Un frente para cambiar la historia de Brasil
A una semana del primer turno electoral ha cundido en el mundo la convicción de que Brasil está en el umbral de cambios trascendentes, susceptibles de proyectarse en forma sensible –pero no automática– en los países de la región latinoamericana y caribeña. Salvo en momentos de aguda confrontación de Cuba con el imperio, nunca un acontecimiento de nuestro continente conmovió a tal grado la opinión pública mundial y los medios de comunicación internacionales. El impacto se acrecentará si la franca tendencia delineada por el pueblo brasileño en esta instancia se consolida en la vuelta definitiva, el 27 de octubre.
La extensión y ampliación sistemática del frente
Lo primero a calibrar en su cabal dimensión es la magnitud, la calidad y la homogeneidad del avance del PT, que llegó a borrar las tradicionales diferencias entre el norte y el sur (véase nuestra nota del 11 «Lula, en una perspectiva de victoria para el 27″). Este logro excepcional es el fruto de apenas 22 años de labor constante desde la fundación del Partido el 10 de febrero de 1980 en el mítico São Bernardo do Campo, en el ABC paulista, la mayor concentración obrera de América Latina, centro de las grandes huelgas encabezadas por Lula en plena dictadura (que lo encarceló en el DOPS), las que alentaron a toda la sociedad a movilizarse para exigir el fin del régimen militar.
Sintéticamente, estos avances se concretan en los siguientes aspectos: a) una votación de casi 40 millones de sufragios y 46,44% del total, el doble de los guarismos alcanzados por el candidato oficialista José Serra. Si rigieran las mismas normas que en otros países (más de 40% de votos y ventaja superior al 10% sobre el sesgando), Lula ya habría sido proclamado presidente; b) un crecimiento parejo que abarcó a todo el país, incluso el norte, lo que cambió todo el mapa político. Si bien en el sur, como era previsible, la votación por Lula alcanzó 50,6%, en las demás regiones no estuvo muy alejada: 45,9% en el sudeste, 45,7% en el norte, 43,6% en el nordeste y 43,3% en el centro oeste; c) la mayor bancada en la Cámara de Diputados para el PT, con representación muy elevada en estados fundamentales, el mayor crecimiento para el PT en el Senado (que se renovó en sus 2/3), el aumento de legisladores de todos los sectores de oposición en ambas ramas parlamentaras y el descenso de representación en ambas de todos los partidos del gobierno (aunque éstos trataron de disimular su filiación en el curso de la campaña, empezando por el propio Serra, gubernista vergonzante, a pesar de haber integrado el gabinete de FH Cardoso y de estar reclamando a viva voz su apoyo para el segundo turno).
Más recientes cuadros estadísticos subrayan desde otros ángulos el crecimiento del PT. En Río Grande do Sul su votación, con respecto a la de 1989, se situó en el 573% (y debe recordarse que aquí logró sus primeros éxitos electorales, con la conquista de la Prefeitura en 1989, desempeñada por Olivio Dutra, actual gobernador del Estado). En Paraná los votos del PT son el 503% de los de 1989, en Santa Catarina el 434%, en Mato Grosso do Sul el 360%, en Tocantins el 349%. A pesar de ello, en este último estado el PT no alcanzó a elegir un diputado, situación que se reproduce en los norteños Alagoas (donde fue barrido Fernando Collor de Mello), Amazonas y Roraima. En los otros 22 estados y en el DF el PT tiene representación propia en los órganos federales.
Los cambios en profundidad
De estos hechos, decíamos, no hay que extraer conclusiones mecánicas. pero tampoco lo contrario. Hay quienes, ocupando altas posiciones, y queriendo salir al encuentro de las repercusiones de la elección brasileña en nuestro país, se adelantaron a declarar que «Lula no llega con mayoría, llega muy acotado» y «sin respaldo parlamentario no se puede gobernar». Estas apreciaciones no reflejan el actual cuadro de situación. En primer lugar, por el aumento de las bancadas de todos los partidos de oposición, reunidos en torno a las candidaturas de Lula, Garotinho y Ciro, y por la caída de las bancadas del oficialismo (vergonzantes o no).
Por otra parte, toda la campaña electoral del PT fue desde su Congreso en Pernambuco en diciembre pasado, una búsqueda constante de acudes, de concertación de soluciones capaces de sacar a Brasil del pantano. Tal fue el sentido de su alianza con el gran empresario textil, senador José Alencar, del PL, representante de corrientes nacionalistas, defensoras de la soberanía nacional, del crecimiento productivo del país y de la satisfacción de las necesidades del mercado interior. Lula diría muchas veces, aludiendo a los temas del mercado, que en Brasil –el país de máximas desigualdades sociales– el gran problema es que decenas de millones de seres viven al margen del mercado, no consumen. Y por ello fijó como prioridades el tema del empleo, principalmente para los jóvenes, los acuerdos con los empresarios para las inversiones y la creación de puestos de trabajo; la educación (ningún niño fuera de la escuela), y tres comidas diarias para cada habitante del territorio. El logro de estos objetivos significaría para el país un profundo cambio, una auténtica renovación.
Además, la búsqueda de la ampliación de sus bases de apoyo constituye el norte de la campaña del PT y sus aliados en esta segunda fase de la campaña. ha obtenido resultados positivos. Un comentarista escribe (y esto es un denominador común de los diversos análisis): «Detrás de Lula se encolumnan comunistas y ex comunistas, socialdemócratas, centristas, derechistas, representantes del nordeste feudal y hasta «colloridos» que acompañaron al ex presidente Collor de Mello. Con el apoyo garantizado de todos los partidos que votaron a candidatos opositores en el primer turno, más una importante base de sustentación, inédita en el país.
Lula ha cerrado casi todos los caminos a Serra, que tiene ahora muy pocas opciones para ampliar sus apoyos. El líder del PT obtuvo más de 20 millones de votos de ventaja a su rival en el primer turno. Se aseguró ya el apoyo de Garotinho y Ciro, que juntos obtuvieron más de 25 millones de votos, y de todos los partidos que sustentaron esas candidaturas». Y los detalla: PSB, PP, PDT de Leonel Brizola, e incluso el PTB (que integró la alianza de Gobierno pero apoyó a Ciro por disidencias con Serra), además de Sarney, del PFL, y del apoyo del gubernista PMDB en los distritos más importantes: San Pablo y Minas Gerais, además de Panamá, Santa Catarina y otros. En algunos casos, ello se produjo «no por amor al PT sino por odio a Serra».
El Mercosur y las próximas negociaciones del ALCA
El tema del Mercosur nos interesa particularmente. Lula comprometió un firme apoyo. Se propone hacer de un Mercosur vigorizado la base para las próximas negociaciones sobre el ALCA, que revisten enorme importancia. Al frente de las mismas se encontrarán, en una presidencia compartida, Brasil y Estados Unidos. Están agendadas para noviembre, pero es valor entendido que no se iniciarán hasta mediados de enero 2003, con el próximo gobierno brasileño. El proyecto de Area de Libre comercio de las Américas es una prioridad estratégica de Bush, que ya logró la votación en el Congreso de la Autoridad de Promoción Comercial (TPA), nueva versión del «fast track», que le facilita este objetivo. Aquí la posición de Lula es de meridiana claridad, aunque ha sido a menudo tergiversada: declaró que se propone ir a las negociaciones para defender los intereses propios de Brasil con la misma tenacidad con que EEUU defiende los suyos, y sin excluir ningún punto del temario, así sean los multimillonarios subsidios agrícolas (en realidad, a los consorcios agroindustriales) o la
s importaciones de acero. En esas negociaciones, de alguna manera Brasil defenderá intereses y aspiraciones que son comunes a América Latina.
Vista al futuro próximo
Una razón más para la expectativa con que, del Río Bravo a la Patagonia, aguardamos de definición del pleito electoral, dentro de dos semanas. *
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