ANALISIS INTERNACIONAL

El misterio del francotirador de Washington

 

La novela de misterio que transcurre en Washington y sus alrededores supera por lejos los especímenes clásicos del género, al estilo del misterio del cuarto amarillo o del ataúd griego, las creaciones de Ellery Queen o de Agatha Christie y Hercule Poirot, sin hablar del inefable Mr. Reeders o las menos elaboradas de Sexton Blake que legó a la posteridad su «elemental, Watson». Desde el 2 de octubre el francotirador, de un solo disparo cada vez, mató a nueve personas e hirió a otras dos, y sigue vivito y coleando. Pusieron tras de él batallones de policías, militares, investigadores secretos, ofrecieron abultadas recompensas y, transcurridas más de dos semanas, no tienen la más mínima pista sobre su identidad y posible ubicación.

Con un palmo de narices

En las últimas horas se produjo el único arresto relacionado con el caso que tiene en vilo a toda la población de Washington y su entorno porque cualquiera (hombre o mujer, joven o viejo, negro o blanco) siente que puede estar en la mira del francotirador: un individuo fue detenido en Falls Church por brindar información falsa, presumiblemente para embolsarse la jugosa recompensa. Hasta ahora ese era el único testigo privilegiado. Con lenguaje y semblante patético el jefe de policía del condado de Montgomery confesó que se habían quedado totalmente a oscuras.

La investigación específica sobre el caso dispone de una considerable suma de efectivos y tecnología de punta. Moviliza a la policía y también a grupos menos convencionales, como los del Pentágono, el servicio secreto encargado de la seguridad de la Casa Blanca, los inspectores del servicio postal. «Un hecho sin precedentes en la región», decía The Washington Post, referido en particular a la participación directa del Pentágono en efectivos y tecnología sofisticada. Un agente especial de una oficina federal señaló que 2.000 hombres están asignados al caso «en un coctel que reúne el trabajo detectivesco clásico y la alta tecnología». El FBI desplegó 400 agentes especiales sobre el terreno y puso a disposición su sistema informatizado Rapid Start Information Management System, que absorbe gran cantidad de indicios y de nombres y los cruza con el contenido de un banco de datos criminales, en el cual figuran detenidos y psicópatas puestos en libertad, ex oficiales de policía y militares en retiro, militantes neonazis e islámicos. De esa manera van armando permanentemente la lista de potenciales asesinos.

Todo ello ha sido en vano. Están a fojas cero, navegando en las tinieblas.

En la base de Guantánamo

Téngase presente que en Estados Unidos está imperando a plenitud la Patriotic Act, en virtud de la cual han sido detenidos cientos de personas sin orden judicial y sin ser sometidos a proceso, vulnerando sus derechos constitucionales, privándolos de cualquier forma de defensa, sin dar a conocer siquiera sus nombres y su lugar de reclusión. Se ha operado una verdadera macartización de la sociedad, y precisamente el próximo día 26, en el primer aniversario de la ley votada bajo el impacto de las Torres Gemelas, están previstas grandes manifestaciones en Washington y San Francisco para protestar contra la misma. Por iniciativa del presidente Bush se creó un organismo gigante de seguridad interior, dirigido por su amigo Tom Ridge, dotado de personal y presupuesto amplísimos, que mantiene bajo sus sistemas de espionaje a toda la población. En el clima de histeria creado, cualquier defensor de los DDHH y de las garantías estampadas en la Carta es expuesto a la luz pública como un terrorista real o potencial. Llegado el momento, se está demostrando que esto sólo sirve para menoscabar las normas de convivencia democrática, pero es totalmente inoperante para detener el terrorismo.

Se llega al extremo de proceder a interrogar a las personas detenidas (en condiciones infrahumanas, sometidos a castigos y torturas) en la base de Guantánamo, para tratar de buscar forzadamente una conexión entre los atentados de Washington y la red Al Qaeda, cuando no existe ningún elemento que apunte en esa dirección. Son otros tantos palos de ciego.

En Indonesia y Filipinas

El fenómeno del terrorismo se está extendiendo de una manera peligrosísima en el mundo, cobrando cientos de víctimas inocentes, como ocurrió con los recientes y reiterados atentados en gran escala en Indonesia y en Filipinas. EEUU intenta vincular estos atentados también a la red Al Qaeda. Ha sido detenido Abu Bkaar Bachir, líder religioso de Indonesia (el mayor país musulmán) y a forceps se procura presentar su grupo Yemaá Islamiyá como una excrecencia de Al Qaeda. Nada de eso se ha demostrado. Lo que sí quedó claro es que la cruzada antiterrorista de EEUU, los bombardeos que destruyeron las ciudades afganas y masacraron las poblaciones civiles (incluidos los asistentes a una boda) no lograron reducir un ápice el fenómeno terrorista, sino que por el contrario lo exacerbaron.

Terrorismo de Estado israelí

En este clima se ha seguido desplegando en proporciones inauditas el terrorismo de Estado israelí, contando siempre con el apoyo de EEUU (aunque alguna vez le tiré un poquito las orejas, pour la galerie). Después del ataque israelí en Gaza el 23 de julio, con 13 muertos civiles, y de la masacre del 7 de octubre en Khan Yunis, con 16 palestinos muertos y 110 heridos, todos civiles, los tanques israelíes irrumpieron el 17 en el campo de refugiados de Rafah, en la frontera de Gaza con Egipto, mataron 8 palestinos e hirieron 45. Los cuerpos destrozados de dos mujeres, dos adolescentes y una niña fueron extraídos de los escombros, y el ejército israelí impidió el paso de las ambulancias para socorrer a los heridos. Esto sucedía mientras Sharon se reunía en Washington con Bush, para asegurarle el pleno apoyo de Israel a la invasión a Irak. En medio de invocaciones a la lucha «antiterrorista», sigue a todo tren el terrorismo de Estado. *

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