Todo pinta para Lula
JOSE LUIS GUNTIN
¡Qué lejos están aquellos tiempos (1960) en que John Kennedy le ganaba la elección presidencial a Richard Nixon en un decisivo debate televisivo! Entonces se pensó que estas polémicas trasmitidas por TV entre los candidatos serían cruciales en las elecciones de los presidentes en las democracias modernas. La realidad no confirmó esta hipótesis; por el contrario, la mayoría de los debates entre candidatos presidenciales, en los distintos países, ha demostrado que éstos son insulsos e intrascendentes.
El que protagonizaron el jueves a la noche, en los estudios de TV Globo, los cuatro postulantes a próximo presidente de Brasil no escapó a esta tendencia. Indudablemente fue insulso, se podría agregar que fue aburrido y creo que no cambiará sustancialmente la suerte de esta elección brasilera. Después del debate, todo sigue como estaba.
Lula (así por su sobrenombre lo llamaron siempre sus compañeros de programa) conserva una amplia delantera que está próxima a lograr más de la mitad de los votos válidos y ganar ya en la primera vuelta. Lo que parecía imposible hace unas semanas, lograr la mayoría absoluta en una puja en la que hay cuatro candidatos, hoy está muy cerca.
Tanto que creo que es lo que sucederá. Y para Brasil sería lo mejor, que Lula triunfara definitivamente el próximo domingo. Considerable sería el ahorro económico para el Estado y para los contribuyentes si no hubiera segunda vuelta; y ésta no es la única ventaja, existe otra que es intangible.
Es importante cómo se llega a la presidencia, si es por escaso margen o por un triunfo abultado. Hay una gran diferencia y ésta sería muy importante para Lula y un gobierno del PT, el primero en la historia de Brasil. Un gobierno claramente de izquierda como nunca existió en este país.
Los mercados bursátiles internacionales todavía se inquietan ante el hecho inminente de que este sindicalista metalúrgico y barbado sea el próximo presidente brasilero. Una victoria contundente en la primera vuelta puede obrar a su favor, llevará a que el hecho tenga que ser aceptado. Y ya se sabe que los hechos inquietan menos a los mercados que las expectativas y los temores.
La clase empresarial brasilera y hasta la militar ya han aceptado y asimilado el inminente triunfo de Lula y del PT. No lo odian y combaten como en las tres elecciones anteriores que perdió. Ahora le llega el turno de tragarse esta pastilla a las bolsas, a los organismos internacionales.
Lula ya debe estar pensando en las medidas de gobierno que tranquilicen a los mercados. Esta será una tarea que necesitará del mismo aplomo y seriedad que tuvo en esta campaña hacia la Presidencia.
Del mismo no, de un mayor aplomo, seriedad y sagacidad que después de electo tendrá que comenzar a desplegar. Los ojos del mundo financiero internacional estarán atentos mirando qué anuncia este presidente que parece salido de un cuento de gnomos. *
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