El 7 de octubre de 2001 cayeron las primeras bombas norteamericanas sobre la ciudad de Kabul

Las primeras bombas estadounidenses cayeron sobre Kabul el 7 de octubre de 2001 por la noche, dejando la capital a oscuras, mientras algunas baterías antiaéreas respondían al ataque sembrando el pánico entre los habitantes.

Un año después, Shah Marai, un guarda nocturno de 26 años que trabajaba para la AFP recuerda los hechos: «Estaba en la oficina cuando oí el ruido ensordecedor de un avión que se acercaba. Eran las 21H30. El avión lanzó cuatro bombas sobre Kabul, dos en el aeropuerto, una cerca del parque Sharara y otra sobre una colina donde los talibanes habían tomado posiciones». Se acuerda del enorme miedo que sintió cuando vio una de las explosiones sobre una colina, seguida de un corte del suministro eléctrico y de las líneas telefónicas en toda la localidad.

Los talibanes, agregó, «respondieron enseguida con armas antiaéreas y tiraron al aire con Kalachnikovs, pero el avión se encontraba muy alto en el cielo y no se podía ver». Luego, los bombardeos prosiguieron cada treinta minutos, añadió, afirmando que tuvo miedo «de que los talibanes viniesen a matarle» por trabajar para «una agencia extranjera, porque los talibanes odiaban a los extranjeros».

Otro habitante de Kabul, Dauo Yardost, de 31 años, estaba en su casa cuando empezó el ataque.

«Era terrible todos esos ruidos de explosiones que se oían. Tuve mucho miedo», dijo, precisando que se apresuró a llenar sacos de arena para proteger la vivienda.

«Estábamos muy contentos de que los talibanes fuesen bombardeados, pero teníamos miedo por nuestra seguridad y a que los talibanes se vengasen contra civiles».

Dauo afirmó que al día siguiente por la mañana la gente salió de sus casas para conocer la suerte de familiares y amigos, mientras algunos se refugiaban en otras localidades. Los más pobres no tenían a dónde ir y se quedaron.

«Los bombardeos duraron aproximadamente siete días en Kabul, todas las noches, y luego también se producían por el día hasta principios de noviembre. Y, una noche, oímos el ruido de tanques a la salida de la ciudad. Eran los talibanes y árabes que huían», relató.

Algunos talibanes que no habían sido avisados de la huida de sus jefes fueron linchados al día siguiente en las calles de Kabul, agregó.

«Cuando se fueron los talibanes nos sentimos libres de nuevo», dijo Dauo, precisando que los habitantes de la capital volvían a gozar de actividades prohibidas como la música, las cintas de video, los restaurantes o la televisión. *

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