Irak y Estados Unidos, más dispuestos que nunca a iniciar una nueva guerra
«Irak tiene más confianza que nunca en el futuro y está mejor preparado para luchar después de este referéndum», declaró Saddam Hussein este jueves, poco antes de prestar juramento para otro mandato de siete años y considerando que la campaña estadounidense contra Irak le hizo ganar aprecio entre sus súbditos.
El martes pasado, el pueblo iraquí acudió a las urnas para decidir si el presidente, en el poder desde 1979, debía seguir gobernando. La respuesta, según las autoridades locales, fue unánime: un 100% de los electores dio su visto bueno.
Respondiendo a los desafíos de Saddam, el presidente estadounidense George W. Bush, que firmó el miércoles la resolución del Congreso que le da autoridad total para atacar Irak sin el visto bueno previo de la ONU, reiteró que no se quedará de brazos cruzados.
«O bien el régimen iraquí elimina sus armas de destrucción masiva, o bien Estados Unidos, por el bien de la paz, deberá liderar una coalición internacional para desarmar a este régimen», dijo Bush el miércoles, advirtiendo de que «si alguien duda de la determinación de Washington, se equivocará al ponerla a prueba».
Mientras tanto, en el Consejo de seguridad de la ONU se debatía por segundo día consecutivo la cuestión iraquí, la necesidad de una intervención militar o la falta de una nueva resolución, cuestiones que enfrentan a sus cinco miembros permanentes (EEUU, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China), todos ellos con derecho a veto.
En la apertura de la sesión, los estados miembros pidieron a Washington y Londres que defienden la idea de una intervención armada, que den una última oportunidad a los inspectores en desarme.
Irak aceptó a mediados de septiembre la vuelta de los inspectores en desarme de la ONU, que abandonaron el país en 1998, pero Washington, que duda de que ésta sea la verdadera intención de las autoridades de Bagdad, quiere una nueva resolución que autorice el recurso automático de la fuerza contra Irak.
«No queremos una guerra», declaró Powell este jueves al diario británico Times, considerando sin embargo que si Bagdad obstruye la misión de los inspectores en desarme de la ONU, habrá forzosamente «consecuencias».
Rusia y Francia se oponen a esta intervención armada automática y prefieren una solución en dos tiempos: primero una resolución de la ONU que determine las condiciones para la vuelta de los inspectores, y segundo, otra que prevea el uso de la fuerza militar si Irak no acepta dichas condiciones.
Tras dos días de intensos debates, este jueves parecía concretarse la posibilidad de un acuerdo en el Consejo de Seguridad. Para conseguirlo, Estados Unidos y Gran Bretaña presentarán en los días venideros un proyecto de resolución que tendrá en cuenta las indicaciones realizadas por Rusia durante un encuentro del canciller moscovita, Igor Ivanov y su homólogo de Washington, Colin Powell.
«Le he dicho a Powell que estamos listos para cooperar para llegar a un entendimiento mútuo con el fin de que haya una resolución que se convierta en la base de apoyo del trabajo de los inspectores internacionales en desarme, que tienen que volver a Irak lo antes posible», dijo Ivanov.
Por otra parte, Washington también negocia con las autoridades francesas para tranquilizarlas al respecto de una intervención armada, que sólo se produciría si los expertos en desarme aseguran que el gobierno de Bagdad miente, no colabora o no cumple lo prometido, según fuentes diplomáticas.
«Hay una posibilidad real de que las diferencias entre París y Washington se solucionen», aseguró un diplomático estadounidense que estimó que sin este acuerdo previo no se llegará nunca a una solución en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Además, Bush también sacó a relucir la cuestión iraquí en su encuentro con el primer ministro israelí Ariel Sharon en Washington, el miércoles. Los dos responsables conversaron de la estratégica cooperación bilateral en caso de ataque estadounidense contra Irak. *
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