Es difícil que el peronismo realice su elección interna

Eduardo Duhalde amenaza con irse para bloquear a Menem

 

El cronograma electoral que pergeñó Eduardo Duhalde está desahuciado y nadie da un cobre que se realizarán el 15 de diciembre las elecciones internas del peronismo como quiere imponerlas Carlos Menem por la resolución del Consejo Nacional del Partido Justicialista que controla.

Demandas judiciales cruzadas ya las hacen inviable. Un ejemplo: el próximo 24 debería oficializarse las candidaturas y no se sabe que legislación deberá usarse.

Hay una pregunta obligada: el 30 de marzo ¿habrá o no elecciones presidenciales? ¿Cómo irán a ellas los justicialistas? Y más aún: ¿se impondrá en la emergencia, un sistema electoral que transfiera para más adelante la centrifugación del partido que creó Juan Perón?

La crisis peronista es estructural, pero lo que ocurre ahora es que Eduardo Duhalde le devuelve a Menem las triquiñuelas que debió soportar cuando quiso llegar en 1999 a la Rosada. Quiere taponarle el camino a la presidencia y desalojarlo de la conducción del PJ, convocando con urgencia a un Congreso partidario que controla. Necesita algunos respaldos e interesar a los caciques menores en esta cruzada.

Hay un abismo respecto a esos tiempos. Entonces estaba la Alianza para canalizar el descontento por una década de menemismo y zafar de las peleas internas del peronismo. Hoy el Presidente no tiene una alternativa propia para oponerle a Menem dentro del movimiento justicialista y las que están afuera, especialmente Elisa Carrió, está debilitada: lógicamente no está entre las personas que agraden a Duhalde.

Por eso el jefe de Estado juega la carta de su dimisión y quiere que sea el Parlamento quien de una solución. Lo dijo: «los legisladores tienen que encontrar una salida, porque yo me voy el 25 de mayo, sí o sí». Es un mensaje al borde del abismo que busca ablandar al variado espacio no menemista dentro del Parlamento, y especialmente a los radicales.

Una ley de lemas, por favor

¿Qué busca Duhalde?: que se vote una ley electoral que permita a cada candidato peronista ir a las presidenciales con la seguridad de que su sufragio no se pierde, una ley de lemas que aunque sea provisional no dejaría de ser inconstitucional y sujeta a reclamos judiciales que enredará el proceso eleccionario de fondo. «Allí Menem pierde, o no se presenta», divagan.

Los duhaldistas «duros», esos que comparten las intimidades de reflexión, juran que el presidente no pretende otra cosa que evitar que Menem se salga con las suyas: «quiere volver a su casa», y colocan su dedo en la boca.

El menemismo, no sólo ellos, sospechan que se trata de una jugarreta quedantista basada en la inminencia de un acuerdo con el FMI, pequeño, frágil, pero acuerdo al fin, que daría sustento al veranito productivo del que el gobierno hace gala.

Otro dato para esta especulación: la Corte Suprema daría una acordada, que si bien en lo epidérmico daría la razón a los ahorristas, en cuanto a que deben devolvérseles sus ahorros en la moneda que fueron depositados, le otorgara al Ejecutivo la facultad de implementar la norma. De hecho, es lo que está haciendo el Gobierno con sus distintos Bonos a una década con algunas facilidades de uso para adquirir ciertos bienes.

Es de alguna manera el «pago» del más alto tribunal al entierro del dictamen de juicio político que decidió la cámara baja, a pesar que la mayoría que siempre respondió al menemismo recibió una fuerte votación a favor de la acusación, sin llegar a los dos tercios que reclama la carta magna.

Atención: si no hay renuncias del núcleo menemista de la Corte, en algún momento puede jugarle una mala pasada a Duhalde. Por lo pronto, se frustró días atrás un intento de conseguir el desplazamiento de Julio Nazareno como titular de los cortesanos. Al contrario, éste se exhibió ante la prensa como un triunfador.

Los economistas independientes creen que la economía es frágil, poco sustentable, que no podría sino sentir negativamente la incertidumbre electoral que los enfrentamientos interperonistas han generado.

El sueño eterno: Reutemann candidato

Es de no creer: en alguna intimidad duhaldista se vuelve a pensar en la «solución Reutemann». Uno de ellos reflexiona: «habrá acuerdo con el FMI y no se realizan las internas, dos cosas que reclamaba» el gobernador de Santa Fe; ¿por qué no intentar con él otra vez?, dicen, sin creerse mucho sus ansiedades.

No le van bien las cosas a Duhalde. Ha logrado bajar la conflictividad social con sus planes de auxilio a los jefes y jefas de familia, que insumen mucha plata pero que están ya previstas incluso en el presupuesto de gastos del 2003, que es una de las tareas pendientes claves del Parlamento.

Puede lograr el acuerdo con el FMI y hasta decir que la economía se va tornando más racional. Ya se ha señalado la fragilidad de todo esto, pero el Presidente puede alardear que son éxitos de una gestión que heredó el caos y la decisión de la cesación de pagos decidida en el breve interregno de Adolfo Rodríguez Saá.

Pero no logra ponerle un broche, es decir, asegurar la sucesión a un peronista que no sea Menem y en lo posible, tampoco el puntano.

Menem ha integrado su binomio con el salteño Juan Carlos Romero, dándole coherencia programática. Ambos son expresión del neoliberalismo y abiertamente pro norteamericanos, aunque los dos tienen enemigos en Washington. La familia Romero, que campea en Salta, la provincia con un 70% de pobres pero con demasiados aeródromos que por su cercanía con Bolivia, ha interesado en más de una oportunidad a la DEA (división antinarcóticos norteamericana).

Triunfo táctico de Menem

Políticamente el binomio es débil: Menem no pudo arrancarle a Duhalde ningún intendente de peso y prestigio, capaz de horadarle su frente interno. Por el contrario, el Presidente dio el 17 de octubre, fasto entre los fastos en el santoral justicialista, una demostración de fuerza: reunió casi todos los alcaldes de la provincia de esa tienda, incluso al gobernador Felipe Solá y a su esposa, que coqueteó (partidariamente) con Rodríguez Saá.

Miradas independientes de esa interna dicen que el puntano a cosechado cuadros medios y que Menem tiene una apoyatura no desdeñable en la mayor de las provincias. De todas maneras, en lo táctico, le ha ganado un round a Duhalde que no tiene un pretendiente para oponerle.

Ya parece probado que el cordobés José Manuel de la Sota no consigue entusiasmos dentro y sobre todo afuera del justicialismo. Estaba decidido a pelearle a Menem la interna especulando con una movilización de independientes (que pueden sufragar en esa pelea que no se dará al menos en la fecha prevista), postura escasamente realista, según el análisis del duhaldismo. Ahora medita ir por fuera del PJ «porque Menem hace fraude».

Hoy el cordobés es un problema y no una solución para el bonaerense. Frena la novedad de rodear al gobernador Néstor Kirchner, con el objetivo de convertirlo en el delfín. No es una operación sencilla; si el patagónico crece es porque articuló convenios con sectores progresistas, de afuera y de adentro del peronismo, que no digerirían un convenio con Duhalde. «Teme el abrazo del oso», cuenta uno de sus seguidores más cercanos. «Lo que gane como aparato, lo puede perder en confianza con los independientes», reflexionan otros.

Si es verdad que el peronismo está desgranándose, una figura como Kirchner jugaría en ese proceso el papel de un tapón de la sangría. Claro, los peronistas tienen un sentido de pertenencia que no es comprendido por los que no lo son. El puede argumentar que si hay una posibilidad de dominar la Catedral, ¿por qué abandonarla?. Espera de todas maneras gestos fáctic
os y públicos del duhaldismo.

El emergente Kirchner

No fue casual que Kirchner haya recordado el 17 de octubre en Rosario, la comuna muy bien administrada por el socialista Hermes Binner enrolado en las filas de Elisa Carrió.

El peronista le envió varios mensajes previos, en busca de un encuentro para sondearlo en un potencial binomio: «que venga a verme a la Municipalidad, a un encuentro protocolar», fue la respuesta del alcalde al frustrado encuentro.

Binner es un socialista disciplinado y aunque ese partido tiene una relación menos aceitada que hasta hace poco con Carrió, no hay en sus filas opositores a seguir reconociendo la candidatura de la combativa legisladora. Sí hay presiones para que Carrió encuentre el modo de acordar con Kirchner, sobre todo del Frente Grande, tanto el que ya está al lado del gobernador, como del jefe del gobierno porteño, Aníbal Ibarra, titular de ese pequeño partido.

Sigamos con el peronismo. Si efectivamente no habrá internas, se tornará hipotético saber ahora si Rodríguez Saá, todavía primero en las encuestas, el propio Kirchner, irá por dentro o fuera del justicialismo.

En los números, Duhalde no conseguiría ahora, sobre todo en la cámara baja una ley de lemas. Ya en su momento el ARI y el radicalismo la rechazaron y ahora es Menem quien la fustigó calificándola «una trampa» para sus pretensiones. «El radicalismo tiene fisuras; entre una grave crisis institucional y una salida, optaran por este camino», especulan en el duhaldismo.

El papel de los radicales

Un influyente legislador radical le dijo a LA REPUBLICA que su partido es contrario a modificar la ley electoral.

Y es para creerle. Pero la historia es buena consejera y ha demostrado que en situaciones limites, los radicales se suman incluso a las malas salidas. «El peronismo confunde el partido con el Estado y si es necesario hay que aportar para una salida», comenta otro radical.

La UCR convocó también a internas para el 15 de diciembre, pero ahora sin que la peronista se concrete, ¿persistirán en su intento? Mientras este en apelación el cronograma original, este sigue vigente y la fecha del 15 de diciembre, válida.

Raúl Alfonsín cuya influencia ya no es la del pasado, se ha propuesto bloquearle el camino a Rodolfo Terragno y pondrá todo su prestigio para ungir a Leopoldo Moreau, un hombre del aparato histórico.

Terragno no lo es y sueña con convertirse en candidato de los independientes si llega a ser consagrado por el partido.

«Llegaré al balotaje», promete, sin detenerse a pensar en el deterioro del partido.

O especulando con el declive de Carrió y la fragmentación peronista.

Lo dice el Pentateuco: la egolatría es la fuerza de mayor poder hipnótico *

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