Duhalde sin candidato, busca tiempo y Carlos Menem avanza
Su cronograma electoral fue derrumbado porque no encontraba la manera de resolver, en los términos fijados originalmente, las contradicciones internas del justicialismo. La jueza María Servini de Cubría que declaró inconstitucionales algunos de sus artículos, sólo blanqueó un requerimiento del liderazgo peronista, por ganar tiempo y hacer sus elecciones internas (sí es que las hay) de acuerdo a la correlación de fuerzas.
Se trata tanto para Eduardo Duhalde como para Carlos Menem un respiro, tirar para más adelante las definiciones, pero el caso desnuda la fragilidad del objetivo político oficialista, incapaz de lograr, y esto es lo fundamental, el menor entusiasmo en la ciudadanía.
Es un momento crítico y contradictorio.
Si se mira la escasa reacción pública los días y noches del debate en la Cámara baja alrededor del dictamen que impulsaba el juicio político a cada uno de los nueve integrantes de la Suprema Corte de Justicia, se puede colegir que un gran pesimismo vuelve a instalarse en grandes vetas de ciudadanos.
Es como si su capacidad de resistencia se agotó luego de que parecía que comenzaba a imponer su presencia en las grandes decisiones desde las jornadas que desplazaron a Fernando de la Rúa.
Ningún movimiento perdura con la espontaneidad, y por eso, si la gente no tiene señales claras para seguir, puede acabar haciendo caer sus brazos.
En el momento que se decidía si era posible juzgar al menos a los integrantes más cuestionados del más importante tribunal, faltó «presión popular».
Es esta ausencia la que determinó el entierro del juzgamiento de los supremos: con una multitud frente al Parlamento, acaso otra cosa hubiera ocurrido.
Pero los sectores que suponen querer interpretar los cambios que la sociedad reclama (las encuestas exhibieron que un 80% pedía el desplazamiento de los jueces cuestionados), no han encontrado la manera de construir poder como para poder confrontar con el statu quo y la realpolitik.
Esta ausencia de resistencia temible le da al gobierno (y a las vetas del peronismo, por un lado y al establishment por el otro), cierto respiro para seguir probando fórmulas para el recambio.
Señales contradictorias en la sociedad
No son sencillas no solamente porque las contradicciones son por momentos insuperables, sino porque son difíciles de digerir para una amplia mayoría. Inmovilismo en estos momentos (que no es global) no indica que signifique consentimiento. Las encuestas revelan dos cosas: que los preferidos, no pasan el 20% de intención de voto pero que los que no piensan en votar, pueden estar cerca del doble del más aceptado.
Y en esa realidad, de no modificarse, podría darse un escenario boliviano, con tres o cuatro candidatos con cifras parejas y bajas pero además, con un alto nivel de abstención. Esto haría emerger a un presidente débil sujeto al corto plazo a sacudones impredecibles o a acentuar tendencias autoritarias.
Puede exhibirse otra faceta del ánimo popular, o de los sectores más castigados, con el auge del movimiento piquetero en las últimas semanas, que en algunas provincias tuvo desenlaces muy violentos por parte del Estado. Asimismo, el discurso se radicaliza en lo programático y la acción práctica. Es consecuencia de la tendencia al agravamiento de la situación social: sólo en setiembre cayeron 40 mil puestos de trabajo de la economía formal. «Se están despidiendo incluso a trabajadores muy calificados», cuenta un hombre de los grandes grupos económicos. Empuja además esa radicalización una objetiva impaciencia, que la hace verbal, no vinculada al grado de organización y acuerdos intersectoriales que permitan avizorar un poder de relevo. Pero es una tendencia en crecimiento, que provoca respuestas represivas de poderes ocultos. ¿Existe un centro preventivo?
Es ese un espacio que no puede ser ignorado, que echa raíces en densos grupos poblacionales en casi todo el país. Es la izquierda (y por ella se entiende a facetas muy diferentes pero cuestionadoras del statu quo) que no conseguía trascender desde que el peronismo surgió a la vida nacional.
En esa dirección es útil indicar que 270 empresas que habían decretado quiebra o cierre, hoy funcionan bajo control obrero o como cooperativa, una línea en crecimiento, una actitud para enfrentar el desempleo sin esperar el seguro o el subsidio.
El peligro de los líderes de esta corriente es leer la tendencia como irreversible, o aferrarse a las nuevas ideas que cuestionan el poder desde el abandono a la lucha por él, como pregona el escocés John Holloway que parece marcar el camino no sólo del socialista Luis Zamora sino de sectores piqueteros.
El rompecabezas justicialista
¿Preocupa al gobierno (y no solo a él) estas expresiones? Sí, pero por ahora no hay alarma. ¿Frena la capacidad de crecimiento del espacio que lidera Elisa Carrió? Sí, pero no le encuentra una respuesta superadora. Regresemos al peronismo.
El fin del proceso de internas abiertas organizado desde arriba, abre interrogantes. A Adolfo Rodríguez Saá le permite participar de la definición del candidato dentro del peronismo y si fallara por argucias, reales o supuestas, puede –la norma anulada lo prohibía– presentarse en las elecciones generales con sello propio.
El puntano trata de acumular en diversos sectores y por eso se lo vio en la ruta caminando con piqueteros y un espacio de fuerzas irrepetible demandado la libertad de Raúl Castells, un trosquista sin partido que lidera un movimiento de pobres que a veces va por comida sin pedir permiso.
De la misma manera puede designar a Melchor Posse, un ex dirigente radical, como potencial copiloto y a ex carapintada con espacio territorial no desdeñable.
Duhalde no lo quiere, pero entre el puntano y Menem, algunos de los suyos preferiría acordar con él, según vengan las cosas.
El riojano puede vencer en las internas, pero todavía tendrá que superar obstáculos. Sus operadores quieren instalar la idea de un acuerdo inminente con el Presidente, pero no es lo que Duhalde quisiera, aunque en sus segundas líneas, lo creen irremediable. Quien sabe: los dos acordaron salvar a la Corte, aunque por motivaciones diferentes.
El no juzgamiento a los cuestionados cortesanos es una derrota político cultural colectiva pero temprano o tarde hará insostenible la permanencia de la mayoría de sus integrantes
Menem controla con aval judicial apelado, la junta electoral de las internas lo que irrita a las demás tendencias. Pero Duhalde sigue teniendo la mayoría del Congreso partidario, que dice la última palabra en materia de candidatos o la manera de designarlos, incluso por esa Asamblea.
Duhalde necesita para poder imponer en el Congreso sus objetivos (que son confusos por el enredado de la situación) del apoyo de Carlos Reutemann. Este insiste que no quiere ser candidato. Ahora le han requerido que ponga sus congresales para una salida: no hay respuestas.
Menem: centro de todo
Siempre se vuelve al mismo sitio: Menem. Las señales desde los EEUU, contrarios a su candidatura, lo han afectado pero no cree que sea el discurso único de la administración Bush ni de los intereses externos. Un diplomático argentino cuenta: «Menem sabe que (Otto) Reich lo desprecia, pero es su opinión, no la del gobierno que aún no decidió a quién apoyar ya que Reutemann sigue negándose a ser candidato».
Conclusión: el ex seguirá por su presa.
Con un poco más de tiempo, Duhalde puede especular con la posibilidad de acordar con Néstor Kirchner, que viene subiendo en las encuestas y exhibe capacidad de articular respaldos políticos.
Es el gobernador de Santa Cruz quien debe decidir si esa carta eventual lo ayuda,
habida cuenta de la impopularidad que envuelve al gobierno. Ser el candidato del oficialismo, no es la mejor carta de triunfo.
El supuesto delfín (al peronismo le resulta imposible pensar siquiera que no sea uno de ellos el futuro mandatario), José Manuel de la Sota, no consigue mejorar su imagen como para que los caciques provinciales decidan respaldarlo. Al contrario, está acosado por denuncias administrativas y hoy Menem y Rodríguez Saá, están arriba en la misma Córdoba.
Duhalde dice que se va en mayo
Duhalde debe encontrar el modo de sacarlo del juego, sin resentirlo. Hay algo previo, el Presidente debe convencer que no está aprovechando la confusión y enfrentamientos internos para desdecirse de su promesa de entregar el gobierno el 25 de mayo que viene, con o sin elecciones.
Las posibilidades de un módico convenio con el FMI que permita alejar algunos fuertes compromisos externos iniciar, como le reclaman en Washington acaso como caso testigo, la renegociación de la deuda con acreedores privados, añaden un factor de entusiasmo al duhaldismo en su segunda línea. Añaden el vientito reactivador en algunos sectores, para hacer volar imaginaciones de intentar prolongar el mandato.
Duhalde no solo insiste que no es así, que eso no aguanta: enviará a la Asamblea Legislativa su renuncia indeclinable. Pero la justicia, una vez más conduciendo la política puede decidir que no es legal la convocatoria a elecciones.
Si la jueza Servini de Cubría pudo apoyarse en la carta magna para anular el control estatal (y financiación) de las internas, bien puede la Cámara Electoral, decidir lo mismo respecto a la fecha de las presidenciales.
Es que la Asamblea Legislativa le fijó un mandato a Duhalde y es ella la que puede decidir acortarlo y darle legalidad a la fecha del 30 de marzo para la primer vuelta. Por eso no está dicha la última palabra.
Muchas veces el peronismo decidió violentamente su interna y ese fantasma regresa. Hay otras angustias: si Menem es el candidato, puede crecer Carrió, su mejor escenario electoral.
Imaginar es gratis y Ricardo López Murphy, con tanta intención de voto como Kirchner aunque debajo de la legisladora, Menem y Rodríguez Saá es partidario de estirar el mandato presidencial pensando que el tiempo puede correr en su favor.
Lo inesperado puede ocurrir. EEUU esta más cerca que lejos de provocar un hecho bélico de consecuencias imprevisibles y su recesión económica, ahondarse con repercusiones negativas para estos lugares.
Y en Brasil, las dudas se despejaran a fin de mes. Un triunfo de Lula no es el mejor estímulo para Menem que se ve de nuevo en la quinta de Olivos. *
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