Nuestra América sea unida
Muchos y grandes cambios se realizarán en Brasil si el 27 de octubre el pueblo me elige presidente. Esos cambios forman parte del programa que hemos presentado en nuestra campaña electoral y sólo podrán ser realizados mediante un esfuerzo conjunto y articulado entre la sociedad brasileña y el Estado que nos proponemos concertar.
De esa manera se encaminarán medidas para impulsar el crecimiento económico e implantar un modelo de desarrollo alternativo al neoliberal que ha sido practicado en los últimos ocho años. El neoliberalismo ha fracasado en Brasil, lo mismo que en muchos otros países. No consiguió el desarrollo económico que había prometido, ya que este ha sido uno de los períodos de más bajo crecimiento en la historia nacional.
Tampoco logró la también prometida reducción de las enormes desigualdades existentes en nuestro país.
Hemos propuesto un nuevo contrato social que favorezca la construcción de un país más justo económica y socialmente, y el desarrollo de una cultura política de defensa de las libertades civiles y de los derechos humanos. Sabemos que sin profundizar la democratización de la sociedad no derrotaremos el autoritarismo, las desigualdades y el clientelismo, antiguos males de Brasil.
La política externa será un instrumento fundamental para instrumentar el proyecto de desarrollo alternativo que permitirá superar la vulnerabilidad del país en el contexto de los inestables mercados financieros globales.
La pioridad número uno de nuestra política externa será la reconstrucción del Mercosur, el acuerdo para la integración entre Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay que ha sido fuertemente sacudido por las crisis económicas que han experimentado sus miembros y particularmente los dos países más grandes, Brasil y Argentina.
El Mercosur debe ser un área de convergencia de políticas industriales y agrícolas, y debe concebir la estrategia para construir una infraestructura común para sus miembros; asimismo, integrará proyectos de ciencia y tecnología y creará un Banco de Fomento y Desarrollo.
Inspirándose, aunque no mecánicamente, en el modelo de integración europea, el Mercosur debe dotarse de una política externa concertada para encarar los complejos desafíos de las negociaciones sobre el ALCA, el Area de Libre Comercio de las Américas que Washington quiere instituir en el continente americano, y para ampliar relaciones con la Unión Europea y otros bloques y países del mundo y, sobre todo, para atraer a otros socios de América del Sur.
La política de integración con los países vecinos es fundamental para hacer valer los intereses de nuestra región en el marco del ALCA.
Nuestro gobierno no podrá firmar el tratado del ALCA mientras persistan las medidas proteccionistas no arancelarias vigentes desde hace muchos años en Estados Unidos. Ese proteccionismo se agravó recientemente por las condiciones impuestas por el Congreso norteamericano para la firma de tratados comerciales y por el aumento de los subsidios en favor de la agricultura, que consiste en un fondo adicional de 196.000 millones de dólares que será repartido a lo largo de ocho años.
Basta señalar que con esas medidas se eleva a 521 el número de los productos brasileños que Estados Unidos considera «sensibles» y ante los cuales puede erigir barreras proteccionistas.
Con todas estas decisiones el gobierno norteamericano ha obstruido el camino para establecer un área continental de libre comercio sobre bases equitativas. Agréguese que un acuerdo de este tipo es siempre problemático cuando se entabla entre países que tienen inmensos desniveles económicos y tecnológicos, y que en este caso Estados Unidos representa una potencia hegemónica que tiene casi el 70 por ciento del producto interno bruto de todo el continente.
Bajo las condiciones actuales el ALCA no será un acuerdo de libre comercio sino un proceso de anexión económica del continente por parte de Estados Unidos, con gravísimas consecuencias para la estructura productiva de nuestros países. En cambio, para que este proceso pueda avanzar se requiere la introducción de mecanismos de compensación que permitan que las economías menos estructuradas saquen provecho del libre comercio y no sucumban con su adopción.
Por ello, el 15 de enero próximo, cuando Brasil se siente en la mesa para negociar el ALCA junto con los demás países americanos, asumirá con firmeza la defensa de nuestros intereses, tal como siempre lo hace Estados Unidos. Y confío en que de este modo llegaremos a modelar un acuerdo que tanto beneficie a Brasil como a Estados Unidos y a los demás países de la región.
Nuestro gobierno se empeñará en mantener relaciones económicas, políticas y culturales con todas las naciones. Con respecto a Estados Unidos queremos que nuestros vínculos no sólo se amplíen en el ámbito comercial, donde ya ocupan el 25 de nuestro intercambio y hacen de la potencia del Norte el mayor importador individual de Brasil, sino asimismo en los planos político y cultural. Es el mismo objetivo que nos comprometemos a alcanzar con la Unión Europea y con el bloque asiático que tiene su eje en Japón. Y haremos una apertura especial hacia Africa para iniciar una era de estrechas vinculaciones que correspondan al hecho de que Brasil es el segundo país con mayor población negra del mundo. *
(*) Luiz Inácio Lula da Silva, candidato a la presidencia de Brasil por la coalición integrada por el Partido de los Trabajadores (PT) y otros partidos menores. Servicio especial deIPS, exclusivo para LA REPUBLICA.
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