La mayoría de los militares justifica el golpe del 76
Para el sondeo de la consultora Research International-Analogías, la imagen positiva de las FFAA es del 42%, detrás de la Iglesia, 59%, y del periodismo 62%, los mejores vistos por la sociedad.
Eso sí, el Presidente tiene sólo el 18%, el Parlamento, el 6%, y la Justicia y la Corte Suprema, solamente el 4%. Sin embargo, la Policía alcanza el 32% de imagen positiva, concluye este estudio publicado en La Nación.
Para la investigadora Graciela Römer, más de la mitad de los integrantes del Ejército justifica el golpe de 1976, señalando que no había otro camino o que las Fuerzas Armadas fueron obligadas a instaurar la dictadura.
Sólo uno de cada diez militares considera que el golpe fue un error histórico. Al mismo tiempo, el 60% de los uniformados reconoce que hubo violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Es un porcentaje significativo, pero inferior al que se registra entre los civiles: el 80% de los ciudadanos sin uniforme afirma que durante la dictadura hubo terror..
El analista de Página/12, Raúl Kollman, leyó los números y sostiene que «en general, los militares exhiben posiciones conservadoras, reivindican los valores tradicionales, desconfían de los medios de comunicación, la educación pública y la policía, y aunque declaran tener convicciones democráticas, dos de cada diez dicen que hay otras formas de gobierno mejores que la democracia».
El estudio de Graciela Römer, el primero que realiza el Ejército argentino a través de una consultora independiente, tuvo el objetivo de establecer planes institucionales que apunten a la mejora en las relaciones entre civiles y militares.
Los resultados del estudio fueron presentados en un seminario organizado por la Universidad de San Andrés, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y el Woodrow Wilson International Center for Scholars. En la presentación participaron John Cope, oficial retirado del ejército de EEUU e investigador en temas de seguridad, el general Daniel Manuel Raimundes por el Estado Mayor del Ejército y el especialista James Tulchin, del Wilson Institute, quienes hicieron el análisis del informe preparado por la consultora y denominado «Militares y sociedad en Argentina. Siglo XXI. El Ejército actual y su proyección».
Lo impulsó el Ejército
Como se ve, el trabajo fue impulsado por el propio Ejército. Se entrevistaron a 4.825 de sus cuadros, a 330 cadetes de primero a cuarto año, 1.020 soldados y 432 integrantes del personal civil del Ejército. La metodología consistió en entregar un formulario para que los militares contestaran por escrito y en forma anónima a las preguntas de la encuesta. También hubo consultas a 1.278 civiles, elegidos al azar, respetándose las proporciones por edad, sexo y nivel económico-social.
En el punto clave para evaluar la opinión que hay hoy dentro del Ejército sobre el golpe de 1976, los uniformados siguen sin tener una visión democrática de los acontecimientos. La mayoría justifica aún hoy el golpe, lo que casi equivale a decir que en las mismas circunstancias volverían a estar a favor. Los argumentos: que no había otro camino (11%) y que las Fuerzas Armadas se vieron obligadas a tomar el poder (45%). Esas dos posturas ya suman un 56%, pero habría que agregar otro 17% que dice que no tiene posición formada, o sea que vacila ante un hecho histórico reciente sobre el que tendría que tener total claridad democrática. «Esto redondearía un total del 73% que no tiene posturas democráticas nítidas respecto del golpe del 76. En el otro lado de la balanza está el total del 27% que considera la toma del poder como un error histórico (13 %) o que deberían haberse tomado otros caminos dentro del marco constitucional (14%)», escribe el diario.
El Estudio Römer hizo otra comparación de importancia. Preguntó, en forma paralela, dentro del Ejército y a la población civil si hubo o no violaciones a los derechos humanos durante el Proceso. Entre los militares, el 58% admitió que «ciertamente se cometieron violaciones a los derechos humanos». Se trata de un porcentaje alto, que constituye la mayoría de los integrantes del Ejército y que hace más comprensible la autocrítica del general Martín Balza. De todos modos, hay quienes estiman que la actual conducción del general Ricardo Brinzoni abandonó la doctrina Balza.
Las FFAA, la represión y la democracia
La opinión entre los civiles tiene mucha mayor unanimidad: el 80% dice que hubo asesinatos, torturas y robo de niños. Además, debe tenerse en cuenta otro elemento: después de tantos años y de tantas pruebas evidentes, aún hay un 26% de los militares que dice que no pasó nada y otro 16% que dice no tener opinión, algo que a esta altura de los acontecimientos es una respuesta más bien evasiva que se asemeja mucho a negar las violaciones a los derechos humanos.
Democracia
Ante la pregunta si «la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno», un 73% dijo coincidir con esa afirmación, pero un 20% que se manifestó en desacuerdo, o sea que no apoyó la democracia. Un 7 % no tuvo opinión. Esto indicaría que hay entre el 25 y el 30 % de efectivos con tendencias más bien autoritarias. El mismo test entre los civiles, el respaldo a la democracia es mayor (80%), aunque también hay un bloque del 20 por ciento que no respalda el actual sistema.
El relevamiento desnuda la tirantez de los militares respecto de los medios de comunicación y, llamativamente, también respecto de la educación pública, a la que consideran dominada por ideologías progresistas, lejanas del orden y los valores tradicionales.
Por ello, los integrantes del Ejército sólo tienen confianza alta en las propias Fuerzas Armadas y en la Iglesia. Eso los pinta desde el punto de vista ideológico. También el cuadro de confianza muestra un desprecio tradicional, el de los militares respecto de los policías, a los que siempre consideraron marginales, de poca jerarquía y de nivel económico-social bajo. El carácter conservador de los militares también quedó verificado cuando se indaga sobre » que hay una decadencia en los valores tradicionales»: un 80%.
«Con estos bagajes, diferentes a los que tenían los militares hace una década, pero todavía lejos de una mentalidad abierta y democrática, los militares parecen desesperados por reubicarse en la sociedad. El Proceso, los asesinatos, la tortura y la corrupción dejaron un océano en el medio de civiles y militares y las distancias no parecen achicarse tan fácilmente», concluye el diario. *
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