Por la voz de Otto Reich, EEUU sabe que Menem es un corrupto
ISIDORO GILBERT
La nota que originó el revuelo ponía en labios de Reich, un cubano-americano de la línea ultradura contra La Habana, lo siguiente: «Este hemisferio es fuerte cuando de corruptos se trata. Ahí tiene el caso de Alemán en Nicaragua, que supuestamente ha robado más de cien millones de dólares. Y tiene el caso de Menem en Argentina y el de Salinas en México».
Estaba escrito. La declaración puso al menemismo en estado de alerta dado que dejaba en evidencia que la administración de George W. Bush lo había colgado de la ganchera para que no intentara volver al poder.
Los operadores del menemismo, el lunes y el martes, hablaban con cuanto contacto periodístico tenían para anticipar la inminencia de un comunicado del Departamento de Estado desmintiendo los dichos. O mejor aún, una aparición pública del propio Reich diciendo que no dijo lo que dijo. Pero nada de eso ocurrió.
Finalmente el menemismo consiguió que Reich llamara a los corresponsales en Washington de los diarios Clarín y La Nación para hacer una desmentida en la que mezcló razones como que jamás dijo que Menem era corrupto y que Rosa Townsend, la periodista de El País, no entendía bien el inglés porque no nació en Estados Unidos.
Townsend efectivamente nació en España, pero habla y entiende el inglés a la perfección. Es ciudadana norteamericana, trabajó diez años para el Miami Herald y tres años y medio para la BBC de Londres.
Fue como decir «no me comprendió adecuadamente». Bueno, a partir de esta desmentida indirecta, la calma regresó al mundo del ex mandatario que el martes, a último momento, cuando prevalecía la primera versión, lo dejó plantado al periodista Luis Majul, nada menos que en un programa de sugestivo nombre: La Cornisa.
Pero de la desgrabación completa del reportaje que Página/12 y Clarín publicaron ayer queda confirmado que no sólo Reich hizo esa afirmación sobre Menem sino que amplió y añadió sus acusaciones en otra pregunta que hasta hoy permaneció inédita. Leamos la desgrabación textual:
Textual lo dicho
Pregunta: ¿No le parece que Estados Unidos se dio cuenta del tema de la corrupción un poco tarde? Esto no ocurrió en el turno de los republicanos pero bajo el gobierno de (Bill) Clinton en Argentina, Menem fue uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos, pero parece que per cápita robó más que…
Otto Reich: –Para ser justo con la administración Clinton, a la cual no le tengo mucho aprecio, uno muchas veces no se da cuenta de lo que hicieron esas personas hasta que dejan el gobierno.
Por ejemplo, ¿cómo fue que nos enteramos de la corrupción en el gobierno de Salinas –no sólo de la corrupción sino también de los asesinatos– después de que ocurrieron los hechos? ¿O por qué no nos enteramos de las acusaciones que usted menciona contra Menem hasta después que dejó el gobierno? Porque cuando estas personas controlan el gobierno muchas veces controlan los medios de comunicación, intimidan a la prensa, las personas tienen miedo de revelar información. De hecho, mientras peor es el crimen mayor es el peligro de revelarlo.
La periodista estuvo acompañada por otros colegas que, como ella, grabaron lo charlado. Seguramente no imaginó que la nota podría causar tal revuelo en Argentina.
Por eso, en la edición de la entrevista dejó afuera otra pregunta que involucraba a Menem y que no le resultó de tanto interés porque entendió que repetía lo ya expuesto.
Pero esa otra respuesta de Reich, transcripta más arriba, sirve para confirmar el tono de las declaraciones del funcionario de Bush que se encarga de América Latina.
Reich insiste en colocar a Menem en la misma bolsa que al mexicano Carlos Salinas de Gortari e incluye a ambos en el tipo de presidentes corruptos que silencian a la prensa e intimidan a las personas.
La respuesta es significativa teniendo en cuenta que, como se sabe en los ambientes diplomáticos, Reich es de los funcionarios que piensan las cosas dos veces antes de decirlas. Por más que después trate de desdecirse.
¿Pulgar abajo? Parece que sí y rebana a Menem una de sus banderas: ser el preferido de Washington.
Pero, aunque silencioso estos días, en su entorno juran que «Menem no se baja» de ser candidato. *
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