Lula arma un frente histórico
Detrás de Lula se encolumnan comunistas y ex comunistas, socialdemócratas, centristas, derechistas, «coroneles» del nordeste feudal, y hasta «ex colloridos», que acompañaron al ex presidente Fernando Collor de Mello, que derrotó a Lula en 1989 y renunció en 1992 envuelto en un escándalo de corrupción.
Con el apoyo garantizado de todos los partidos que votaron a candidatos opositores en el primer turno de las elecciones, más una importante corriente interna de disidentes del oficialismo, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) ha podido crear una base de sustentación inédita en el país.
Lula ha cerrado casi todos los caminos a Serra, que tiene ahora muy pocas opciones para ampliar sus apoyos. El líder del PT, que obtuvo más de 20 millones de votos que su rival en el primer turno, se limita a recolectar adhesiones. Serra debe ir a buscarlas a costa de grandes sacrificios.
Esta semana, en Brasilia, el candidato oficialista tuvo que tomarse de las manos y orar con los pastores de la Iglesia Universal del Reino de Dios, una importante fuerza evangelista, que le prometió su apoyo a cambio de que condenara el aborto y la unión civil de homosexuales.
Lula se aseguró ya el apoyo de los ex candidatos Anthony Garotinho y Ciro Gomes que, juntos, obtuvieron más de 25 millones de votos en el primer turno de los comicios, y de todos los partidos que sustentaron esas candidaturas. Ninguno le pidió cargos en un eventual gobierno, al menos públicamente.
Garotinho, ex gobernador de Rio de Janeiro, anunció el apoyo del Partido Socialista Brasileño (PSB), aunque no pudo garantizarle el de su electorado evangelista.
Ciro Gomes le aportó el apoyo de su Partido Popular Socialista (PPS), ex comunista, del Partido Demócrata Laborista (PDT) de Leonel Brizola y del Partido Laborista Brasileño (PTB), que integró la alianza de gobierno de Fernando Henrique Cardoso pero apoyó a Gomes por disidencias con Serra.
El presidente del PTB, José Carlos Martínez, afirmó al aclarar el apoyo del partido a Lula en el balotaje que lo hacía «no por amor» al PT «sino por odio» a Serra, que se abrió camino a su candidatura dejando un tendal de «heridos» políticos.
Por eso, analistas consideran que la capacidad del PT por atraer apoyos incluso de quienes se ubicaban en las antípodas del partido se debe al proceso de moderación impulsado por Lula, pero también a las resistencias que enfrenta Serra entre quienes deberían ser sus aliados naturales.
Así se explica el apoyo al PT del ex presidente José Sarney y de su hija Roseana, ex gobernadora del estado nordestino de Maranhao.
Roseana Sarney, dirigente del Partido del Frente Liberal (PFL), heredero de la dictadura militar y junto a Cardoso desde el inicio de su gobierno, lanzó a finales de 2001 su candidatura presidencial con buen impacto en las encuestas, hasta que un escándalo de corrupción la obligó a retirarse, en abril.
Los Sarney siempre vieron la mano de Serra detrás de las denuncias de dinero ilícito en la financiación de la campaña de Roseana y la crisis llevó al alejamiento del PFL de la coalición de gobierno de Cardoso.
Para la segunda vuelta, el partido expresó su apoyo a Serra pero «liberó» a los militantes. Roseana, su padre y otro gran caudillo del partido, Antonio Carlos Magalhaes, de Bahía, ya anunciaron su voto por Lula.
Lula ha logrado sumar el apoyo del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el mayor del país y que forma la «gran alianza» que sustenta a Serra y a Cardoso en el Congreso en los distritos electorales más importantes del país.
Las dirigencias del PMDB ya anunciaron su apoyo a Lula en San Pablo, en Minas Gerais, en Santa Catarina y en Paraná, entre otros estados.
«Yo acepto votos hasta de los que no aceptan el cambio», dijo días atrás Lula, que suele aclarar que «apoyo no significa alianza», para atajarse de las críticas a su «amplitud». Habrá que ver si su estrategia de «Lulinha paz y amor» lo lleva al poder. Después será otra historia. *
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