respetar todas las reglas del capitalismo. *
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