"Nos fumigan como cucarachas", denuncian campesinos colombianos
«En los últimos dos meses nos han fumigado como cucarachas. Seguro que escogieron el herbicida más tóxico para tratar de borrarnos de la faz de la tierra», dice la mujer al denunciar las calamidades sociales causadas por la aspersión del glifosato en varias aldeas del municipio de La Hormiga (800 km al sur de Bogotá).
La AFP recibió denuncias médicas según las cuales los niños padecen de males respiratorios y cutáneos; que los caballos, las gallinas y otros animales domésticos se están muriendo por falta de pastos y la contaminación del agua; que los cultivos lícitos fueron arrasados por las fumigaciones y que el hambre se cierne sobre cientos de campesinos cocaleros y no cocaleros.
«Acá estamos próximos a un desastre humanitario. Mire no más cómo quedó de arruinada la parcela de los Rosero, cuánto padecen los hijos de los Riascos y cómo murió la yegua de los Angulo tras el paso de las avionetas de fumigación. Es el apocalipsis promovido por Estados Unidos en nombre de la lucha antidrogas», protesta González, una antigua maestra de escuela primaria. Su denuncia coincide en parte con la del Defensor del Pueblo de La Hormiga, Leandro Romo, quien señaló que al menos 7.000 campesinos e indígenas del municipio y la cercana localidad de San Miguel, fronteriza con Ecuador, han resultado afectados directa o indirectamente por las fumigaciones, incluidos unos 3.500 que emigraron hacia otras zonas.
Romo afirmó que la región se enfrenta a una protesta popular, a epidemias y a una hambruna, a menos que el Gobierno del presidente colombiano, Alvaro Uribe, y diversas entidades humanitarias, como Médicos Sin Fronteras, ayuden rápidamente a los labriegos de La Hormiga, un municipio de 40.000 habitantes, y de otras aldeas del llamado Valle de Guamuez, en el petrolero departamento de Putumayo.
El Defensor pidió a Estados Unidos que financia con 17 millones de dólares el plan de fumigaciones en Valle de Guamuez tomar atenta nota de la caótica situación social de la región, donde también operan los paramilitares de ultraderecha y sus archienemigos de las guerrillas de las FARC y el ELN, todos calificados por Washington de terroristas y narcotraficantes. Un funcionario de la oficina municipal encargada de la protección del ecosistema, el ingeniero Jairo Rivera, dijo que las fumigaciones de los últimos dos meses han afectado a 43.700 de las 78.000 hectáreas de tierras fértiles de La Hormiga, incluidas 10.573 sembradas de coca (la materia prima de la cocaína). Rivera señaló que también resultaron dañados el 60% de los cultivos de yuca (mandioca) en todo el municipio, el 55% de los de plátano, el 42% de los de cítricos, el 38% de los de maíz y el 32% de los de cacao, así como vastas extensiones del bosque natural y las fuentes de agua.
El presidente Uribe, en funciones desde el pasado 7 de agosto y aliado de Washington en la lucha antidrogas, ha dicho que las fumigaciones en Putumayo y otras regiones de Colombia incluida la frontera noreste con Venezuela no tendrán marcha atrás, porque de la erradicación del narcotráfico depende el fin de la violencia guerrillera y paramilitar que azota al país.
Los campesinos de Putumayo departamento que concentra la mitad de las más de 160.000 hectáreas de coca existentes en Colombia dicen estar de acuerdo con el diagnóstico del mandatario, pero no con sus métodos para erradicar las plantaciones ilícitas. *
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