Lula, en una perspectiva de victoria para el 27

 

Ya con las cifras definitivas en la mano, se pueden extraer conclusiones firmes del primer turno de las elecciones brasileñas y proyectarlas a la segunda vuelta del domingo 27, en que se definirá la Presidencia de la República y varios gobernadores de estados sometidos a balotaje. La primera es sin duda la magnitud y el alcance de avance del PT y de la candidatura de Lula a lo extenso de este país-continente.

 

Lula llegó a la cabeza en 23 de los 26 estados y en el Distrito Federal, Brasilia. Se registró en este aspecto una homogeneidad que sorprendió a todos los observadores. Solamente se le escaparon tres estados: Ceará, donde ganó su ex gobernador Ciro Gomes, quien ya comprometió un apoyo «incondicional, irrestricto y entusiasta» a Lula para el 27; Río de Janeiro, donde ganó Garotinho, ex gobernador (ahora sucedido por su esposa Rosinha), quien también comprometió su respaldo a Lula, aunque condicionado; y Alagoas, el único estado en que prevaleció el candidato oficialista José Serra, que enfrentará a Lula en el segundo turno. Lo que no previeron las encuestas previas es el avance arrollador de la candidatura petista también en el norte del país, tradicionalmente sometido a coroneles y caudillos omnipotentes. Ahora la adhesión a Lula abarcó a todo el país. Es el candidato preferido para ejercer la presidencia a nivel nacional. Así lo testimonian casi 40 millones de votos y un porcentaje de 46,44%, que duplican los de Serra. De ahí su trascendencia para los pueblos y las fuerzas de izquierda de todo el continente.

Este avance general tuvo en algunos estados rasgos espectaculares, y determinó cambios fundamentales en los mismos, en una magnitud tampoco prevista en los análisis previos. Ello determinó el derrumbe de candidatos tradicionales de la derecha, que quedaron sepultados. De hecho, todo el cuadro político se modificó.

Giro a la izquierda y entierro de los carcamanes

En general, se produjo un ostensible giro a la izquierda. Personajes de alcurnia derechista, que parecían destinados a medrar eternamente, fueron barridos de la escena política. El caso de Paulo Maluf es particularmente ilustrativo.

Ligado a las dictaduras militares, Maluf fue gobernador de São Paulo y prefeito de la ciudad (hoy gobernada por la petista Marta Suplicy). Parecía inamovible. Al lanzarse la campaña electoral, el candidato petista José Genoino partía casi de cero. Los dos grandes contendores eran Maluf y el candidato del PSDB, el médico Geraldo Alckmin. Pero la candidatura de Genoino fue creciendo (por méritos propios y también por arrastre de la candidatura de Lula) y desbancó a Maluf, que por primera vez en décadas quedó fuera del segundo turno. En São Paulo también fue sacado de la troya el veterano Orestes Quercia, derrotado en su aspiración al Senado.

El otro caso paradigmático es Alagoas. Es su antiguo feudo, el ex presidente Collor de Melo (aupado por la Rede Globo y defenestrado por Planalto por corrupción comprobada) proyectaba hacer de su elección como gobernador la plataforma de lanzamiento de su candidatura a la Presidencia en 2006. Fue barrido en el primer turno, ya que Ronaldo Lessa, del PMDB, alcanzó la mayoría absoluta y lo dejó con un palmo de narices. Esto revela cómo ha cambiado la situación política en estos antiguos reductos del caciquismo, de familias dueñas de vida y haciendas, del poder económico y político.

En Rio Grande do Sul hubo grandes variaciones a lo largo de la campaña. Antonio Britto (ex gobernador, que ahora se presentó bajo la leyenda del PPS) partió en punta, pero sufrió luego el retroceso de la candidatura de su candidato Ciro Gomes, de modo que se fueron alternando en la delantera Germano Riotto, del PMDB, que terminó liderando con 41,1% y Tarso Genro, con 37,3%, que luchará por mantener la supremacía petista en el estado gobernado por Olivio Dutra.

Se señalaron fenómenos similares en cuanto al efecto de arrastre de la candidatura de Lula en Rio de Janeiro (donde se calificó de «sorprendente» la votación de Benedita da Silva), en el distrito Federal, en Santa Catarina y otros.

Nuevo Congreso y acuerdos para gobernar

En la integración del Congreso se produjo un cambio trascendente. Con las cifras definitivas, el PT tendrá la mayor bancada en la Cámara baja: 91 diputados, con un aumento de 33 bancas y representación en casi todos los estados, lo que acentúa su gravitación nacional. En el campo de sus aliados y de la izquierda, todos aumentaron su representación, sin excepción: el PC doB llegó a 12 (+2), el PL a 26 (+4), el PPS a 15 (+4), el PSB a 23 (+6), el PDT a 21 (+5). En cambio, todos los partidos del oficialismo y de la derecha bajaron, también sin excepción: el PSDB perdió 24 bancas (a 71), el PMDB perdió 13 (a 74), el PFL también 13 (a 84), el PTB 9 (a 26), el PPB 5 (a 48). En el Senado, que se renovó parcialmente, el PT sube de 8 a 14, el PSDB y el PMDB bajan (3 y 5 escaños, respectivamente). También aquí, el pronunciamiento de la ciudadanía es inequívoco: a favor de la oposición, y contra el gobierno. Por algo, en la campaña electoral Serra quería transformarse, como el camaleón, en opositor a la política que desde el gobierno había contribuido a ejecutar.

En el balance trazado por Lula, el 76% del electorado expresó su rechazo a la política del gobierno, y esa es la correlación de fuerzas que se tratará de concretar el 27 de octubre. Desde distintos ángulos se señala que el nuevo gobierno deberá concertar la acción de diversas fuerzas para poner en marcha su programa de cambios. Ello se verá facilitado por la nueva integración del Congreso. Pero hay además otro factor en que han coincidido tirios y troyanos: y es que Lula es el más indicado, por sus cualidades políticas y personales, para llevar a cabo esa imprescindible tarea de avanzar en la concertación y en los acuerdos para gobernar.

Una enorme importancia reviste, en ese cuadro, la política de amplias alianzas decidida por el PT y concretada, en particular, en la promoción del senador José Alencar a la Vicepresidencia, porque éste une a su condición de gran empresario textil una clara conciencia nacionalista, de defensa de la soberanía y de la independencia nacional, capaz de impulsar una política de crecimiento productivo, la única que puede sacar a Brasil de su actual impasse.

Brasil en el mundo

Otro hecho interesante: en Brasil votan los ciudadanos residentes en el exterior (un ejemplo digno de ser imitado, por cierto). Pues bien: en todas las ciudades y países del extranjero, empezando por Montevideo, ganó Lula. La única excepción fue Japón. Los votos mayoritarios fueron para el candidato del PT en todas las ciudades de América Latina, en Washington, New York y Miami, en Londres y París, en Roma, Berlín y Copenhague, en la China (Pekín, Shanghai y otras ciudades). La primera llamada que recibió Lula en la mañana del día de la votación provino de Nueva Zelanda (en razón de los husos horarios) de parte del ex gobernador de Brasilia y ahora electo senador Cristovam Buarque, anunciándole que allí había ganado. Como demostró la iniciativa de la sección deportiva de nuestro diario, entre los futbolistas brasileños que actúan en nuestro medio la simpatía por Lula era notoriamente mayoritaria. Ese era el clima dominante en todo Brasil, que iba desde el apoyo franco hasta la actitud de no rechazarlo, aun entre quienes no lo votaban.

El domingo vimos en San Pablo a una pléyade de dirigentes de primer nivel de la izquierda continental, con figuras emblemáticas como Cuauhtémoc Cárdenas y –lo que es muy importante– líderes políticos y sindicales argentinos. Por todo ello, y por las claras p
erspectivas abiertas para el 27 de octubre, se está hablando del comienzo de un nuevo ciclo. Para Brasil sin duda, y quizá para toda la América Latina y caribeña. *

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