Asalto culminó con 140 muertos
La toma de rehenes, que se había iniciado el miércoles, terminó en forma sangrienta para los comandos y para los rehenes, y mostró la falta de concesiones a la guerrilla chechena por parte del presidente Vladimir Putin, quien en un mensaje al país pidió perdón por las muertes. La mayoría de los rehenes sobrevivientes fueron hospitalizados a causa del gas paralizante usado por las fuerzas especiales en la operación, en la que varios guerrilleros lograron escapar, según fuentes de seguridad.
El viceministro del Interior ruso, Vladimir Vassillev, reconoció que algunos guerrilleros lograron escapar y rechazó que la mayoría de los rehenes muertos hayan perecido a causa de los «medios especiales usados», es decir al gas nervino y gas paralizante.
Minutos antes de la hora 6.00 local (2 GMT), en la que los guerrilleros anunciaron que vencía el ultimátum para que las tropas federales iniciaran su retirada de Chechenia, se escucharon dos fuertes explosiones dentro del teatro. Habían ingresado las fuerzas especiales Alfa del servicio secreto (FSB, ex KGB).
El plan estaba organizado de manera tal de no dar posibilidad de reacción a los guerrilleros chechenos. Treinta bombas con un «potencial explosivo enorme» formaban parte del arsenal de los rebeldes chechenos. Una parte de las bombas (la más potente de las cuales era de 50 kilos) había sido colocada detrás de las butacas de la platea y sobre el techo del edificio, dijo una fuente del comando de crisis ruso.
Otras 18 habían sido colocadas en las cinturas de 18 mujeres suicidas, presuntas viudas de muertos en la guerra entre las tropas federales rusas y los independentistas chechenos.
Un actor rehén contó que la primera acción de las fuerzas especiales consistió en una gran explosión que abrió un boquete en una pared del teatro Dubrovska.
Responsables del FSB detallaron que las fuerzas especiales entraron en acción a las 6.34 en el teatro, luego de que –según la versión oficial– los guerrilleros fusilaron a dos rehenes.
La respuesta de los rebeldes –agregó esta versión oficial– fue escasa y sorpresiva. El jefe del comando, Mosvar Barayev, sobrino del fallecido líder guerrillero Arbi Barayev, murió con una botella de coñac en la mano, según una foto distribuida por la Policía moscovita.
En 40 minutos –según la agencia Interfax– las fuerzas especiales lograron controlar la situación. Las mujeres kamikazes murieron casi todas sentadas en las butacas, víctimas del gas paralizante. Estaban con los ojos vendados, con la boca abierta y rodeadas de cargas explosivas. «Fueron tomadas por sorpresa», dijo un portavoz de los servicios secretos.
Los rehenes estaban desesperados, a tal punto que uno de ellos, una mujer, habló por teléfono celular con una radio de Moscú y le dijo: «Espero que no terminemos como en el Kursk», el submarino militar ruso que terminó en el fondo del mar con toda su tripulación muerta, una tragedia también ocurrida bajo el gobierno de Putin.
Apenas concretada la operación, el viceministro Vassiliev afirmó que el asalto no estaba programado, sino que se debió a que los chechenos habían comenzado a cumplir el ultimátum.
«La acción del comando sirvió para recordar al mundo la existencia del problema checheno», escribió el sitio en Internet de los separatistas. La situación era de una altísima tensión. Ninguno de los miembros de las fuerzas especiales murió en la operación. Cuatro autobuses llenos de cadáveres estuvieron casi una hora frente al teatro.
Las ambulancias iban y venían, los hospitales moscovitas no dieron abasto en las primeras horas y unos treinta rehenes que habían sido internados murieron a causa de los gases aspirados, de acuerdo con una fuente médica que no coincide con la versión del gobierno.
El Ministerio del Interior informó que noventa rehenes y cincuenta guerrilleros murieron.
Putin visitó a varios internados. Luego pidió perdón por la muerte de rehenes en la operación que terminó con 58 horas de la toma del teatro Dubrovska, donde el miércoles los chechenos habían irrumpido en plena función de la obra Nord Ost, la más taquillera en Moscú en los últimos tiempos.
El presidente Putin sostuvo que los guerrilleros chechenos forman parte del terrorismo internacional y recibió el apoyo de numerosos gobiernos, pero una parte de ellos hizo hincapié en la necesidad de afrontar la cuestión de Chechenia –donde desde 1992 murieron unas 100.000 personas– por medios pacíficos. *
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