El gobierno quiere las elecciones el 30 de marzo
El presidente Eduardo Duhalde pidió al Parlamento que le acepte con anticipación a esa fecha su renuncia y que por ley se fije el 30 de marzo como día en que los argentinos puedan elegir al presidente y el vice.
El gesto, o como se llame, del presidente no tiene eco. Una visible mayoría rechaza tener que aceptarle la dimisión con tanta anticipación; aprobar por ley la fecha de las elecciones es una necesidad legal porque el decreto que fijó el 30 de marzo fue impugnado ante la Justicia.
El menemismo sigue pensando que Duhalde quiere que la Asamblea Legislativa un cuerpo que solo se reúne para graves cuestiones institucionales le ratifique el mandato original que concluye el 10 de diciembre de 2003. El Presidente lo acortó después de los asesinatos a dos piqueteros en junio, como modo de bajar la tensión que creó la represión. Pero entonces no parece haber advertido que Carlos Menem podría ser el tributario de ese anticipo de entrega del mando.
En el fondo de todas las cosas está la interna peronista. Y dentro de ella, la dificultad que tiene Duhalde de poder imponer un pretendiente que no sea el líder riojano.
Duhalde consiguió un tibio respaldo de Carlos Reutemann, el escurridizo gobernador de Santa Fe, para convocar el martes próximo al Congreso del Partido Justicialista, su máximo organismo de poder, a fin de designar una nueva Junta Electoral y fijar otra fecha que no sea el 15 de diciembre para que el peronismo decida en internas quién será su candidato.
¿Quién impone las condiciones?
La fecha del 15 de diciembre la fijó el Consejo Nacional del PJ que controla Menem y ahora aunque el menemismo patalea está negociando, desde posiciones de fuerza, que la fecha no se vaya más allá de este año.
Tiene, con todo, sus reservas: la agenda del Congreso tiene un punto «asuntos en trámites» que puede ocultar el objetivo del duhaldismo de remover a Menem de la titularidad del partido. Pero los aliados transitorios de Duhalde, Reutemann entre ellos, no quieren ir tan lejos porque dividirá al peronismo.
El menemismo anticipó que no irá al Congreso; más aún: no lo reconoce como soberano para modificar la Junta Electoral ni cambiar la fecha de las internas, pero puede ser parte del conocido folclore de las rencillas peronistas.
Si el acto interno fuera el 15 de diciembre, hoy deberían estar inscriptos ante la Junta Electoral, los candidatos. Se negocia otro día que oscila entre el 22 de diciembre y la segunda quincena de enero, como quiere el duhaldismo. Menem quiere que se vote este año.
Por lo pronto, los legisladores menemistas decretaron el boicot a cualquier pedido de Duhalde en materia electoral.
No votarán su pedido de renuncia, pero en eso están todos de acuerdo. Importa si sabotearán la sanción de la ley fijando el 30 de marzo como fecha electoral.
Pero pese a los gritos, hay gestiones subterráneas y mucha, mucha desconfianza.
Matzkin reconoció que estos líos peronistas retraen al electorado. Si hace dos meses se pensaba que participaría de las internas un 25% de los electores del padrón nacional, ahora esa posibilidad se reduce a menos del 12%.
Los candidatos no entusiasman
El ministro contó de la baja predisposición de la gente ante las ofertas electorales. «Ocho candidatos reúnen adhesiones donde el más favorecido tiene un 15% de la intención de votos y el menos, el 8%». Está claro que no hay nadie que pique en punta.
Por lo que dijo el ministro del Interior, la incertidumbre sobre la interna puede seguir prolongándose, mechada con acciones judiciales de uno u otro sector y de esta manera hasta es probable que no sea inamovible el 30 de marzo como fecha de las elecciones. «Lo único que no se modifica es la entrega del mando el 25 de mayo, subrayó Matzkin y se dio cuenta que muchos periodistas salieron con las mismas dudas que cuando entraron a la rueda de prensa.
Sobre todo que aceptó como posibilidad que se puede correr la fecha electoral hasta pocos días antes de la entrega del poder, calculándose que habrá una segunda vuelta.
Matzkin no cree que los ruidos políticos incidan en las negociaciones con el FMI aunque no descarta que «nos vuelvan a correr la silla». Sea por motivos políticos u otros, las informaciones más frescas sostienen que se han enturbiado nuevamente las gestiones entre la Argentina y el FMI.
El ministro advirtió que el gobierno que llegue heredará una temible desocupación «que nos acompañará por varios años». El actual índice del desempleo es superior al 23%.
El corresponsal de El País de Madrid le preguntó: «Ministro, ¿qué es el peronismo?». Matzkin balbuceó pero finalmente intentó hacer una síntesis: «Un movimiento que está en busca de un nuevo liderazgo».
Y más allá de la generalización, el peronismo no tiene hoy una sola voz.
De allí, con su propensión a mixturar Partido con Estado, puede comprenderse la crisis política y sus dificultades por resolverla. *
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