Al grito de "Mi nombre es Eneas", es el diputado más votado de Brasil
El diputado más votado de Brasil, no dirige una gran maquinaria política, ni pertenece a ninguno de los grandes partidos, es un excéntrico cardiólogo de 63 años que consiguió su récord sólo gritando en televisión «mi nombre es Eneas».
Con su característica voz cascada, rotunda y gritona, enormes gafas de aumento, extrema delgadez, calvo y una larguísima barba de cabello negro rizado, el doctor Eneas Carneiro, como le gusta llamarse, consiguió nada menos que casi 1,6 millones de votos en la difícil jurisdicción donde se presentó, el Estado de Sao Paulo, primer colegio electoral de Brasil. Nadie, ni los más conocidos políticos brasileños, lo habían logrado antes.
Su Partido de Reedificación del Orden Nacional (Prona), creado por él mismo en 1989 y que lo acompañó ya en algunas candidaturas presidenciales sin viabilidad, consigue con esos votos colocar en el Congreso brasileño a cinco diputados, en su mayoría ex alumnos suyos.
Uno de los electos tuvo menos de 300 votos, lo que ha generado una enorme polémica en la clase política que no ha conseguido llevar al Congreso a algunos candidatos con más de 90.000 votos. El presidente Fernando Henrique Cardoso sostuvo que ese caso muestra las distorsiones del sistema electoral brasileño.
«Estoy en contra de ese sistema tal como es ejercido en Brasil, que lleva a distorsiones. Ese es un ejemplo, claro, escandaloso de distorsión», dijo el mandatario saliente.
Amparado en su inesperada votación, Carneiro ha llegado a proclamar que «si mis compañeros (diputados) piensan que debo estar allí presidiendo la Cámara» de diputados, está plenamente dispuesto a hacerlo. ¿Cómo consiguió todos esos votos?: según él, apenas con la propaganda electoral gratuita en televisión, en la que aparecía frente a la cámara gritando, «mi nombre es Eneas». En un mensaje a los electores, Carneiro afirma: «en los estertores del siglo XX se deflagra una situación sin precedentes en la historia planetaria». Y continúa: «Nada puede detener la ola de destrucción que se aproxima, si no se produce una ruptura definitiva con el sistema financiero internacional, incluidos el FMI, el Banco Mundial, la OMC y similiares».
«Si no tomamos esa actitud, estaremos todos, como los pasajeros del Titanic, asistiendo a un naufragio en el que no queremos creer», concluye.
Su victoria fue atribuida por el analista político Fernando Abrucio, profesor de la Fundación Getulio Vargas, entrevistado por el diario Globo, a «una especie de factor de despotismo», que aglutinó tres tipos de voto: de protesta, de repudio, y conservador. El, obviamente lo niega, y afirma que si hubiera tenido 3 minutos de propaganda gratuita diaria, en vez de los segundos de los que dispuso, «habría sido elegido presidente en la primera vuelta». *
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